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SALÓN DEL CÓMIC

Ibáñez, el contable que dibujaba indios

La gran exposición de homenaje a los 80 años del dibujante revela anécdotas y curiosidades

Anna Abella

Uno de los paneles de la exposición de homenaje a Ibáñez en el Salón del Cómic.  / JUAN MIGUEL MORALES

Uno de los paneles de la exposición de homenaje a Ibáñez en el Salón del Cómic. 
Francisco Ibáñez, con el cartel del Salón del Cómic, obra suya. 

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El maestro, que acaba de cumplir 80 años y sigue al pie del cañón, tenía tan solo 11 cuando publicó su primer dibujo en una revista: era la cara de un indio americano. Salió en la sección ‘Dibujos de los lectores’ de la revista ‘Chicos’, en 1947, y era una reproducción de uno similar aparecido en aquella publicación. Aquella página, junto a la del original en el que se inspiró, inician el recorrido por 'Per molts anys, Ibáñez!', la gran exposición del Salón del Cómic, que con la friolera de 120 originales, viaja por la vida y obra del creador de Mortadelo y Filemón, y que promete sorpresas.

Nacido un 15 de marzo de 1936, Francisco Ibáñez se crió en la calle Argenteria, en el mismo portal de la futura sala Zeleste. Y quiso el destino que el quiosquero del barrio guardara de noche la mercancía en su casa para que no la robasen, hecho que el pequeño de la familia aprovechaba para devorar los cómics, de ‘El guerrero del antifaz' a ‘Pulgarcito’. La muestra recorre sus aficiones (las películas de Chaplin, Buster Keaton, Oliver y Hardy, los hermanos Marx...), sus inicios en revistas de la editorial Marco, y cómo empezó de botones tras estudiar contabilidad en el Banco Español de Crédito. “Trabajo fijo que abandonó en 1957, pese a la oposición de sus padres, para dar el salto a Bruguera”, recuerda Antoni Guiral, director de contenidos del Salón del Cómic.

'EL SULFATO ATÓMICO'

A partir de allí, el éxito que nunca le ha abandonado: su primera serie en Bruguera ya fue ‘Mortadelo y Filemón, agencia de información’. En su primera etapa salía por entregas en las revistas de la editorial pero en 1969, ya reconvertidos en agentes secretos de la T.I.A. protagonizaban la primera aventura larga, donde ya aparecía el profesor Bacterio y el Superintendente. Era ‘El sulfato atómico’, que “le dio el espaldarazo popular”, explica Guiral, y del que en la exposición hay tres originales nunca vistos. 

No faltan páginas de las ‘chapuzas a domicilio’ de Pepe Gotera y Otilio (1966-1985), de '13, Rue del Percebe' (serie que Ediciones B ha lanzado en integral con motivo de los 80 años de Ibáñez), o de la miopía de Rompetechos, uno de los preferidos de sus creador, nacido en la revista 'Tío Vivo’ en 1964. De él, un original da cuenta, en clave de humor marca de la casa, cómo se le ocurrió: se autorretrata en la redacción de Bruguera, empotrándose contra un gran ordenador de antaño creyendo que era una puerta. 

CON EL JEFE HEMOS TOPADO

También les acompaña El botones Sacarino (nacido en 1963 con la coletilla ‘de ‘El Aullido Vespertino’’), que desde 1967 ejerció en ‘DDT’: impagables, las planchas donde Ibáñez dibujó allí la redacción real de la revista, con El Perich, entonces redactor jefe, y con Rafael González, el director artístico de Bruguera, “que montó en cólera al verse retratado y le hizo cambiar la cara porque no le gustó nada cómo le había caricaturizado”, apunta Guiral. Igual de mítica es otro original, de 1961, donde los trabajadores felicitaban por Navidad al jefe y donde Ibáñez, que firma ‘El dibujante’, da rienda suelta a su proverbial ironía y humor y le se dirige a González con esta retahíla de “hombre único, generoso, magnánimo, ilustre, genial, hermoso, escogido de los dioses, inteligente y sabio”, y añade que no pretende “ser adulador” ni espera a cambio un aumento de sueldo.

LA CENSURA

Curioso es el episodio de la censura franquista con  ‘La familia Trapisonda, un grupito que es la monda’ (1958), donde inicialmente eran un matrimonio, un hijo y un sobrino, pero como la serie ponía en evidencia la autoridad del cabeza de familia, tuvo que convertir a la pareja en hermanos y a los dos niños en sus sobrinos...  

Otros personajes menos conocidos, como Tete Cohete (1981), ‘Rebolling Street’ (1986), ‘Chicha, Tato y Clodoveo’ (1986), con el subtítulo de ‘De profesión, sin empleo’, que revela que los tiempos tampoco han cambiado tanto, dan paso a secciones sobre la relación de Ibáñez con sus tres generaciones de fans (como Carlos Areces, que firma uno de los textos), y a las películas sobre sus personajes, como las de Mortadelo, entre ellas ‘La gran aventura de Mortadelo y Filemón' (2003), 'Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo’ (2014), ambas de Javier Fesser, y ‘Mortadelo y Filemón. Misión: Salvar la Tierra (2008), de Miguel Bardem.

Y, de postre, una sorpresa que se conocerá este mismo jueves.