19 sep 2020

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entrevista

Katie Melua: «Nunca he temido mostrar mi corazón en la música»

JUAN MANUEL FREIRE
BARCELONA

Poco después de actuar en el festival de Cap Roig el pasado verano, Katie Melua publicaba Ketevan, que hoy presenta en el Sant Jordi Club (20.00 horas). Una obra de afán retrospectivo, abierta a los distintos estilos que ha tocado en su carrera y con amplio componente nostálgico; de entrada, Ketevan es el nombre que le pusieron sus padres en su natal Georgia, desde donde se mudó a Irlanda del Norte con solo 8 años (con 14, se mudó a Inglaterra).

Melua fue descubierta por el productor y compositor Mike Batt cuando acababa de cumplir 18 años y todavía estudiaba en la Brit School for Performing Arts. Unos meses antes, componía música pop moderna y R&B en su ordenador, pero en ese momento estaba obsesionada con la cantante folk Eva Cassidy, como Batt lo había estado desde siempre.

Trabajando por separado y reuniéndose para grabar los fines de semana, completaron el disco Call off the search (2003). Ninguna discográfica grande apostó por él; Batt tuvo que rehipotecar su casa para lanzarlo en su sello Domestico. Pero el álbum acabó en el número uno de su país, donde casi alcanzó los dos millones de copias vendidas. Piece by piece (2005) también arrasó en ventas.

Con el tercero, Pictures, Melua fue la artista británica que más discos vendió en el mundo en el 2007. El público se rindió a su pop suave y frágil, con toques jazz, en sintonía con la propuesta de otra superventas de aquel tiempo: Norah Jones.

Todavía hoy el éxito la acompaña: el reciente Ketevan, sin ir más lejos, ha sido su sexto álbum consecutivo en entrar en el top 10 del Reino Unido, privilegio de unos pocos artistas; Madonna, Kate Bush y algunos pocos más.

Antes de la actuación de esta noche en Barcelona, hablamos por teléfono con Katie Melua sobre un puñado de temas: Barbra Streisand, musicales y tomarse el desamor con humor, por ejemplo.

-Escuchando Ketevan da la sensación de que en el disco no hay ningún sonido que sobre: ¿buscaba la depuración máxima? ¿Se propuso la misión de, ante todo, vaciar, más que añadir?

-He probado con diferentes tipos de arreglos durante mi carrera. A veces he usado un sonido, digamos, grande, con muchos instrumentos, pero tampoco estoy segura de que esa táctica sirva siempre para comunicar lo que busco. Me gusta deleitarme con las palabras, escucharlas mientras canto y que el oyente las escuche; que haya espacio dentro de la música.

-Especialmente en la inicial Never felt less like dancing, se puede pensar en ciertos discos orquestales de Barbra Streisand, quizá The Broadway album (1985). ¿Barbra Streisand es una referencia de alguna clase para usted? ¿O me equivoco por completo?

-No tenía opinión sobre ella -ni buena ni mala- hasta hace poco, cuando fui a ver una actuación suya con mi madre. Me volvió loca, de verdad. Es una artista increíble. O sea, entiendo la comparación con Streisand como un gran cumplido.

-En cierto modo, Sailing songs from heaven podría ser perfectamente un tema de musical de Broadway. ¿Diría que trabajó con esa clase de escena en mente? 

-No soy una gran fan de los musicales. Esa manera de cantar no me excita mucho, si le soy sincera. Me veo más influida por artistas como Joni Mitchell y Nina Simone. Pero mi trabajo es también una colaboración -con Mike Batt, mi principal compositor y productor-, quizá por eso surgen influencias que yo no he tenido en cuenta. Quizá Batt aporte algo así.

-En el caso de Where does the ocean go?, lo que Batt ha aportado son ecos del pop clásico de Hal David y Burt Bacharach. 

-Me encantan esas canciones de los años 50 y 60. Que me gusten tanto me hace sentir una persona mayor. Pero mi alma se eleva cuando las escucho y no puedo evitarlo; siempre vuelvo a ellas.

-En anteriores lanzamientos ha incorporado muchas versiones; de temas de Randy Newman (I think it's going to rain today), Leonard Cohen (In my secret life), The Cure (Just like heaven) y Ron Sexsmith (Gold in them hills), por ejemplo. (Buen gusto, dicho sea de paso). En Ketevan, las versiones brillan por su ausencia.

-Nos apetecía el desafío. Sin desafío, raramente surge la emoción durante la realización de cualquier proyecto. Y así nos propusimos que todas las canciones fueran de nuestro puño y letra.

-El amor parece, de nuevo, el tema principal. ¿Resulta fácil inspirarse pensando en él?

-Por supuesto. Es una temática universal. La música te lleva irremediablemente al amor y a las grandes emociones. La tristeza, la miseria, el amor... La música es una buena forma de canalizarlas.

-En la canción Idiot school trata con humor el tema del fracaso amoroso. La letra es curiosa, porque no habla el dejado sino el que dejó; y además se llama a sí misma «idiota»: «Si hubiera una escuela de idiotas / Sería la primera de la clase / Sé que hice el tonto».

 

-Para mí es una canción divertida, una canción de comedia. Hubo mucha discusión sobre si debía o no incluirse en el disco. Había quien pensaba que desentonaba. Yo peleé para incluirla. ¡No me quiero tomar a mí misma demasiado en serio!

-Con el título de Mad, mad men no pude evitar pensar en, ya sabe, la serie televisiva Mad men. ¿Es usted seguidora?

-No, bueno, he visto algunos capítulos, pero por mi trabajo lo tengo complicado para seguir series. Cuando estamos de gira solemos ver películas de terror.

-¿Por ejemplo? Revélenos alguna, por favor. 

-Una que veo una vez al año es El orfanato. Me parece una obra maestra. Felicidades para el director español.

-También es fan del póquer, según he leído. 

-Es divertido. Solo eso. Tampoco se crea que apuesto tanto dinero (risas).

-He advertido que sus discos no están en Spotify (al menos en España). ¿Tiene que ver con alguna decisión personal?

-Uhm, deberían estar. Déjeme que eche un vistazo a eso porque no lo sabía.

-¿Tiene alguna explicación para la excelente recepción que suele tener por aquí?

-No sé si España es más receptiva que otros países de Europa; diría que en otros aún tengo más éxito. Pero es un público cálido, entusiasta. La música tradicional de su país tiene mucho corazón, y yo nunca he temido mostrar mi corazón en la música. Quizá el éxito venga de ahí.

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