08 abr 2020

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NUEVA TRILOGÍA CON IMAGINARIO ONÍRICO

En los brazos de Morfeo

Ruiz Garzón y Álex Hinojo firman la fantasía juvenil 'Guardianes de sueños'

ANNA ABELLA / BARCELONA

La inquietante Tierra Onírica, donde los baobabs de color azul contrastan con los vertederos de sueños muertos, está habitada por inéditos seres, como las lechuciérnagas, los roncodrilos, las zombijuelas (gusanos robasueños) o los parpadillos (piensen en unos murciélagos con telepatía). Es un mundo de sueños. Un riquísimo universo fantástico surgido de la imaginación de los periodistas y escritores barceloneses Ricard Ruiz Garzón (1973) y Álex Hinojo (1975), que lo despliegan en El libro de Morfeo (La Galera), primer título, en castellano y catalán, de la trilogía Guardianes de sueños, pensada para jóvenes lectores a partir de 8 años y cuya segunda entrega, El baile del sonámbulo, verá la luz en mayo.

Aunque también más de un adulto puede hallar en sus páginas referentes que les sonarán y que forman parte del onírico imaginario de sus autores, dormilones confesos: desde la Alicia de Lewis Carroll al Sandman de Neil Gaiman, el clásico del cómic Little Nemo en Slumberland, de Winsor McCay, o, reencarnados en el abuelo mago de Serena, la hiperactiva narradora, trazos de Merlín, el Gandalf tolkeniano y el Dumbledore de Harry Potter. Pero, sobre todo, La historia interminable de Michael Ende.

CONEXIÓN A OTRO MUNDO / «Si ahora escribo fantasía, que es mi terreno natural, es gracias a tres libros que me hicieron, primero lector y luego escritor -confiesa Ruiz Garzón, también crítico, profesor y asesor editorial ligado a lo fantástico-. Uno es La historia interminable, los otros, Viaje al centro de la tierra, de Verne, y Matilda, de Roald Dahl. La fantasía es conectar el mundo real con otros mundos y esa conexión a veces es a través de una puerta, un libro... En nuestra serie es a través de los sueños, que no son más que una puerta natural en la que entramos cada noche, queramos o no. Los adultos tendemos a desconectar de ellos y es un error. Necesitamos mantener la relación con nuestros sueños porque en ellos enterramos muchas cosas de nuestra mente, porque el mundo de los sueños y el mundo real están interrelacionados».

Serena y sus amigos -su dulce prima Virginia, el guapo y algo tímido Raúl y Simón, crack de las nuevas tecnologías- se convertirán en guardianes de sueños y lucharán por salvar Tierra Onírica de la amenaza del Doctor Letargo, padre de su odiada compañera Insomnia. «En realidad quiere cambiar el pasado y quizá descubramos que actúa por amor. Su personaje es uno de los que nos demuestran que no todo es bueno o malo sino que las fronteras son inestables y quien parece bueno puede ser un traidor», alerta Ruiz Garzón.

La acción y los momentos de peligro, junto con las ilustraciones de Pedro Rodríguez, salpican la novela. «Es muy visual porque el público joven tiene una cultura muy visual y el mundo de los sueños también lo es. Soñamos con imágenes», apunta Hinojo, que ha aportado precisamente su potente iconografía y concepción cinematográfica al relato, con referentes propios como el cine de Miyazaki (El viaje de Chihiro) o el expresionismo alemán (El gabinete del Doctor Caligari), «con sus contrastes entre blanco y negro, luz y oscuridad».

Porque, como advierten en El libro de Morfeo, «cualquier sueño puede convertirse en pesadilla». ¿Las suyas? «Me persiguen unos perros por calles solitarias hasta una plaza. Allí me atrapan y me despierto -explica Hinojo-. Por eso uno de los personajes es un gato, Marmota...». Ruiz Garzón, en cambio, parece que lo ha superado: «Me caigo desde un ciprés muy, muy alto, y me despierto al llegar al suelo. Pero intenté pensar en disfrutar de esa caída y creo que aprendí a volar en sueños». Pero ojo, no falta el guiño a Goya y su grabado de un hombre durmiendo, sobrevolado por murciélagos, con su desasosegante título: El sueño de la razón produce monstruos. Zzzzzzz.