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PREMIO LITERARIO

Guadalupe Nettel gana el Herralde

El finalista, Manuel Moyano, salta a la novela con una singular propuesta

ELENA HEVIA / BARCELONA

Ha transcurrido casi una década y una trayectoria brillante desde que Guadalupe Nettel (Ciudad de México, 1973 ) quedase en la lista de los finalistas del Premio Herralde con su primera novela, 'El huesped'.  Ayer la escritora mexicana fue la ganadora absoluta del premio en su 32ª edición con 'Después del invierno' cerrando un círculo que ha hecho de ella una de las narradoras más raras e inquietantes -en la onda de Clarice Lispector , Jane Bowles o Silvina Ocampo-  de la actual literatura latinoamericana. Y es que, como indica la autora que humorísticamente se duele de que en los últimos tiempos lo raro se haya puesto de moda:  «Nadie es normal si se le mira muy de cerca y a mí me gusta enfocar los defectos que la gente intenta esconder». Junto a Nettel, el escritor cordobés Manuel Moyano (Cordoba, 1963), criado en Barcelona y actual residente en Molina de Segura, Murcia, ha resultado finalista gracias a la original novela 'El imperio de Yegorov'.

Amor y muerte son los ingredientes esenciales de la novela de Nettel que acostumbrada a las distancias cortas -es una excelente cuentista- siente que esta obra de 280 páginas es casi una novela río para sus  habituales parámetros. Los pasos de Claudio, un cubano residente en Nueva York con una compleja vida sentimental, y de Cecilia, que mantiene una relación con un chico al que le gusta pasear por los cementerios, se entrecruzarán en París en una historia obsesiva marcada por el luto y el duelo. «Mis personajes son  dos neuróticos de diversa índole y he querido retratarlos con un punto hilarante. También el hecho de que ambos sean emigrantes condiciona su extrañeza existencial frente al mundo», explica.

No hay en este caso una intención confesa por parte de la autora de hacer autoficción, algo que sí la movía en su obra más conocida, 'El cuerpo en que nací', exploración de cómo le condicionó la visión reducida de un ojo por un defecto congénito. En este caso convergen su amor por los cementerios, haber vivido casi seis años en París y 15 en Francia y muchas historias de amigos y conocidos que construyó como un collage y filtró gracias a la ambigüedad de la ficción. «Dice Juan Villoro que la diosa de los escritores debería ser la hiena porque, como ellos, se alimenta de pedazos palpitantes de vida». Como en la actualidad la escritora vive en México, país que define como «un infierno» en el que se contabilizan «30.000 desaparecidos en ocho años y el hallazgo a diario de fosas con cadáveres torturados», también siente que toda esa violencia se ha filtrado en sus  ficciones de forma más íntima apareciendo soterrada en el ámbito de la familia. «Mi posición sobre lo que ocurre en mi país queda para los artículos periodísticos».

Ópera rock 

A medias narración de aventuras, a medias 'thriller' distópico, 'El imperio de Yegorov' de Manuel Moyano, hasta ahora acreditado cuentista, con un particular gusto por lo extraordinario, se pasa aquí a la novela. En este caso a una curiosa novela sin voz narradora que va enlazando diversos documentos, cartas, artículos periodísticos, sms, prospectos farmaceúticos y un testamento para armar una ópera rock con mucha intriga que echa a andar cuando en la deécada de los años 60 una estudiante japonesa contrae una rara enfermedad en Papúa-Nueva Guinea mientras busca un tribu perdida. «Me costó hallar su estructura final pero escribí el grueso de la novela en apenas 15 días. Además la doté de un tono humorístico satírico que me divirtió enormemente y que, espero, se trasmita al lector», explica el autor.

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