EL ÚNICO LARGOMETRAJE ESPAÑOL EN LA PROGRAMACIÓN

El rostro humano del horror

Fernando León de Aranoa reivindica la labor de los cooperantes en 'Un día perfecto'

Fernando León de Aranoa (izquierda) y Benicio del Toro, ayer, en Cannes.

Fernando León de Aranoa (izquierda) y Benicio del Toro, ayer, en Cannes. / EFE / GUILLAUME HORCAJUELO

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NANDO SALVÀ / CANNES

Considerando cuáles son los conflictos armados que actualmente acaparan los informativos, que Fernando León de Aranoa haya ambientado su nueva película, Un día perfecto, en una vieja noticia como la guerra de los Balcanes podría entenderse como una falta de puntería. Previsiblemente, él no lo ve así. «Lo que cuenta la película se podría situar en cualquier guerra: la primera baja en un conflicto armado es el sentido común. El hecho de ubicarla en los Balcanes tiene que ver con haber estado yo allí en 1995, pero en todo caso lo que cuenta tiene alcance universal», nos cuenta el director acerca del único largometraje español presente -fuera de concurso- en el certamen francés.

Rodada en inglés con estrellas como Benicio del Toro y Tim RobbinsUn día perfecto se inspira en una novela de Paula Farias, Dejarse llover -«le tomo prestado el pretexto argumental y el sentido del absurdo»-, para rendir homenaje al trabajo de los cooperantes no gubernamentales en zonas de conflicto. «Hace falta mucha fuerza y resistencia para trabajar en eso, y yo quise que mi película fuera dura y resistente como sus protagonistas».Estructurada a la manera de una roadmovieUn día perfecto toma como premisa las dificultades que los protagonistas encuentran para extraer un cadáver del interior de un pozo, que está pudriendo las reservas de agua. «Son gente de acción, porque si en una zona de conflicto dejas paso a la reflexión estás perdido. La gente que está ahora en Siria me comentaba que los cooperantes que llegan sin experiencia no aguantan ni un mes. En todo caso, los trabajadores humanitarios representan ante todo el sentido común, más que el heroísmo o la ética». Es sin duda una película muy personal para León, y es en parte esa conexión lo que explica algunos de los problemas de los que adolece el filme.

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Por un lado, Un día perfecto peca de excesiva contención; por otro cae en el exceso. Su comprensible preocupación por evitar la manipulación emocional, por ejemplo, da como resultado cierta falta de intensidad. «No me interesaba llevar a cabo un drama conmiserativo sobre la guerra, sino un filme muy enérgico», se justifica el madrileño. Del mismo modo, el humor al que recurre es tan fino que a menudo se olvida de serlo. «Para quienes viven en zonas de guerra los chistes permiten tirar adelante en los momentos más delicados. El humor es catártico». En todo caso, la mesura es reemplazada por exceso de didactismo cuando la cinta incide en temas como la inoperancia de los cascos azules o las secuelas morales que la guerra deja.

Un día perfecto llega cinco años después de la incursión anterior de León de Aranoa en la ficción, Amador (2010). «Aquella película era mucho más desnuda y estaba casi despojada de diálogos», recuerda el director. «Ahora tenía ganas de hacer una película menos contenida, menos reflexiva y más coral». En otras palabras, algo más cercano a su trabajo más celebrado, Los lunes al sol (2002). «Me interesaba dejarme llevar más por la intuición a la hora de trabajar, igual que hacen los personajes de la película: actuar sin pensar demasiado». Además, recuerda, la falta de tiempo para los ensayos le obligó a dejar espacio a la improvisación. «Fue una sensación nueva y muy estimulante. Yo tiendo a controlarlo todo».