Ir a contenido

CRÍTICA

Homenaje al catalán contaminado

'Paraules d'amor', de Joan Ollé, seduce por su ingenioso retrato del uso popular de la lengua

César López Rosell

Un ‘espectàcul de teiatru’ tan ingenioso como bien ejecutado. ‘Paraules d’amor’, de Joan Ollé, título inspirado en la canción de Serrat, rinde estos días en La Seca un particular homenaje a las muchas formas populares del habla catalana, heredadas de nuestros antepasados pero prolongadas hasta nuestros días. El dramaturgo, y director del montaje junto a Iban Beltran, despliega su ‘Diccionario Tòntu (Elogi del barbarisme i d’altres barbaritats de la parla catalana)’ que él mismo ha escrito con una gracia, precisión y agilidad escénica sorprendentes.

El propio autor se pregunta qué tendrá de teatral este experimento, aunque por su experiencia en recrear textos de poetas y escritores como Espriu, Pla o Estellés, la familiaridad de su trabajo con la lengua autóctona allana el camino hacia una eficaz dramaturgia. Y así, una creación aparentemente sencilla en su estructura pero muy compleja por su vasto y variado contenido, acaba encontrando una divertida vía expositiva en el escenario.

BARBARISMOS

A la cita comparecen barbarismos, sentencias, dialectos o expresiones acuñadas con el paso del tiempo, todas alejadas de la normativa de la Academia. Son palabras que surgen de la contaminación del idioma por su coexistencia con el castellano. Ollé las ordena en bloques temáticos que van interpretando las tres aplicadas e implicadas Cristina Arenas, Blanca García-Lladó y Laura Pujolàs.

Con el único respaldo escenográfico de los verdes tomos de la Enciclopèdia Catalana, utilizados para diversos movimientos e incluso para sentarse, el trabajo coral de las actrices es un ejemplo de milimétrica coordinación y de pulida dicción, imprescindible para que la nave lingüística del catalán macarrónico llegue a buen puerto.

HUMOR

El humor preside el texto y las bien dibujadas acciones de las intérpretes. La hora y escaso ‘picu’ que dura el espectáculo pasa volando. Sin duda Joan Barril, amigo del alma y cómplice de Ollé de aventuras radiofónicas, hubiera aplaudido este montaje de cariz sociológico al que auguramos, por su interés y comicidad, un seguro recorrido por los teatros de Catalunya.