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Se busca a Rodoreda

Jenn Díaz

Sí, se trata de un anuncio. Busco a Mercè Rodoreda, pero como no puede ser, busco a alguien que se parezca literariamente a Mercè Rodoreda. No dejo de preguntar ni de buscarla, una mujer capaz de elevar a lo más alto de la literatura lo más bajo de la vida cotidiana. Antes ya me había codeado con Natalia Ginzburg, y la habría buscado también si no fuera porque antes de caer en la desesperación, di con Mercè. Busco una historia que me conmueva y que me sea contada con la maestría de la escritora catalana más reconocida. No es tan fácil, aunque lo parezca, que una novela esté tan viva, tenga tanta piel, sea tan cautivadora, y es por eso que la busco.

Contraportadas de libros, artículos y reseñas en los periódicos, presentaciones de autores: todo apunta a que cada año hay una media de quince nuevas Rodoreda, pero el nacimiento de una es-critora así es algo completamente excepcional, y es por eso que la busco, porque hace demasiado tiempo que no me deslumbran del mismo modo, por más sencillo que resulte a priori si uno está más o menos atento a las novedades literarias.

Busco a la nueva Teresa Goday y toda su generación, la busco para que me la muestren intacta: ahora ya solo me queda el redescubrimiento, que es también un ejercicio placentero, pero no tanto como la primera vez que tienes entre las manos ese espejo roto. Ya, ya sé: no busco algo fácil, y es por eso que lo busco. Necesito -como lectora, como aprendiz- una obra impecable en lo doméstico y en lo intelectual, una obra con jardín y flores, con el gran desencuentro que provocan los lazos de sangre; busco una mujer capaz de conmocionarme con la muerte injusta y precisa de un niño, y con la ferocidad de la vida sobre un personaje femenino sin caparazón. Busco a Mercè Rodoreda y la busco, incluso, en los silencios de las cartas de Armand Obiols, donde no puedo encontrarla. La busco por puro egoísmo, por pura necesidad, para que me enseñe -es por eso que la busco.