31 may 2020

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LA REFLEXIONES DEL COAUTOR DE 'GOD SAVE THE QUEEN'

La verdad de John Lydon

El excantante de Sex Pistols y líder de Public Image Ltd. pasa revista a la era punk y recorre toda su trayectoria en 'La ira es energía'

JORDI BIANCIOTTO / BARCELONA

Aunque tiene su lectura como ajuste de cuentas y exhibición de trapos sucios, 'La ira es energía' (Ed. Malpaso), de John Lydon, es sobre todo un manifiesto orgulloso, el puñetazo sobre la mesa de quien se ve a sí mismo como el cabecilla de una revolución que no estaba planeada. Un libro palpitante, crudo y egocéntrico en el que Lydon, ex-Johnny Rotten, pasa por las armas las convenciones del relato oficial del punk y demuestra que un tipo de clase obrera podía darle la vuelta al show business de 1977 y propiciar un capital fenómeno cultural.

Es el segundo libro de memorias de Lydon, que ya en 1993 publicó el deslenguado 'Rotten: no Irish, no blacks, no dogs'. Se quedó con ganas de más, y 'La ira es energía', publicado en octubre en el Reino Unido y que ahora ve la luz en castellano en un rotundo tomo de más de 600 páginas, ahonda en sus recuerdos con una voluntad expresa de señalar a los buenos y los malos de la película. En el primer bando, un grupo, Sex Pistols, y un caído, Sid Vicious, muerto de sobredosis a los 21 años; «un tipo melancólico y triste que trataba de hacerse el duro». Evocándole, dice, aún se le rompe en corazón. No así a su mánager, Malcolm McLaren, y su pareja, la diseñadora Vivienne Westwood, a quienes ridiculiza e insulta. Cualquier análisis sobre el papel de McLaren jugará en su contra, advierte. «Porque él jamás decidió ningún aspecto de nuestra trayectoria, tono o contenido». Según Lydon, a McLaren no le interesaba la música y era incapaz de comprender «su importancia o trascendencia social», hasta el punto de que, en los inicios, llegó a imaginar a Sex Pistols como una versión británica del fenómeno 'teenager' estadounidense Bay City Rollers.

Denuncia y egocentrismo

Lydon utiliza un estilo coloquial, como si hablara con el lector, pero aunque exprese sus dudas sobre la eficacia de la palabra escrita, carente, lamenta, del énfasis de la oralidad, podemos imaginarlo todavía indignado cuando recuerda cómo McLaren se quedó paralizado después de que Sid Vicious fuera detenido por presunto asesinato de su novia, Nancy Spungen (fue Mick Jagger quien movilizó a sus abogados para ayudarle). Westwood tampoco sale bien parada: los trajes de cuero 'bondage' que impuso al grupo, con sus obtusas cremalleras, le causaron inflamación de la zona genital. Los Sex Pistols alzaron el vuelo no gracias a ambos sino pese a ellos. Sobre todo, después de que Lydon se uniera a la banda. «Sin mí, habían sido como mucho una imitación de The Small Faces». Pero su motor no fue la ambición de transformar el rock, sino un impulso más intuitivo. El autor del libro ni siquiera era anarquista cuando compuso 'Anarchy in the UK'.

Lydon se describe como musicalmente inquieto (bebía de Bowie, Captain Beefheart, Kinks, Todd Rundgren) y rechazaba la idea de tribu punk. Por eso amplió horizontes con Public Image Ltd., un grupo que llegó a reunir en un mismo disco, 'Album' (1986) a Ginger Baker, Ryuichi Sakamoto y Steve Vai. Pero se le ve irritado, y agresivo, a propósito del primer retorno de Sex Pistols, en 1996, justificándose e imaginando conspiraciones de la prensa (le subleva la sola mención a la palabra «reencuentro», desafiando por tanto al diccionario).

'La ira es energía' tiene algo, sí, de «John Lydon contra el mundo», y la foto de portada, mandíbula prominente, dientes apretados, lo dice todo. Pero estas «memorias sin censura», según dice el subtítulo, tienen el aspecto áspero e impulsivo de una clásica canción punk.

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