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CINE

Borja Cobeaga: «Reírte de cosas como ETA es liberador»

El director y guionista ficciona en 'Negociador' los intentos del Gobierno de Zapatero, con Jesús Eguiguren como mediador, por firmar un acuerdo con los representantes de ETA

IMMA FERNÁNDEZ / BARCELONA

Borja Cobeaga, en Barcelona.

Borja Cobeaga, en Barcelona.

El director de Pagafantas y No controles, y coguionista del bombazo Ocho apellidos vascos, se pone serio, aunque menos de lo imaginable. Ficciona en Negociador los intentos del Gobierno de Zapatero por firmar un acuerdo de paz con los representantes de ETA Josu Ternera y Thierry. Jesús Eguiguren, entonces presidente de los socialistas vascos, fue el mediador, y el protagonista de esta historia cocinada con mucho humor.

-Hacer reír con un asunto tan delicado. ¡Es usted tremendo!

-Reírte de estas cosas resulta liberador. Leí mucho sobre el asunto y no quise meterme en las negociaciones, me interesaron los detalles pequeños y cotidianos. Creía que sería un proceso muy solemne y calculado, y para nada, el factor humano pesó un montón. Me centré en él. Yo no creo en los héroes, odio la épica, me interesa más lo patético, lo ridículo, el día a día.

-Creo que el espíritu de la negociación, aparte de cosas increíbles que pasaron, como que a Eguiguren los mediadores internacionales le confundieron con el etarra, que era un desastre con el móvil, que la traductora un día no se presentó...

-Dibuja un Eguiguren [soberbio Ramón Barea] entrañable, empático, a veces patético.

-No hay una imitación pero si algo de ese halo ensimismado, el ir a su rollo, informal. Barea la dio un punto de ternura, de humanidad. En el guion era más frío, más técnico. Lo que estaba claro eran sus intentos por el diálogo. No hay un posicionamiento en la película, lo único es esa apuesta por el diálogo.

-Carlos Areces es el malo, Thierry. ¿Cómo se lo tomó?

-Aunque hace mucha comedia, está habituado a papeles extremos. Ha sido Franco varias veces. Buscaba a alguien que de entrada pareciera amable, campechano, pero que de repente hiciera un clic y fuera superviolento, se te congelara la sangre.

-¿Así era Thierry?

-Lo que más me llamó la atención de lo que leí era que había dos bandos, los que defendían el diálogo y la vieja guardia, y que mientras Josu Ternera aparecía como el duro, seco, era el que más sentido común tenía. Y con Thierry pasaba lo contrario.

-Si viviera, ¿la película sería posible?

-No. La película es heredera de la situación de calma que vive el País Vasco. Hace diez años hubiera sido impensable. En el Festival de San Sebastián pensábamos que se armaría con este filme y el de Lasa y Zabala. Y nada. La sociedad vasca ha madurado mucho. Hay un hartazgo de encasillar a las personas por el periódico que llevan bajo el brazo...

-Hace ya 12 años se atrevieron con Vaya semanita.

-Lo empezamos coincidiendo con una tregua que luego se quebró. Era osado, sí, y nos ha dado confianza para este proyecto, que va más allá. Allí eran gags y este es serio y más realista, pero tienen en común tratar la cotidianidad con humor.

-Y en esa cotidianidad tocaba compartir pupitre, mesa... con etarras.

-Era normal tener conocidos simpatizantes de ETA, Eso te lleva a la reflexión. No son robots, no son asesinos y punto. Hay un componente muy complejo, son seres humanos con ideas atroces.

-¿Debe haber límites en el humor?

-La línea entre el humor y la indignación es muy fina. Se habla mucho de la libertad de expresión pero no de la capacidad de ofensa. Es cuestión de sentido común. También del consumidor: no compres un producto que te indigne.

-¿Indignará a los catalanes la secuela de Ocho apellidos vascos?

-No es la intención. Durante años catalanes y vascos hemos estado hermanados. Ahora vemos con envidia el proceso soberanista. Nos han ganado; hemos quedado como nacionalistas de segunda.

-¿Algo rajarán de los catalanes?

-La sosería, y que miran por encima del hombro al resto de autonomías.

-¿No le inspira la corrupción para otro filme?

-Estoy fascinado por Marta Ferrusola. La atacan y dice que están atacando a toda Catalunya. Señora, más mal del que han hecho los Pujol a toda Catalunya no se puede hacer.