ADIÓS A UN ACTOR DE REPARTO MÍTICO DE HOLLYWOOD

Un secundario con clase

Fallece Eli Wallach, protagonista de 'Vidas rebeldes' y 'El bueno, el feo y el malo'

EL DON 3El actor (como el mafioso Don Altobello) con Talia Shire, en ’El Padrino III’, de Francis Ford Coppola.

EL DON 3El actor (como el mafioso Don Altobello) con Talia Shire, en ’El Padrino III’, de Francis Ford Coppola. / EFE / GINO DOMENICO

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QUIM CASAS
BARCELONA

Eli Wallach cerró bien su extensa filmografía con dos papeles secundarios, pero específicos, de peso, en películas tan notorias como El escritor, de Roman Polanski, y Wall Street: el dinero nunca duerme, de Oliver Stone, ambas realizadas en el 2010. Tenía entonces 94 años de edad y era toda una institución en Hollywood pese a no haber conseguido nunca un Oscar -le otorgaron el habitual honorífico por toda su carrera, precisamente en el 2010- y ser más popular por su papel en un spaghetti-wéstern de Sergio Leone, El bueno, el feo, el malo (1966), que por sus lustrosas composiciones, principales o secundarias, en más de 150 títulos estadounidenses, contando películas y teleseries.

Nacido en 1915 en Nueva York, Wallach pertenecía a una familia judía de origen polaco pese a pasar toda su infancia en un barrio de ascendencia italo-americana. De ahí que no tuviera problema alguno para participar en varios wésterns italo-españoles realizados en tierras almerienses, o de encarnar a un patriarca italo-americano en El padrino III (1990) de Coppola, ya que fue siempre un actor bastante camaleónico y habituado a registros distintos.

Debutó en la televisión a principios de los años 50 y tuvo su primer papel cinematográfico de entidad gracias a Elia Kazan, quien le escogió -a él y a un actor de su misma estirpe y estilo, Karl Malden- para uno de los papeles importantes de Baby doll (1956). Por entonces había triunfado en teatro con un montaje de La rosa tatuada, por el que ganó un premio Tony. Cuatro años después ya fue uno de los siete magníficos del filme homónimo de John Sturges, variación en clave wéstern de Los siete samurais de Kurosawa, y en 1961 logró uno de sus mejores trabajos en registro dramático con Vidas rebeldes, la película de John Huston en torno a un grupo de desarraigados y perdedores, la otra cara del cacareado sueño americano.

AMBICIOSOS Y PERDEDORES / Wa-llach se movió siempre bien entre este tipo de personajes, ambiciosos, perdedores o fracasados antes que triunfadores, como demuestran sus interpretaciones en Siete ladrones (1960), La conquista del Oeste (1962), Lord Jim (1965) o Romance de un ladrón de caballos (1971). En los años 60 y 70 entendió a la perfección que un físico y un estilo como el suyo, aunque curtido en la filosofía interpretativa del Actor's Studio, podía adecuarse perfectamente a otras voces y otros ámbitos fílmicos.

De ahí que trabajara para Leone en el célebre euro-wéstern, interpretando al cazarrecompensas apodado el feo (habría que discutir sobre quienes eran realmente el bueno y el malo, ya que los otros dos actores estadounidenses, Clint Eadtwood y Lee van Cleef, pugnan por igual a los dos cometidos), participara en otros filmes italianos del Oeste -Los cuatro truhanes (1968), Viva la muerte... ¡tuya! (1971)-, en producciones italianas de terror o en comedia francesas como El cerebro (1968), junto a Jean-Paul Belmondo.

A partir de los años 70 fue el actor de carácter que todo director y todo actor querían tener a su lado. Steve McQueen, por ejemplo, se despidió del cine ofreciéndole un papel relevante en su filme póstumo, Cazador a sueldo (1980). También acostumbró a aparecer en producciones con repartos cosmopolitas, como La salamandra roja (1981); aunque aparentemente empequeñecido entre nombres más rutilantes que el suyo, Wallach siempre daba empaque y entidad a los personajes que le caían en suerte.

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Fernando Trueba le dio uno de los papeles secundarios de su comedia rodada en Miami, Two much (1995), y Clint Eastwood, con quien había compartido cartel casi cuatro décadas antes en El bueno, el feo y el malo, le dio otro de sus mejores cometidos dramáticos en el ocaso de su trayectoria con Mystic river (2003), donde encarnó al propietario de una tienda de licores.

Como ha ocurrido generalmente con los grandes secundarios del cine español, el éxito y la fama les fueron esquivos a actores hollywoodienses tan característicos como Eli Wallach, contemplados como una nota a pie de página en la evolución del cine estadounidense clásico.