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Albert Sánchez Piñol: "El 12 de septiembre de 1714 no se ha explicado"

El autor de 'Victus' nos habla de 'Vae Victus', la secuela que este miércoles llega a las librerías

ERNEST ALÓS / BARCELONA

Publica la segunda parte de Victus, Vae Victus. / RICARD FADRIQUE

'Victus' ya tiene continuación: 'Vae victus', la segunda novela de Albert Sánchez Piñol (Barcelona, 1965) protagonizada por el aparentemente descreído superviviente del sitio de Barcelona Martí Zuviría, llega hoy a las librerías publicado por La Campana tanto en el original castellano como en la traducción al catalán de Xavier Pàmies. De 'vencidos' a 'ay de los vencidos'. Del 11 de septiembre de 1714 al 12 de septiembre y más allá, en cuatro episodios situados en distintos momentos del siglo XVIII, en Catalunya, Francia, Carolina del Sur y Nueva Zelanda. 

-¿Son cuatro cuentos largos, una novela en distintos capítulos...?
-Son cuatro relatos autónomos entre sí pero al mismo tiempo vinculados, con una lógica y continuidad. Mi idea inicial era hacer solo el primero de ellos, ‘Americanus’ (tiene más de 200 páginas). Pero tenía lo del Carrasclet, y el 12 de septiembre... Quería resolver hilos sueltos de ‘Victus’. Que el duque de Berwick y Verboom quedasen impunes me sabía mal. Aquí hay un poco de justicia histórica. Ambos murieron como explico, lo que hago en poner a Zuviría por en medio.

-¿Estos episodios son los embriones de una serie de novelas a la que ha renunciado?
-Desde el principio tengo todo el siglo XVIII visto por los ojos de Martí Zuviría. Lo ideal sería que llegase a 10 volúmenes. Pero por si acaso no llego, ya mato a Verboom aquí. Era una promesa que hacía en ‘Victus’ y se tenía que cumplir. El proyecto lo mantengo. Si lo hago o no, depende de si a la gente le interesa. A partir de aquí ya no cuento con el 11 de septiembre. Cada libro será diferente.

-Recuerda a la serie de Flashman, ese bribón británico creado por George MacDonald Fraser que va saltando por todos los grandes momentos del siglo XIX. Pero no tan cínico.
-La idea es la misma. Flashman hace reír pero hay momentos en que de tan asqueroso ya no le encuentras la gracia: ¡huye con su amada de Crimea en el carro y como pesa mucho la tira! Zuviría se deja llevar, pero acaba eligiendo un bando. Me interesaba que su aventura en América se convirtiese en un espejo de la del sitio de Barcelona. No acabas luchando por ideales abstractos, sino por la gente a la que quieres. Y el XVIII me interesa a mí más que el XIX, un siglo que lo encuentro muy triste. El colonialismo, que esclaviza a los negros, y la industrialización, que esclaviza a los blancos. Pero en el XVIII aún hay la idea esperanzada de que las cosas irán bien. Y está lleno de personajes que a mí me gustaría explicar desde los ojos de Zuviría. En la serie de Flashman la gente sabe quién es el general Custer. Pero la gente, aquí, no sabe quién es el Carrasclet. Tiene más altura histórica que Serrallonga, que es más conocido. Explicar el 12 de septiembre, que no se ha explicado, o la figura de Carrasclet, creo que valía la pena.

El éxito de 'Victus'

Al igual que su predecesor, 'Victus', de 'Vae victus' se publican dos versiones, el original en castellano (una novedad en la obra del autor de 'La pell freda' y 'Pandora al Congo') y una traducción al catalán a cargo de Xavier Pàmies. Esta vez, ambas aparecen simultáneamente. De la primera edición del libro se han impreso 30.000 ejemplares en catalán y 20.000 en castellano. De 'Victus' se vendieron 250.000 ejemplares, 130.000 en castellano y 120.000 en catalán. Fue traducido a 17 lenguas y elegido por los críticos, periodistas, libreros y bibliotecarios convocados por este diario como el libro del año de EL PERIÓDICO del 2012.

-Sobre ese 12 septiembre se suma a la tesis de Albert García Espuche: que es un mito eso de abrir los talleres y trabajar como si nada.

-Es Berwick quien dice que allí, al día siguiente, no pasaba nada. ¿Pero en qué querías que trabajasen? ¿Qué productos podía haber en los talleres? ¿Quién querías que comprase? Era imposible en una ciudad en la que han caído 50.000 bombas. Otros testimonios dicen que se reconocía a los barceloneses durante semanas después del sitio por la pinta de demacrados que tenían.

-Al introducir en el primer episodio a los indios yama, de Carolina del Sur, y explicar cómo el contacto con los europeos transformaba su cultura, ¿le ha salido el antropólogo que fue?
-
Hombre, un poco. En realidad, el conflicto tiene poca cosa que ver con la cultura. Los colonos endeudan a las sociedades indígenas y los dominan financieramente. Una cadena de sumisiones financieras que se van introduciendo hacia el interior del continente.

-En la parte más de peripecia de 'Victus' y 'Vae Victus' utiliza episodios al punto de lo inverosímil, casi de 'slapstick', como el coche de muertos secuestrado que se estampa en una cristalería o ahora el castigo ‘de los tres cubos’ en el viaje a América.
-
Son escenas secundarias, pero me hace reír explicarlas. Inverosímil, bueno, sí, pero Zuviría es un aventurero al que le pasan estas cosas. Las notas de pie de página que aquí he introducido me van bien: en ‘Victus’ me hubiesen permitido explicar que lo del coche fúnebre le pasó de verdad a Vauban, y solo añado la cristalería.

-Zuviría retorna a Catalunya en un par de ocasiones en el libro. Su planteamiento veo que es el de que no hubo sumisión, sino que hubo resistencia, y que se prolongó en el tiempo. ¿Pero no se acomodaron en seguida los catalanes al régimen borbónico?
-
Hay una sociedad derrotada pero que con medio millón de habitantes tiene a 10.000 que se echan a la montaña en 1719. Aquí has de contar desesperados, bandoleros y oportunistas también, pero que la resistencia continuó es segurísimo. Me han ido muy bien las fuentes borbónicas, utilizando cartas, notas y despachos en los que explican que los que llegan de Francia em 1719 son fusileros catalanes y que la gente los acoge porque vienen a restituir sus antiguas libertades. Después sí que se acomodaron, y salen esos historiadores a explicar que el régimen borbónico fue positivo. Pero es que a los catalanes les quedó solo una opción: trabajar. Una sola salida: la economía. ¿Qué iban a hacer: morirse? Y claro que establecieron relaciones con el poder: ¿con quién si no? Pero eso en 1725.

-Cuando publicó publicó ‘Victus’ lo arrastramos bastante a hacer paralelismos con la actualidad del momento. ¿Ahora, qué?
-
Creo que sí hay una cosa, para decirlo con todas las distancias que se han de poner cuando nos separan 300 años de los hechos. Lo que ves en todas las crónicas de 1719 es cómo el régimen no quiere otorgar estatus de combatiente a los miquelets. Y Felipe V considera como enemigos a los otros reyes, no a los súbditos rebeldes. Este ningunearte, no reconocerte como bando legítimo. ¿Cómo vas a negociar, si partes de que hay una sola nación, con gente que dice que no, que ellos son otra? Esta negación del interlocutor como tal, de su legitimidad, eso sí es un cierto paralelismo. Pero no quería establecer más, porque cansa.