CRÓNICA

Juvenil y vibrante 'Tirant lo Blanc'

El montaje de Pere Planella de la obra de Joanot Martorell agita la Sala Tallers

Escena del montaje de Pere Planella ’Tirant lo Blanc’.

Escena del montaje de Pere Planella ’Tirant lo Blanc’. / DAVID RUANO

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CÉSAR LÓPEZ ROSELL
BARCELONA

Vibrante, vitalista y llena de ardor juvenil. La versión que Pere Planella ha hecho de Tirant lo Blanc de Joanot Martorell, con la colaboración de Roger Cónsul, consigue los objetivos que se propone. En primer lugar, la de acercar el mundo del legendario caballero al público joven al que prioritariamente va dirigido durante las funciones de la semana y atrapar también, con la sencilla escenografía de una grada desnuda y un buen trabajo dramatúrgico, a la franja adulta que acudirá a la Sala Tallers del TNC los fines de semana.

El acierto de este montaje es que potencia la estructura de cuento romántico sin dejar las connotaciones eróticas de un texto medieval que sobrepasó las convenciones morales de su tiempo. Centrado en el prólogo, epílogo y los episodios amorosos de la vida en la corte de Constantinopla, la pieza se aleja de referentes como el de la impactante producción de Calixto Bieito.

El reparto de la Jove Companyia de TNC, integrado por un solo actor masculino, Enric Cambray (Tirant) y ocho actrices más, algunas de las cuales interpretan papeles de hombres y se desdoblan en diferentes roles, se entrega con una energía desbordante a la propuesta y la pone al servicio de la pasión amorosa entre el héroe y la princesa Carmesina (Mónica Portillo) y las de algunos de los miembros de una corte donde el enredo preside la acción.

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La puesta en escena no escatima las escenas eróticas, aunque ofrecidas con una elegancia no exenta de los toques del humor que envuelven el relato, con detalles como el de la zapatilla llena de brillos del Tirant que llega a tocar las partes íntimas de Carmesina. Los pasajes más épicos de las batallas se suplen con la voz de los narradores. Está bien lograda la descripción de la batalla de Tirant contra los turcos con la ayuda de maquetas de barcos y lámparas sobre una mesa de títeres.

Todos los roles están bien perfilados. Además de un Cambray capaz de transmitir los estados de ánimo del caballero, brilla Portillo, que aborda con acierto los contrastes de su personaje. Mar Casas, Laura Fité y Laura Pau juegan bien sus bazas como Diafebus, Plaerdemavida y Estefanía. Magda Puig (maquinadora y lasciva Viuda Reposada), Jessica Pérez (chocante emperador), Marta Tricuera (adúltera emperatriz) y Lola Sanz (amante Hipólito) completan el equilibrado reparto de esta didáctica visión de la magna obra.