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LA GRAN CITA DEL CINE FANTÁSTICO DE CATALUNYA

Sexo más allá de la moral en 'Tenemos la carne'

El joven director mexicano Emiliano Rocha Minter impacta en Sitges con su extrema ópera prima, que provocó deserciones en su proyección

Julián García

Emiliano Rocha Minter, fotografiado en el Festival de Sitges, donde ha presentado Tenemos la carne.

Emiliano Rocha Minter, fotografiado en el Festival de Sitges, donde ha presentado Tenemos la carne. / JOAN CORTADELLAS

Una pareja de hermanos irrumpe en el inmundo escondrijo de un vagabundo para pedirle refugio y comida, pero este, tras apoderarse de sus voluntades, les iniciará en el mundo del pecado arrojándoles a una enfermiza espiral de sexo y depravación: incesto, necrofilia, canibalismo y violencia. La sofocante 'Tenemos la carne', ópera prima de Emiliano Rocha Mínter (Ciudad de México, 1990), ha sido una de las sensaciones de Sitges 2016, hasta el punto de provocar numerosas deserciones en varios de sus momentos más incómodos, que los hay. “Yo creo que mi película debería estar en la MTV. Es cultura pop. He tratado de hacer una película lo más libre posible, pero el mundo esta demasiado normalizado. ¿Por qué le tenemos miedo a lo raro? La propia vida es rara”, explica el joven director en conversación con este diario.

'Tenemos la carne' llegó a la sección oficial de Sitges con la bendición de tres de los grandes del cine mexicano, Carlos Reygadas, Alejandro González Iñárritu y Alfonso Cuarón. “Su elogio fue inesperado y, la verdad, una gran ayuda para la película. Un buen halago”, sonríe Rocha Minter, que destaca “la buena salud” en general del cine de su país, sobre todo “el cine de autor, el de arte y ensayo. Solo falta buen cine comercial hecho para el público cien por cien mexicano, porque Cuarón o Iñárritu hace mucho que no lo hacen. Su cine es para el mundo”.

NOÉ, ZULAWSKI, CARAX

El filme de Rocha Minter, de cuidadísima puesta en escena, fruto de la experiencia de su autor en las artes plásticas, desprende una belleza malsana, una poética enfermiza que evoca las propuestas más extremas de Gaspar Noé o de Andrzej Zulawski. “'Enter the void' [de Noé] me dejó muy perturbado. Y sobre Zulawski... Antes de conocerle, yo pensaba que entendía algo del lenguaje del cine, pero con sus películas vi el otro lado del vaso”, explica Rocha Minter, que admite las similitudes entre el personaje del vagabundo de 'Tenemos la carne' (enorme Noé Hernández) con el Sr. Mierda de 'Holy Motors', de Léos Carax. “¡Por supuesto! Esa película es hermosa. Y Denis Lavant [su protagonista] es parecido a Hernández, actores que no son de rostro, sino de cuerpo”.

La película está ambientada en un México suspendido en el tiempo, posiblemente en los mismos días del Apocalipsis. “Es un no-lugar, una realidad paralela. Un mundo con otras reglas, liberado de la moral”, dice el director, que prefiera que sea el espectador quien otorgue significado a la batería de estímulos sensoriales a que es sometido. “Una vez terminas la película, mis intenciones ya son irrelevantes. ¿El significado? Cada 'güey' puede tener una teoría. A mí me interesa más lo ambiguo que lo preciso. Hay temas, como el de la sexualidad o la violencia, sobre los que es más fácil hablar mediante herramientas visuales, alegóricas o evocativas, que con simples palabras”.

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