01 jun 2020

Ir a contenido

El corazón entre dos aguas

JAVIER RUIBAL

Yo tenía 16 años y, como muchos músicos adolescentes, quería ser Jimi Hendrix, pero un día me dejaron a solas con Fuente y caudal  y ya solo quise ser Paco de Lucía. No sé que suerte de transformación provocó en mi oír esa guitarra misteriosa, emocionante, electrizante y modernísima que me hizo ver que ahí mismo, a mi vera, tenía una de las músicas más espléndidas y sobrecogedoras del planeta. Me enseñó el flamenco como un mago que saca de la chistera la maravilla de las maravillas, dejándome con la boca abierta y un brillo de luz y alegría en los ojos.

Yo di el estirón que dan todos los niños cuando asumí que tampoco sería como él, pero supe en seguida que, en adelante, mi música se vería influenciada por el flamenco y sobre todo por su figura. Luego tuve la suerte de conocerlo y de recibir el regalo de su amistad. Paco era tan sencillo que te ayudaba en segundos a olvidar que estabas en presencia de uno de los músicos más geniales de todos los tiempos, pasando así a disfrutar de su excelente humor y su campechanía. Todo el nuevo flamenco, el rock andaluz, el jazz español tienen una deuda impagable con él porque de no haber sido por su visión vanguardista, esos movimientos nunca se hubieran dado. Abrió las puertas de la libertad para que el flamenco de entonces dejara de estar encorsetado sin arrancarle ni un ápice de pureza. Por su mano toda esa tradición sonora se llenó de un exquisito brillo, poniéndola en lo más alto y dándole nuevo prestigio y modernidad. Y jamás vivió de la renta. Jugándoselo todo con cada concierto, con cada nuevo disco, imagino la presión que debía sentir cuando se ponía a componer, sabiendo que millones de personas en todo el planeta estarían esperando los frutos de su genialidad pero también de su esfuerzo. Cuenta Paco en sus conversaciones con Juan José Téllez, que su padre volvió una mañana a casa con la guitarra hecha pedazos porque un señorito borracho en un acto de chulería, se la había roto en una fiesta. Don Antonio Sánchez educó bajo una férrea disciplina a sus hijos para que fueran artistas dignos y no bufones al capricho de la gente de dinero. Y vaya si lo consiguió, solo desde un amor profundo a la música y una dedicación plena se puede ser Paco de Lucía.

Ayer jugabas en la playa con tu hijo, de repente... un escalofrío... Paco querido, admirado... te has ido dejándonos el corazón... entre dos aguas.