NOVELA GRÁFICA

Los fantasmas de un desahucio

Isaac Rosa debuta en el cómic con la dibujante Cristina Bueno en 'Aquí vivió', donde reivindica la lucha contra este drama social

El escritor Isaac Rosa y la dibujante Cristina Bueno, autores del cómic ’Aquí vivió. Historia de un desahucio’. 

El escritor Isaac Rosa y la dibujante Cristina Bueno, autores del cómic ’Aquí vivió. Historia de un desahucio’.  / AGUSTÍN CATALÁN

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Anna Abella
Anna Abella

Periodista cultural

Especialista en arte y libros, en particular en novela negra, cómic y memoria histórica

Escribe desde Barcelona

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Pavor a que suene el timbre de la puerta, a poner el ojo en la mirilla. Un relato de miedo y una casa por la que deambulan los fantasmas de quienes vivieron en ella… Pero no es ninguna película de terror sino una historia hecha de temores reales y contemporáneos: a que una delegación de policía- cerrajero-agente judicial cruce el umbral y te eche de casa, a quedarte en la calle, sin tener adónde ir y con una deuda astronómica por no poder pagar la hipoteca. "Una nueva mirada” desde el cómic sobre este drama social y los que luchan contra él es lo que propone ‘Aquí vivió. Historia de un desahucio’ (Nube de Tinta), debut en la novela gráfica del escritor Isaac Rosa (Sevilla, 1974), que forma tándem con la dibujante Cristina Bueno (Barcelona, 1983), que con estas 250 páginas se gradúa en el tema de la crisis tras publicar hace apenas un año 'Las abuelas dan el golpe' (con guion de Raquel Franco). 

"En las asambleas de las PAH  "En las asambleas de las PAH les dicen: 'no es culpa tuya, no te vas a quedar en la calle y no estás solo'", constata el autor de 'El país del miedo'.  

Una adolescente se muda con su madre separada a un piso más pequeño. Allí encuentra las huellas del desahucio que sufrieron los inquilinos anteriores e intenta encontrarlos descubriendo la labor de las plataformas de afectados por la hipoteca (PAH ante un problema que está lejos de desaparecer. “La Administración no ha estado a la altura en todos estos años tan crueles –denuncia el autor de 'El país del miedo’ y ‘La habitación oscura’-. Se ha desentendido y solo cuando víctimas y activistas lo han llevado a la calle con escraches ha entrado en la agenda de los políticos. Sigue habiendo desahucios a diario y convocatorias para detenerlos”.

“Según las PAH desde el 2008 ha habido unas 700.000 ejecuciones hipotecarias, pero a la Administración no le interesa dar cifras oficiales. No nos entra en la cabeza la cantidad de personas que han perdido su casa y encima se han quedado con la deuda”, plantea el autor, que para el guion ha realizado una investigación periodística y asistido, igual que Bueno, a asambleas de colectivos de afectados como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, la PAH Barcelona, la PAH Vallekas o la Asamblea Popular del barrio madrileño de Tetuán. “Hay que ir y verlas –clama Rosa-. Hay gente que va por primera vez, otros que llevan mucho tiempo y que aunque han resuelto su problema se han convertido en activistas para ayudar a los nuevos, que llegan hundidos, asustados, pensando que la semana siguiente estarán en la calle. Y allí la gente les dice: ‘no es culpa tuya, no te vas a quedar en la calle y no estás solo’. Esos son los grandes miedos. Les convencen de que no es un fracaso personal sino un fracaso colectivo de toda la sociedad y les encuentran una solución que no te da la Administración: una casa del banco malo para okupar. Es el grito de las PAH: gente sin casas y casas sin gente”. 

EL EMPODERAMIENTO

“Ahí se encarna  -resume Rosa- el empoderamiento, que gente sin ninguna militancia ni conciencia política haya hecho cosas que nunca habría pensado, como la desobediencia civil y okupar. Y entre todos son capaces de salir adelante”. “Ver como la gente se organiza, cómo llora y cómo ríe, cómo saca poder y cómo consigue cosas… es una lección de vida –apunta la dibujante barcelonesa-. Ir a una asamblea te cambia. Quedé maravillada. En Barcelona, con Ada Colau de alcaldesa, piensas que ya casi no debe haber desahucios, pero los hay”. 

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“El trazo amable contrasta con una historia dramática de por sí, para que pueda leerlo igual un adulto que un adolescente”, concreta Bueno, capaz de transmitir miedo, tristeza e impotencia con un dibujo a tinta verde, finalmente más pálido que el de las camisetas de la PAH. Porque el objetivo de Rosa era que el lector “empatice con los personajes” y así “construir la memoria, el ‘aquí vivió’”. “Para que dentro de unos años nos acordemos de lo que pasó y nos preguntemos qué ocurrió en nuestro barrio, en nuestro edificio, qué fue de los desahuciados”.

CONSTRUIR LA MEMORIA FRENTE A LA IMPUNIDAD

Una memoria necesaria, añade Rosa, frente a la “impunidad de quienes no pagarán por ello”. “Un desahucio no es un desastre natural. Detrás hay leyes salidas del Parlamento que lo permitieron y prácticas judiciales y un comportamiento de la banca que va más allá de las cláusulas abusivas. Todo el negocio hipotecario ha sido una estafa masiva y un gran engaño que saltó con la crisis, cuando la gente se quedó sin trabajo y vio lo que había firmado. Hay responsables con nombre y apellido, se puede señalar a los culpables: quienes han gobernado, legislado y controlado a la banca, los constructores y los notarios, que promovieron políticas de suelo que nos llevaron hasta aquí”. Y avisa, “quedan por salir a flote muchas corrupciones”.