ESTRENO TEATRAL

El Lliure dirime el conflicto clásico entre poder y dignidad

La CNTC, con Carmelo Gómez al frente, lleva al escenario de Montjuïc su aclamado montaje de 'El alcalde de Zalamea'

El Lliure dirime el conflicto clásico entre poder y dignidad

DAVID RUANO

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SONIA ÁVILA / BARCELONA

Una realidad hecha de contradicciones: el honor frente a la humillación, el poder pese a la decadencia, la risa doblegada por la lágrima, el amor atravesado por la traición. Es la realidad teñida de reflexión filosófica que Calderón de la Barca desplegó en 'El alcalde de Zalamea', un drama imperecedero que la Compañía Nacional de Teatro Clásico presenta estos días en el Teatre Lliure de Montjuïc, en una versión de Álvaro Tato y bajo la dirección de Helena Pimenta

La cruzada que emprende el rico labrador Pedro Crespo (interpretado por Carmelo Gómez) para enmendar la dignidad de su hija Isabel (Nuria Gallardo), secuestrada y ultrajada por un capitán de noble linaje, es el eje de un relato que, como señala la directora, rinde homenaje a "la lucha del ser humano por volver a la luz, por encontrarse a sí mismo" en medio de un entorno de abuso de poder y de decadencia, en este caso, la del imperio de Felipe II en plena guerra por el trono de Portugal. Una historia que, en las elocuentes palabras de Gómez, es "una caña desde el minuto uno hasta el final".

El montaje, que ha obtenido 11 candidaturas para los Premios Max de las Artes Escénicas, integra la danza y la música no como adornos, sino como elementos claves para entender la complejidad de unos personajes que encarnan las contradicciones del hombre, tanto en el siglo XVII, cuando fue escrita esta obra maestra del Siglo de Oro español, como en la actualidad. 

UNA REFLEXIÓN SOBRE EL HONOR

Si la obra de Calderón plantea el concepto de honor como elemento central del relato, el montaje de Pimenta hace una lectura personal y contemporánea, abordando la cuestión desde cuatro puntos de vista: el honor en el estamento militar; como marca de prestigio social; como derecho humano inseparable de la dignidad personal, y asociado a la honra y la castidad de la mujer. "Todas las personas tienen derecho a su propia dignidad, a su desarrollo personal, a su propio espacio, y nos encontramos con una obra en la que ese derecho se ve sistemáticamente vulnerado", detalla la directora. "Es una gran tragedia sobre el abuso del espacio de otro".

Para lograr esa aproximación más contemporánea sin alterar el texto, Pimenta trabajó con la interpretación de los actores para que estos no se limitaran a representar una ficción sino que asumieran en sí mismos las contradicciones planteadas por Calderón. El objetivo es que el espectador no vea sobre el escenario a unos personajes estereotipados sino a unos seres humanos con emociones y pensamientos complejos.

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También se ha hecho una apuesta "muy fuerte" por la visión del mundo femenino en la obra, ya que, a juicio de Pimenta, el "atrevimiento" que para su época muestra el personaje de Isabel al tratar de salir de su posición social y "querer ser lo que no es" es una muestra de la profundidad y modernidad del texto calderoniano y como tal debe ser valorada.

UN ÉXITO EN TAQUILLA

El montaje de la Compañía Nactional de Teatro Clásico, que se estrenó en septiembre del 2015 en la inauguración del Teatro de la Comedia de Madrid, estará en el Lliure de Montjuïc hasta el domingo, y después seguirá la gira por Valencia, Valladolid y Bogotá (Colombia). En su primera temporada en escena atrajo a más de 30.000 espectadores, un éxito que sus responsables atribuyen tanto a la dramaturgia como a la conceptualización del escenario. Esta es la cuarta vez que la CNTC, que este año celebra su trigésimo aniversario, lleva 'El alcalde de Zalamea' a los escenarios.