NUEVA NOVELA DE LA AUTORA DE 'EL ÚLTIMO RITUAL'

Islandia entre fantasmas

Yrsa Sigurðardóttir mezcla crimen y terror sobrenatural en la inquietante 'Sé quién eres'

La escritora e ingeniera islandesa Yrsa Sigurðardóttir, el jueves en Barcelona.

La escritora e ingeniera islandesa Yrsa Sigurðardóttir, el jueves en Barcelona. / JOAN PUIG

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ANNA ABELLA / BARCELONA

Sobre el sencillo aspecto de Yrsa Sigurðardóttir (Reikiavik, 1963) -vaqueros, camisa blanca, rebeca, sin joyas- destacan sus uñas turquesa y unas botas Dr. Martens decoradas con el paraíso de El jardín de las delicias de El Bosco«Eran para mi hija pero no le gustaron. Había dos modelos, el otro con el infierno, yo me habría comprado esas...», sonríe con diablesca picardía esta ingeniera y sólida escritora islandesa que está convencida de que, «suponiendo que existan las almas, algunas no descansan en paz porque no han hallado justicia». Como los fantasmas que esconden las páginas de Sé quién eres Sé quién eres(Roja&Negra), un inquietante cóctel de novela negra, terror sobrenatural y aterradoras realidades como el acoso escolar, la pérdida de un hijo o la crisis.

«Desgraciadamente no he visto ningún fantasma. Yo no creo en ellos pero gente a la que conozco y respeto sí. Un compañero decía tener una cómoda encantada, otro soñó con su abuelo la misma noche en que este moría... Pero me gustaría que existieran porque todo lo que escapa a la normalidad es más interesante». No son temas que puedan tomarse a broma en Islandia, país de gran tradición de leyendas y sagas fantásticas. «De niña, cerca de casa de mi abuela había una lengua de lava. Cuando jugábamos sabíamos que no debíamos tirar piedras allí para no golpear a los elfos que vivían escondidos en las rocas -recuerda la autora de El último ritual-. Trabajé en un proyecto de ingeniería y tuvimos que desplazar un conducto porque el constructor dijo que había una roca de elfo en el camino. Dijo muy serio: 'ni tocarlo'. Nadie rió. Hace 20 años, según un estudio, el 60% de islandeses creía en elfos. Ahora son menos, está desapareciendo, sobre todo entre los jóvenes, siempre conectados a internet. Si no puedes fotografiar una cosa y colgarla en Instagram no existe».

Pero la realidad puede ser más devastadora, como la desaparición de dos chavales hace 20 años, que inspiró a Sigurðardóttir el trauma del protagonista de Sé quién eres, un psiquiatra que ayuda a la policía y cuyo hijo de seis años desapareció. «En mis libros intento pensar en lo que no me gustaría que me sucediera y una de las peores cosas que puede pasarle a un padre es eso. He visto lo que provoca en las familias. No saber qué ha sido de un hijo les impide recuperarse de la pérdida y quedan atrapados en el dolor».También real y «horroroso» es el acoso escolar. Es tajante. «Antes decían: 'los chavales son así...', pero hoy se debate seriamente. No sé qué pasa con el ser humano que parece necesitar pertenecer a un grupo y no hay nada que una más a un grupo que alguien que está fuera de él. Yo tengo una solución que sé que no gusta: que los padres del niño acosado demanden judicialmente a los del acosador por sufrimiento emocional. Si tu hijo rompe una ventana tú debes pagarla pero si tu hijo destroza la vida de otro no pasa nada».

Abandonados en el fiordo

El claustrofóbico escenario del libro es una aldea abandonada en un inhóspito fiordo, accesible solo por mar. Allí va un matrimonio en paro y arruinado por la crisis y su amiga, viuda reciente, para restaurar una casa y convertirla en hostal de verano. Sin luz, calefacción y teléfono, tardarán un semana en recogerles. Sigurðardóttir lo publicó en el 2010, con la crisis en pleno galope. «Fue un momento muy difícil para Islandia. Esos personajes no habrían ido allí si no hubieran estado desesperados. A él se le suma la humillación de no haber podido sacar adelante a su familia. Antes de la crisis no había paro, todo el mundo tenía trabajo. En nuestra sociedad trabajar duro es motivo de respeto y orgullo. Ahora estamos mucho mejor».

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¿Qué ha cambiado? «Creemos que al final la crisis no fue tan mala. Antes, no existía gran diferencia entre clases, entre los más ricos, como un dentista, y los menos, como un obrero. Con los bancos aparecieron jóvenes superricos que iban a pasar el fin de semana en Cannes. No estábamos preparados para eso. La brecha entre clases se hizo inmensa. Con la crisis quebraron y ahora volvemos a ir en la buena dirección». 

En la trama se siente la venganza, una barrera que la autora cree que nunca atravesaría porque «quien la busca también acaba herido». Si lo hiciera, dice sin dudarlo: «nunca sería sospechosa. Urdiría el crimen perfecto, aquel que nadie se da cuenta que se ha cometido...».