DOS NOVELAS GRÁFICAS CON EL FÚTBOL COMO ESCENARIO

Mil historias del balón

'Fútbol' aborda temas como la corrupción, la homosexualidad y las mujeres futbolistas

Mil historias del balón
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ANNA ABELLA
BARCELONA

El guionista Santiago García (Beowulf, El vecino...), madridista y «exportero aficionado», y Pablo Ríos, culé y «box to box venido a menos» que dibuja con la camiseta del Barça, son dos grandes futboleros que no podían imaginar la «debacle» de la selección española en el Mundial mientras trabajaban trocando su rivalidad en el campo en estímulo para una redonda colaboración en la viñeta. Ambos han convertido Fútbol. La novela gráfica (Astiberri) en una historia cual «mil y una noches» de relatos del balón, donde lo importante son «las personas», contados por un narrador, el propio García, en el que, asume, es su cómic «más personal».

Unas son inventadas: que a nadie se le ocurra comprobar si existió en un pueblo de la sierra un equipo llamado Cosmos con 11 titulares venidos del espacio (todo un guiño de García a los extraterrestes con los que Ríos debutó como autor total en Azul y pálido). Otras historias son ciertas, como dos ligadas a un tema tan tabú en el fútbol como la homosexualidad, pero que los autores han vestido de normalidad. Son las del primer futbolista que se declaró gay, Justin Fashanu, que perseguido por la homofobia se suicidó en 1998, y el sonado y efímero fichaje del Barça de Núñez y Gaspart, en 1982, del atractivo brasileño Cleo Ignacio Hickman, que tras posar desnudo en una revista y declarar que «el homosexualismo no es anormal entre los jugadores», solo jugó 45 minutos en un amistoso con L'Hospitalet «No hay mensaje tras ello. Las cosas insólitas te estimulan y esto me permitía revelar que hay valores como la virilidad, el machismo o el culto a la fuerza masculina, que asociamos con el fútbol, y que pueden saltar por los aires cuando simplemente son personas que quieren jugar al fútbol», precisa García.

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Como los dos chicos imaginarios que comparten vestuario en el Athletic de Bilbao, se enamoran y acaban uno en el Barça y otro en el Madrid. «Hablamos de ello sin prejuicios ni miedos -apunta Ríos-. Era la primera vez que dibujaba a dos hombres besándose y ni lo pensé». «El deporte no entiende de géneros, solo de gente que quiere ganar», añade en alusión al relato de una mujer que vive una doble vida como hombre en un club masculino de Primera División.

García -que homenajea a su padre, que fue futbolista profesional y murió antes de ver a la Roja ganar el Mundial de Sudáfrica-, además de la simbología de la película Evasión o victoria, con la que reflexiona sobre qué significa perder y ganar, también se adentra en la corrupción, evocando a Jesús Gil, Ruiz-Mateos y al francés Bernard Tapie. «Los clubs se han convertido en moneda de cambio de millonarios que los usan a conveniencia para luego abandonarlos», denuncia. Ríos se le suma: «Al aficionado le gusta demasiado el brillo y el dinero».