09 abr 2020

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prepublicación 'PEPE RUBIANES INÉDITO'

Un gallego, de La Habana a Barcelona

Querida mía:

Aquí me tienes, en La Habana, perdido como una mona. Añorándote cada día más. ¿Cómo es posible que lo nuestro haya podido irse al carajo? No puedo apartarte de mi cabeza, chica... ¡Joder, qué mal rollo estoy cogiendo! ¡Cambio el tercio! Pues mira, he conseguido un trabajo como cómico en un cabaré del Vedado. Me pulí todo el dinero que traje y no he tenido más remedio que bscar trabajo. O sea, he caído en la poza más baja que la especie humana puede caer, el trabajar. La vida de golfo que he llevado en Cuba me ha arrastrado a eso, chica.

Conseguí este trabajo gracias a Serrat, que, cuando vine para aquí, me hizo una carta para que me presentara a alguna gente que él conocía por si pasaba algún apuro laboral, y a Ricard Salvat, que estaba en La Habana como jurado del Certamen Internacional de Teatro. La cosa ha funcionado y me he colocado como estudiante de teatro en prácticas en diversas compañías. Comencé como bailarín en Tropicana, pero el señor no me ha dado el don del baile; además, siempre se me salía un huevo del tanga al bailar guaguancó, lo cual me costó algunas broncas. Ahora me han pasado a este cabaré donde trabajo en la compañía de la gran cantante Elena Burke como comodín, o sea que, mientras ella y el coro se cambian el vestuario, yo tengo que entretener al público con alguna historia. He tenido que recurrir a las historias de Eugenio (él no sabe nada, ni de momento se lo voy a decir) y hoy me estrenaré con una historia mía, La Pasión Flamenca de Jesús. Estoy muy ilusionado con esta aventura. ¡Es muy fuerte estar solo ante el público!, te entra un canguele impresionante, pero si la cosa va bien, la sensación es orgásmica. Me dan total libertad para hacer lo que quiera. ¡Jamás en mi vida he actuado en un cabaré!

El público cubano es muy agradecido, pero ¡a ver qué pasa! El otro día le hice el número en el camerino a Elena Burke y la tía se partía de risa. También hice un pase privado para mis compañeros bailarines y cantantes, y triunfé por todo lo alto. Hoy lo voy a probar con el público real. Ya te contaré. Cuba me entusiasma. Vivo en Cojímar, a nueve kilómetros de La Habana, en casa de la familia Torres, una familia maravillosa que me trata como un hijo más. Me llaman el chocolatero, por mi afición a las mulatas (las cabronas están ricas como el chocolate), y soy íntimo amigo del hijo mayor, Gonzalito, compañero de aventuras habaneras. Cuando acabo el trabajo, que siempre es sobre las cinco de la madrugada, me voy en la guagua para casa. Por lo general, los viajeros son lo mejor de cada casa y a veces se lían unos mambos en el viaje de tres pares de cojones. ¡Cómo me acuerdo de ti, coño! A veces, en la oscuridad de mi cuarto, le pido a la virgen de Montserrat (ya sabes de mi devoción por las negras) que me eche una mano y que con un milagrito intente arreglar lo nuestro: «¡La cosa está difícil, chico!», me respondió. ¡Ni la Virgen arregla esto! Supongo que a tu nuevo compañero no le hará ni puta gracia que te escriba, pero ¿qué quieres esperar de un tío que es diseñador de sillas, que se pasa el día pensando en culos y en cómo ponerlos bien? ¡Je, je, je! No te enfades. Te escribiré para contarte cómo ha ido mi debut como monologuista. Te quiere y no olvida, Pepe.

Querida mía:

Cada vez que te recuerdo, que es cada día, y pienso en mi relación contigo, me dan ganas de arrancarme la piel para hacerme un bongo y aporrearlo hasta la sangre. ¡Qué burro, qué imbécil he sido! ¡Cómo he podido perder una maravilla como tú! ¡Jodeeer! Y encima hace un calor en La Habana bestial. ¡Lo que faltaba! Cuba me desborda: su clima, su gente, su color, su historia… Es todo muy fuerte. Están locos, locos de atar, chica. Me cuesta bastante coger la onda cubana, y cuando creo que la he cogido, la vuelvo a perder, así de sencillo. ¡Y vuelta a empezar! ¡Y otra vez, y otra, y otra…! No hay manera. Cada día pienso en irme y cada día me quedo. Algo te absorbe de manera irremediable.

