Una biografía sonora de Lorca

CRÓNICA El 'Federico García' de Pep Tosar entusiasma en la sala Hiroshima

Un momento de la representación de ’Federico García’.

Un momento de la representación de ’Federico García’. / JOSEP AZNAR

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ERNEST ALÓS
BARCELONA

Un tren se dirige a Granada, como el que llevó en julio de 1936 a Federico García Lorca hacia la muerte. En él viajan el espíritu del poeta y seis pasajeros que rememoran su vida. Eso sucede en una pantalla de tul que cubre todo el escenario, donde también se proyectan viejas filmaciones y grabaciones (Vicente Aleixandre recordando la «simpatía elevada a fenómeno cósmico» de Lorca), fotografías y dibujos. Detrás de la tela, Alba Carmona canta, y cómo, y Pep Tosar lee poemas, cartas y testimonios. El resultado del Federico García de Pep Tosar: una magnifica biografía sonora y visual.

Diez escenas recorren cronológicamente los fulgurantes 38 años de la vida de García Lorca, cada una de ellas con su propia banda sonora: el Romance de las tres Manolas cantado por fandangos de Granada para la infancia del escritor, L'home dibuixat para el idilio con Barcelona, un momento exultante con una colombiana sonando sobre el documental que Gonzalo Menéndez Pidal rodó de las giras de La Barraca, La leyenda del tiempo, La canción del fuego fatuo...

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Como espectáculo poético y musical, Federico García se basta y se sobra. Entre cante y recitados, las entrevistas en el tren (la biógrafa Antonina Rodrigo, el exdirector de la Casa Museo de Lorca, Juan de Loxa, los profesores Allen Josephs, Domingo Ródenas y Mario Hernández, y la sobrina del poeta Vicenta Fernández-Montesinos García) podrían llegar a ser un anticlímax, pero no. Ni mucho menos. Que sea Pep Tosar quien lea a Lorca y no, digamos, alguien como el poeta Juan de Loxa, que parece que lleve toda la vida preparándose para mimetizarse con lo que debería haber llegado a ser un García Lorca con canas, puede generar alguna duda. Hasta que Tosar se convierte también en Buñuel, y en Dalí, y queda claro que todas esas voces debían ser él. Y que el enérgico bailaor Jesús Carmona encarne al poeta en movimiento puede extrañar. Hasta que al final, un Lorca atildado, con pajarita en el cuello y las manos cruzadas, aparece proyectado sobre la pantalla, superpuesto a un Carmona, despeinado y con la pajarita deshecha, que baila como si fuese el duende que se agita en el interior del poeta granadino, y todo cuadra.

El Federico García de Tosar ha subido al escenaro de la sala Hiroshima en cuatro representaciones, la última este domingo. Además de algún bolo ya programado, esta producción del Grec deberá poder volverse a ver pronto en Barcelona.