Ir a contenido

ADIÓS A UN autor discreto y prolífico

Muere Joan Potau, cineasta poliédrico

Dirigió un filme sobre Manolito Gafotas y ganó un Goya como guionista

QUIM CASAS / BARCELONA

Como actor encarnó siempre a personajes secundarios, de carácter. En su faceta de director pasó más desapercibido, aunque se encargó de la realización de la segunda película del popular Manolito Gafotas. En calidad de guionista, en cambio, escribió algunas buenas páginas del cine español de los 80 y 90. El barcelonés Joan Potau, personaje poliédrico, falleció ayer a los 69 años. En plena época de galardones para el cine español y catalán, bueno es recordar que obtuvo un Goya en 1992 por su guion (escrito en solitario) de El rey pasmado, de Imanol Uribe, director con quien volvería a colaborar cuatro años después en Bwana.

Nacido en Barcelona en 1945, Joan Potau tenía un físico particular que lo hacía bueno tanto para la comedia como para el drama, con un ligero parecido con el cantante de la Orquestra Platería, Manel Joseph. Uno de sus primeros trabajos como guionista fue en la televisión: se encargó de escribir todos los episodios de Les Guillermines del rei Salomó (1981), serie del circuito catalán de Televisión Española realizada por Sergi Schaaff como vehículo para la cantante Guillermina Motta. Antes había pasado por el Institut del Teatre y firmado varios guiones para tebeos de terror.

En los años 80 alternó constantemente televisión y cine. Tanto servía para el humor televisivo de Rosa Maria Sardà en la serie Ahí te quiero ver (1984-1985) como colaboraba con Gonzalo Suárez en una de sus películas más importantes, Epílogo (1984), síntesis de uno de los ciclos temáticos de este cineasta, el representado por los personajes de Ditirambo y Rocabruno. Tanto escribía las escaletas para uno de los programas-concurso presentados por Contantino Romero (Ya sé que tienes novio, de 1985) como participaba, sin acreditar, en el guion de Barrios altos (1987), un relato de intriga rodado en Barcelona por José Luis Berlanga, hijo del director de Plácido.

TRAYECTORIA INTERPRETATIVA / En 1981 había iniciado también su trayectoria interpretativa, con pequeños papeles en Barcelona sud (1981) de Jordi Cadena, Crits sords (1984) de Raúl Contel, La guerra de los locos (1987) de Manolo Matji y Demasiado viejo para morir joven (1989), el debut de Isabel Coixet, así como incursiones televisivas en las series Turno de oficio (1986), donde coincide con la actriz Carmen Elías, con quien estuvo casado, o La mujer de tu vida (1990).

El Goya al mejor guion de El rey pasmado debería marca un antes y un después en el reconocimiento de su trayectoria como escritor, pero Potau trabajaría en este periodo más como actor, siempre incorporando personajes que están en un segundo plano, cometidos breves pero singulares en títulos tan variopintos como Makinavaja, el último choriso (1992) de Carlos Suárez, Belle Epoque (1992) de Fernando Trueba, El passatger clandestí (1995) de Augstí Villaronga, Airbag (1997) de Juanma Bajo Ulloa -en el papel de uno de los mafiosos de tan disparatada y violenta comedia- o Haz conmigo lo que quieras (2003) de Ramón de España.

Sin dejar de lado la escritura-Historias de la puta mili (1994) de Manuel Esteban, donde volvió a relacionarse con los cómics de Ivá tras su interpretación en Makinavaja, el último choriso-, Potau tocó la tecla que le faltaba saltando a la dirección en 1999 con No respires: el amor está en el aire, comedia ambientada en el barrio barcelonés de la Barceloneta. Su segundo trabajo tras la cámara fue San Bernardo (2000), una comedia romántica en la que Alberto San Juan encarna a un hombre que ayuda a la gente como si realmente fuera un perro San Bernardo humano.

Manolito Gafotas en ¡mola ser jefe! (2001), secuela de Manolito Gafotas (1999) de Miguel Albaladejo, supuso su última tentativa en la dirección: el personaje infantil creado por Elvira Lindo le venía como anillo al dedo para desarrollar un estilo de comedia costumbrista que Potau practicó por igual como realizador, guionista y actor.

Su último cometido cinematográfico había sido en Mapa de los sonidos de Tokio (2009), la incursión japonesa de Isabel Coixet. En televisión, escribió una decena de episodios en la recta final de la serie policiaca El comisario (1999-2009), lo que significó un considerable cambio de registro en su trayectoria. Encadenó tres filmes como director satisfaciendo así lo que más le gustaba hacer, «explicar historias y estar siempre antes en el territorio de la ficción que en el de la realidad».

Temas: Cine