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ESTRENOS DE CINE DE LA SEMANA

Joaquin Phoenix: «El único vicio que tengo es el de actuar»

El actor protagoniza 'Puro vicio', la última película de Paul Thomas Anderson

PAZ MATA / LOS ÁNGELES

Tráiler de Puro vicio (2014).

Hace cinco años Joaquin Phoenix anunció a bombo y platillo que abandonaba la actuación para dedicarse a la música rap, obviamente fue un guiño con el que, el siempre original actor, quiso sorprender a sus fans. «Fue una broma», dice hoy con tono de frustración, «se trató de un trabajo experimental», añade refiriéndose a I'mstillhere, un ficticio documental al que le puso tal pasión que todo el mundo acabó por creérselo. Pero ahí sigue, sorprendiéndonos con sus apariciones y desapariciones y cabreándose cuando la gente le sigue preguntando por qué lo hizo. Lo cierto es que cuando decide actuar, deja una huella imborrable. Y lo vuelve a demostrar con Puro vicio, que hoy llega a las carteleras.

Joaquin Phoenix es uno de los actores menos convencionales de Hollywood, un hombre de una intensidad que abruma y una personalidad volátil, que a veces se presenta encantadora, tierna y honesta y otras intimidante y lejana. Por eso borda papeles como el del traumatizado veterano de la segunda guerra mundial que cae en manos de un carismático predicador de una secta, en el drama The master, por el que ganó un Globo de Oro y un Oscar al mejor actor. Igual de convincente estuvo en Her, dando vida a un tipo tímido y sensible capaz de enamorarse de un robot. Ahora se ha enfrentado a otro suculento papel, el de un investigador privado, tras la huella de un corrupto promotor inmobiliario, en Los Ángeles de los años 60.

Puro vicio es una adaptación cinematográfica de la novela homónima de Thomas Pynchon, dirigida por Paul Thomas Anderson. El filme es una comedia psicodélica, con toques de film noir. 

-La música de esta película, ¿le ayudó a meterse en el personaje?-La música juega un papel importantísimo en la película. Para Paul [Thomas Anderson] es muy importante que los actores nos empapemos de ella. En esta ocasión nos dio a todos un Ipod cargado de música que era un referente en la época en la que transcurre esta historia y escuchándola ya te vas poniendo a tono con el personaje y su entorno.

-¿Usted nació precisamente en esa época, además de la música cuáles fueron sus referencias?-Yo era un niño con lo cual no me acuerdo de nada, además los primeros años de mi vida los viví en Puerto Rico con mis padres y parte de mi adolescencia la pasé en Sudamérica. Mis referentes han sido la música, la literatura y fotos. La novela de Pynchon, naturalmente, me ayudó a tener una idea del ambiente que se respiraba entonces en Los Ángeles.

-Es su segunda película bajo la dirección de Paul Thomas Anderson. Parece que se ha creado una simbiosis entre ustedes dos.

-No se si una simbiosis pero si es cierto que cada vez nos sentimos más a gusto trabajando juntos, supongo que nos vamos conociendo más y eso ayuda a que te relajes y te pongas libremente en manos de tu director. Paul hace que el trabajo parezca fácil y muy orgánico, te permite descubrir al personaje de forma natural, es un proceso espontáneo, pruebas unas cosas y si no funciona sigues probando y cuando te das cuenta, ya lo tienes. Creo que es una forma inteligente de afrontar un papel, por eso se le da tan bien crear los individuos complejos que salen en sus películas.

-Y su personaje, ¿de dónde surge?-Paul, que es un gran fan de Neil Young, tenía fotos suyas por todas partes. Me volvió loco probando toda clase de looks, cada día me cambiaba de sitio la raya del pelo, hasta que al final la dejamos a un lado, añadimos las patillas y ¡bingo! dimos con el personaje.

-¿Cómo afrontó el lado paranoico de su personaje?-Es otra cosa de Paul. Su idea era que no leyera el libro, porque es bastante denso y confuso. El quería mantenerme en ese estado de confusión continua, sin saber lo que iba a pasar en la siguiente escena o con los otros personajes. Rodábamos una escena y después de dos tomas, volvía con una versión nueva de la misma escena en la que los personajes se comportan de forma distinta, al final no sabes de qué pie calza ninguno y ese estado de confusión es en el que vive el personaje de Doc.

-Supongo que el estar colocado todo el tiempo contribuye a esa confusión. Algunos artistas sostienen que el uso de drogas ayuda al proceso creativo. ¿Está de acuerdo? 

-No, no es buena idea actuar bajo los efectos de alguna substancia de ese tipo. Por lo menos es mi experiencia. Fumé marihuana en el rodaje de una película, creo que tenía 25 años, y fue un jodido desastre (risas), aprendí la lección. Yo ya abandoné ese vicio. Ahora mi único vicio es actuar.

-¿A que se dedica cuando no actúa?-A mirar a las musarañas (risas). En serio, no pienso en nada y menos en el futuro, vivo el momento. Estoy empezando a copiar a mis padres, que viven retirados en Florida, todo el día tumbados al sol. Antes, eso me parecía una estupidez, una perdida de tiempo, ahora le he encontrado el punto, no se me da nada mal (risas).

-Antes decía que su vicio es actuar, su último trabajo, pendiente de estreno, ha sido a las órdenes de Woody Allen. ¿Que tal la experiencia?-Cuando vi La última noche de Boris Grushenko siendo un chaval, entendí que detrás de una película hay un director, y me pregunté '¿quién es el responsable de esto?'. Cuando lo supe decidí que algún día me gustaría trabajar con él. Mi sueño convertido en realidad (ríe, abriendo los brazos en señal de triunfo). La experiencia, obviamente ha excedido mis expectativas. Woody es un tío listo, conoce el trabajo de cada individuo en el rodaje mejor que uno mismo, lo cual es bastante intimidante. A su edad, es inspirador verle trabajar con tanto entusiasmo y pasión.