03 abr 2020

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La intensa noche de Canet

El renacido festival ofreció un largo y dinámico desfile de conciertos ante 25.000 personas, la mayoría jóvenes

JORDI BIANCIOTTO / Canet de Mar

El festival Canet Rock con actuaciones ininterrumpidas al largo de todo el dia. / TÀNIA TÀPIA (ACN / carátula FERRAN SENDRA)

Una generación de público catalán ha crecido con un imaginario de referentes musicales propio y renovado, que Canet Rock comprimió ayer en un largo, amplio, desfile de conciertos que se prolongó hasta avanzadísimas horas de la madrugada. Público veinteañero, adolescente, y también de franjas superiores de edad, incluidos veteranos de la primera vida del festival, poblaron el recinto del Pla d'en Sala, el mismo enclave que en los 70, en una rotunda exhibición de apoyo popular: 25.000 personas, según la organización, acudieron a la primera edición de la muestra agotando todo el papel.

Un único escenario, como en los viejos tiempos, colocado y orientado como en aquellas mismas ediciones, pero esta vez con el toque artístico de Lluís Danès. Rotación dinámica de grupos, con cambios entre actuación y actuación resueltos con solo diez, quince minutos, con lo cual se acumularon pocos retrasos. Conciertos reducidos, de menos de una hora la mayoría; un menú degustación que agilizó el tempo del festival y dio poca opción al aburrimiento. Y una parrilla de actuaciones que echó andar a pleno sol con el homenaje a les Sis hores de cançó, que, hace cuatro décadas, establecieron Canet como sede musical. Manu Guix, Marta Aguilera, Ramon Mirabet y Elena Gadel alternaron voces en clásicos como País petit (Lluís Llach) y Què volen aquesta gent (Maria del Mar Bonet). Un viaje al pasado en línea con el que tuvieron que emprender los asistentes al festival en materia de telefonía, ya que una avería de la red dejó ayer Canet y otros municipios vecinos sin internet ni tráfico de datos, y con problemas para realizar llamadas desde móviles. Ni wasaps, ni Twitter. Y dificultades con los datáfonos de las barras de los bares del festival. Vuelta a los 70.

PÚBLICO TEMPRANO 

El recinto lucía ya bastante poblado, con los accesos registrando un fuerte flujo de asistentes, cuando Pep Sala mostró su alianza con Crators en un set que recorrió clásicos de Sau como És inútil continuar, Tren de mitjanit y un Boig per tu reservado para el final, al que se sumó Joan Fortuny, de la Dharma. Le tomó el relevo Caïm Riba, de Pastora (e hijo de Pau Riba), con la propuesta rockera de su recién emprendida carrera en solitario.

Blaumut trajo sus canciones de suaves contornos folk-pop, como las populares Bicicletes Pa amb oli, esta última con la voz solapada de Joan Dausà. Luego intercambiaron papeles, puesto que Xavi de la Iglesia, cantante del grupo, se sumó a la canción estrella de Dausà, Jo mai, mai.

 

Lluís Gavaldà, de Els Pets, salió a escena con una camiseta en la que se leía la palabra ROCK, en mayúsculas, y pronto quedó claro que se propuso reforzar el contenido del nombre del festival. Un repertorio muy centrado en su producción reciente, sobre todo su último disco, L'àrea petita, incluida la álgida Blue tack, y un tramo final que tiró de guitarras inflamadas en Pau y Soroll. Gavaldà se cambió luego de camiseta y se puso una con la leyenda «Cap súbdit, tothom rei», aviso de que iba a caer una pieza de su primera era, Jo vull se rei, que el cantante acompañó de un anuncio: «Amb Felip VI recuperarem la independència del nostre país».Sonora aprobación del Pla d'en Sala, donde ondeaban multitud de estelades. El punto y final llegó con Bon dia.

 

HOMENAJE FAMILIAR 

La Companyia Elèctrica Dharma, recompuesta para la ocasión, puso la conexión con  el viejo Canet con un set reducido pero vitaminado. Piezas populares de su trayectoria, incluida su versión de La presó del rei de França y un Catalluna que trajo un recordatorio a los dos hermanos Fortuny desaparecidos, Esteve y Josep, con imágenes retrospectivas en la pantalla de vídeo.

Luego, Els Amics de les Arts, con el formato sencillo, sin sección de viento, más pop y más esencial, de su nueva obra, Només d'entrar hi ha sempre el dinosaure. Costumbrismo con trazos melancólicos generacionales, como en Ja no ens passa, reflexión de la juventud que se va con clímax poco menos que discotequero. La muy festivalera Jean-Luc, con su parodia del romanticismo con coartada intelectual, y una de sus piezas más refinadas, Louisiana i els camps de cotó. El cuarteto acabó pidiendo volver «l'any que ve a Canet, sisplau».

La asociación de Gerard Quintana y Xarim Aresté realzaba, al cierre de esta edición, el acento rockero del festival con un repertorio fogoso con citas a Sopa de Cabra. Les seguían Sisa, Manel, Love of Lesbian, Gossos, Mishima, Txarango... Noche larga, revoltosa, la de Canet.