Fui el otro día al museo del Castillo del Morro con una amiga mía a hacer un poco de turismo. ¿Quieres creer que la tía quería echar un polvo en la mismísima cama de Fernando VII? Me corté como una mona. «¡Dale, chico, dale…!», repetía mientras se tumbaba en el lecho (le había dado una propina al vigilante para que no apareciera por allí). Solo se me ocurrió contestarle: «¡Me da corte hacerlo en la cama del rey de España, qué quieres que te diga, soy muy del pueblo…!». Para los cubanos hacer el amor es como comerse un bocata: se prepara, se mastica, se traga y se tiran los restos a la basura. Voy completamente desbordado en el tema.

El otro día vinieron al cabaré un grupo de universitarios catalanes que están haciendo un trabajo sobre la Revolución Cubana. Una gente majísima. A uno, que es de Bigues i Riells, le presenté a una negrona que baila en el espectáculo. Pues bien, la negra le ha dado un meneo que lo ha dejado bizco y semicatatónico. El de Bigues no vive más que para la negra. Anda agarrado a ella como una lapa a la roca. De la Revolución se ha olvidado y no sale de la cama más que para exclamar: «Mare meva, què és això?!».Te comento que estrené el número de La Pasión con gran éxito. El director del cabaré me ha autorizado, con el consentimiento de la Burke, a hacer una especie de diario escénico sobre mis experiencias surrealistas en Cuba. A dicho evento lo llamo Un gallego en La Habana. Ya esta semana comienzo con las historias. Una versa sobre la relación del chico de Bigues con la negra; otra, la de un niño malísimo, vecino mío, que me abrió la cabeza de una pedrada, y otra, sobre la forma de hablar de los cubanos. Le voy cogiendo el gusto a esto de actuar solo. Da un morbo que te cagas. Es toda una experiencia. Te voy contando a la par que no te olvido. ¡Ah!, anda por aquí haciendo una película Imanol Arias. El otro día estuve comiendo con él y su madre en el hotel Nacional. Por cierto, ¿cómo anda el diseñador de sillas, va ajustando los culos? ¡Jo, jo, jo…!  Pepe

Querida (otra)

Ya estoy en España, chica. Concretamente en Sevilla. Vivo en Sevilla desde hace unos meses gracias a un amigo mío que ha apostado por mí. Al regresar, intenté encontrar trabajo en diferentes compañías, pero la cosa estaba muy mal. Lo único que conseguí fue una sustitución en una compañía de Barcelona que marchaba de gira por España. El protagonista de la obra era Rafael Álvarez, el Brujo, del que me hice muy amigo. Le expliqué mi experiencia cubana y me dijo que por qué no intentaba montármelo solo aquí. Durante la gira, Rafa y yo intentamos hacer un guion para los dos y hacer un espectáculo a nuestro aire, pero la cosa no resultó. Nos faltaba rigor en el trabajo.

En Sevilla, donde acabábamos la gira, vino a vernos J. L. Castro, el director del Teatro del Globo de Sevilla, que nos propuso a Rafael y a mí trabajar en un proyecto que tenía en cartera. Aceptamos. Pero los dos andábamos muy engolfados y la cosa tampoco resultó. Un día hice un pase de mis trabajos en Cuba para amigos y conocidos en un local de la ciudad. A Castro le gustó mucho y me propuso producir el espectáculo mío y rodarlo en un local, Zarabanda, de la calle Betis, una calle muy popular. Rafael decidió irse para Madrid a buscarse la vida. La cosa funcionaba muy bien, pero el alcohol y el golfeo eran mi maldición. No me cuidaba, perdía la voz cada dos por tres, resacas impresionantes. Castro acabó harto de un servidor.

