La 67ª edición del Festival de Cannes

'Pulp fiction' 20 años de leyenda

Tarantino, Thurman y Travolta celebran en la Croisette el aniversario de la mítica película, Palma de Oro en 1994

"De todos mis trofeos, este es mi mayor logro, es el único que espero volver a ganar", afirmó ayer el director

Quentin Tarantino celebra en la alfombra roja de Cannes el aniversario de su Palma de Oro. / AP / VÍDEO: ATLAS

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Cuando el presidente del jurado Clint Eastwood anunció que era el ganador de la Palma de Oro por decisión unánime, el público enloqueció y él, Quentin Tarantino, corrió hacia el escenario. Entonces una mujer gritó: «¡Pulp fiction es una mierda!». Tarantino extendió hacia ella un brazo y levantó el dedo corazón -la señal del pajarito, lo llaman algunos- para hacerle saber cuánto le importaba su descontento. De ese momento, uno de los más memorables de la historia de Cannes, se cumplen ahora mismo 20 años. Sí, somos así de viejos.

«Ganar la Palma de Oro sigue siendo mi mayor logro», aseguró ayer el director en Cannes, antes de presentar en una playa de la Croisette, junto a Uma Thurman y John Travolta, una proyección conmemorativa de la película. «De todos los trofeos que he logrado, es el que ocupa el lugar de honor en mi casa, y el único galardón que espero volver a ganar antes de que las luces se apaguen para mí».

Aunque inapropiada, la reacción de aquella mujer gritona fue comprensible. Después de todo, en 1994 muchos no estaban preparados para Pulp piction, con su estructura narrativa casi vanguardista, sus explosiones de violencia, sus afectados monólogos, sus alegorías bíblicas y ese reparto de pintorescos criminales más preocupados por el nombre francés del cuarto de libra con queso que por la gente a la que aniquilaban. «Me gusta presentar al público los aspectos más violentos y deplorables de un personaje, y comprobar que aun así el espectador se pone de su lado», explicó ayer.

DIÁLOGOS DE MEMORIA / A medias con Roger Avary, Tarantino escribió la película en tres meses, encerrado en un minúsculo apartamento en Ámsterdam, e inspirándose en algunos de los arquetipos más recurrentes de las ficciones noir: el boxeador que acepta un soborno y luego no se deja noquear; el mafioso que saca de paseo a la esposa de su jefe; y las vicisitudes de un par de sicarios con un grupo de personas a las que matar. Es imposible que imaginara lo que aquella mezcla iba a provocar.

Pulp fiction costó ocho millones de dólares y acabó recaudando más de 200. Resucitó la carrera de John Travolta, convirtió a Samuel L. Jackson y Uma Thurman en estrellas e hizo de los hermanos Harvey y Bob Weinstein unos magnates del cine independiente. Y con el tiempo se convirtió en la película más influyente de la década. La gente aprendió sus diálogos de memoria; se escribieron libros sobre ella. Y por supuesto convirtió a un friki recalcitrante que había aprendido a devorar cine tras el mostrador de un videoclub e interpretado a un imitador de Elvis en Las chicas de oro en uno de los cineastas más importantes de América. Ahora bien, ¿ha resultado esa influencia positiva?

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LA RETÓRICA TARANTINIANA / La retórica tarantiniana no tardó en ser fagocitada. La ironía y la incorrección se impusieron en la música, en la moda, en los medios de comunicación, en la moda y, sobre todo, en el mainstream de Hollywood. Durante dos décadas no han dejado de proliferar imitadores de poca monta que se han apropiado de su inagotable capacidad usar sus relatos como una inmensa batidora, en la que mezclar incontables alusiones a su vastísima cultura fílmica, literaria y musical. Las referencias a la cultura pop se han convertido en estrategia recurrente para guionistas mediocres o simplemente vagos. Escenas como la violación de Marcellus Wallace (Ving Rhames) y el chute de adrenalina en el corazón de Mia (Thurman) para salvarla de una sobredosis, o aquella en la que Vincent Vega (Travolta) pone un coche perdido de sangre tras disparar accidentalmente a un muchacho en la garganta, popularizaron una ultraviolencia fílmica despojada de moral a pesar de que en Pulp fiction sí la hay moral: es una película en la que se premia la decencia, y los personajes hacen elecciones con las que tendrán que vivir, o por las que acabarán muriendo.

Por supuesto, esa tropa de copiones no debería quitarle méritos a una película que, como dejó claro el homenaje de ayer, es inmune al paso del tiempo. Muy pocas logran serlo. ¿O es que alguien cree que tal día como hoy dentro de 20 años estaremos hablando de la ganadora de la Palma de Oro de esta noche?