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EL MUNDO DE BRUGUERA

Zipi y Zape de tebeo

Josep Escobar alumbró en 1948 a sus traviesos gemelos, siempre huyendo de los castigos de su autoritario padre, Pantuflo Zapatilla

ANNA ABELLA / BARCELONA

Viñeta de ’La vuelta al mundo’ (1971), primera aventura larga de Zipi y Zape, en la que los traviesos hermanos viajan con sus padres. 

Viñeta de ’La vuelta al mundo’ (1971), primera aventura larga de Zipi y Zape, en la que los traviesos hermanos viajan con sus padres.  / ESCOBAR

A pesar de sus constantes trastadas y diabluras, los buenos de Zipi y Zape jamás recibieron una bofetada de su autoritario progenitor, don Pantuflo Zapatilla, catedrático de Numismática, Filatelia y Colombofilia. Pero no se salvaron de acabar en el “cuarto de los ratones”, de esquivar una linotipia o una locomotora, de ser emparedados, atados a la vía del tren o a un barril de dinamita a punto de estallar... ni de todo un repertorio de crueles y desproporcionados castigos aplicados por ese estricto padre, que alterna el chaqué con la bata y las pantuflas y que en el fondo solo quiere educar a sus traviesos gemelos. Muchos de los jóvenes espectadores que disfruten de la nueva entrega cinematográfica del rubio Zipi y el moreno Zape, 'La isla del Capitán', dirigida por Oskar Santos, puede que no sepan que los tebeísticos hijos del histórico dibujante de Bruguera Josep Escobar (Barcelona 1908 - 1994) hicieron su aparición oficial en 1948, hace ya 68 años, en las viñetas de la revista ‘Pulgarcito’. 

Para crearlos, Escobar, padre también de Carpanta y Petra, criada para todo, se inspiró en otra pareja de revoltosos y tremendos hermanos, nada inocentes y rebosantes de humor negro, nacidos en Alemania en 1865 de la mano de Wilhelm Busch, Max y Moritz. Pero el dibujante catalán optó por unos niños menos malos, en realidad por dos almas cándidas, obedientes y con buenas intenciones que, aunque intentaban siempre obedecer al padre, seguir sus consejos y hacer buenas obras, no solían salir precisamente airosos.

Zipi y Zape “iluminaron el panorama del cómic” y supusieron “una transfusión de comicidad, de hilaridad, de gracia y salero”, opina el creador de Mortadelo y Filemón, otra mítica pareja del tebeo, Francisco Ibáñez, en el prólogo del álbum de Super Humor 14 ‘Lo mejor de Zipi y Zape’ (ahora reeditado por Ediciones B con motivo del estreno de la película). Según dijo en su día el propio Escobar: “Yo quería reflejar en mis historietas los problemas de los propios niños, de los que iban a ser lectores de Zipi y Zape. Creo que es uno de los méritos de los gemelos, tocar los temas que preocupan a los chavales y con los que ellos se sienten identificados: la escuela, el maestro, los compañeros, las notas, los padres...”. 

Para el personaje de Pantuflo Zapatilla -quien en unas historietas previas se llamó Raguncio Feldespato y castigaba a los gemelos en la “sala de los tormentos”-, Escobar pensó en la figura de los padres autoritarios e inflexibles de los años 20 y 30 que daban a sus hijos una educación decimonónica; pero le imprimió un carácter mucho más benigno. De hecho, la censura franquista, con su decreto de 1956 sobre publicaciones infantiles, acabaría suavizando sus crueles castigos, que de tan disparatados solo provocaban la risa. La madre de Zipi y Zape, doña Jaimita, con jersey rojo de cuello alto y falda negra, se limitaba a ser una ama de casa que obedecía siempre al marido y que intercedía por sus vástagos. 

Las historietas de Zipi y Zape, que también tuvieron revista propia, se leyeron en casi todas las publicaciones de Bruguera y, tras unas 10.000 páginas dibujadas, a la muerte de Escobar, fueron Juan Carlos Ramis y Joaquín Cera quienes, autorizados por los herederos, continuaron la serie ocho aventuras más.

Altos y con el pelo a cepillo

En el cómic, Zipi y Zape no siempre fueron tal y como los conocemos hoy. Los personajes primigenios de los primeros años eran más altos, llevaban el pelo cortado a cepillo y vestían pantalón negro y camisas blancas de manga corta con corbata. En 1950 seguían siendo altos pero Escobar ya les puso el caraterístico jersey rojo sin mangas y la camisa blanca de manga larga y lucían una cabellera reconocible. 


No es hasta 1960 cuando ya se vuelven más bajitos y rechonchos, alcanzando a partir de 1975 una mayor expresividad y gestualidad.