Tuve la suerte de que pasara por Sevilla la compañía Dagoll Dagom, antiguos compañeros míos, y el mánager, Toni, me dijo que me contrataba para ir a Barcelona a un local que estaba funcionando a tope que se llama Cúpula Venus, en las Ramblas. Él hará la producción y se encarga de mi presentación en Barcelona. Todo a condición de que bajara mis presupuestos de juerga. Se lo prometí. Y me voy para Catalunya pero ya. Siento una pena tremenda de dejar Sevilla, casi la misma que cuando me fui de Cuba. Le he tomado un cariño tremendo a esta ciudad y a los amigos que he hecho en ella, pero… Todos los días me acuerdo de La Habana y de ti. Estoy loco por reunir un poco de dinero y volver para allá. Te añoro tanto, mi mulata linda: mis paseos contigo por La Rampa, el Malecón, tu casita de San Nicolás, las fiestas en Cojímar… ¡Joder! Te diré que mi excompañera de Barcelona tiene muy consolidada su relación con el diseñador de sillas. ¡La vida es así de dura! Ahora solo me interesas tú y tú, y solamente tú… Te mando una cinta con un número nuevo que he hecho de homenaje a Sevilla, como despedida. Está inspirado en Eleuterio, el camarero de un bar que yo frecuento al mediodía en la plaza del Duque. Es un profesional desbordante, le habla a las tapas como si tuvieran vida. Le he cogido un gran aprecio a este hombre. ¡A ver qué te parece! Te quiere y no olvida, Pepe.

 

Cariño:

En primer lugar quiero que sepas que te quiero, y después te diré que en Barcelona mi espectáculo PAY-PAY, de homenaje a Cuba y Sevilla, ha tenido mucho éxito de crítica, pero no de público. Hasta Joan de Sagarra, el crítico más temido, me ha dejado muy bien. Viene muy poca gente a verme. La cosa es muy terrible, puesto que cuando estás en compañía y hay poco público, entre los compañeros en escena salvas la situación. Solo es devastador. Te tienes que comer el marrón tú solito. El día después del estreno había doce personas, chica. Se me cayó el alma al suelo. La empresaria, Nuria, no para de darme ánimos: «En cuanto corra la cosa funcionará». ¡Si vieras la envidia que me dan Pavlovsky y Christa Leem, que comparten conmigo la programación y llenan hasta la bandera!

Actuamos en la Cúpula Venus de las Ramblas. Un local de moda en Barcelona, de la Barcelona canalla y nocturna. El lugar me encanta. Es el foyeur (foyer) del Teatro Principal. Como espacio no me acaba de convencer, pues la cúpula chupa la voz y la audición no es muy buena, pero el ambiente es total. Ambiente joven y movido. Además, compartir el cartel con estos dos fenómenos de la escena es para mí un honor y un orgullo. Al mánager, Toni, le estoy costando dinero, pero tiene una fe en mí que no tengo ni yo. Pep Molina, mi amigo del alma, me ayuda a pulir el espectáculo y en la cuestión técnica. Compartimos un piso en la calle Lauria con Antonio Belart, un figurinista de teatro y cine y buen amigo también. Montamos unas fiestas del copón. ¡Por lo menos la alegría que no decaiga! ¡Cómo añoro Sevilla! Tu casa, los amigos, Zarabanda, la calle Betis y el bar Victoria, ¡el de Eleuterio! ¿Sabes que el número de las Tapas funciona muy bien?

Joan Lluís Bozzo, excompañero mío en Dagoll Dagom y actual director de la compañía con el que me une una amistad para siempre, me ha propuesto hacer un espectáculo mímico al que llamaríamos Sin palabras. Es un reto y he aceptado. (Por cierto, el otro día estuve viendo a un grupo que hace mimo y pantomima que se llama Tricicle. Creo que estos chicos van a dar que hablar. Son buenísimos). Pues, con Bozzo, actualmente estoy ensayando un número que se basa en una historia de amor entre un hombre que vive muy solo y una silla de su casa. Ya te iré informando de cómo va la cosa. Vuelvo a repetirte que mi amor por ti no ha decaído un ápice. Es más, cada día te quiero y te añoro más. ¿Por qué no haces una escapadilla a verme? ¿Tú sabes el alegrón que me darías? ¡Anda, chica, dale! Te requiere, Pepe.