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De Nueva York a Moià La Fura actuará en el Grec 2014

EL FURERO CARLüS PADRISSA vuelve a casa para homenajear a Francesc Viñas tras triunfar

en EEUU con un macromontaje operístico

IMMA FERNÁNDEZ
BARCELONA

De la vanguardista Gran Manzana, a un payés de Moià. Recién llegado de triunfar en Nueva York con la operística Michaels Reise um die Erde (el viaje de Michael alrededor de la Tierra), de Karlheinz Stockhausen, el furero Carlüs Padrissa ha vuelto a casa para presentar hoy ante sus paisanos un tributo al tenor Francesc Viñas (1863-1933). «Ha sido el más ilustre hijo de Moià, junto con Rafael de Casanovas», sostiene un Padrissa que se excluye de la lista de celebridades. Con motivo del 150º aniversario de su nacimiento y el 30º del festival de música Francesc Viñas, el codirector de La Fura ha concebido un recorrido escenificado por su casa, su vida y su obra. «Se incluyen grabaciones de 1913 en las que se aprecian la calidad de su voz y aquel glamur de antaño», avanza el director. La función (a las 7 y a las 8) transcurre en los jardines, los sótanos, el comedor y una cama. «Hay escenas eróticas, pero para todos los públicos; no son pornográficas», aclara Padrissa, que insiste en la relevancia del homenajeado. «Viñas era en su época el Carreras o la Caballé de hoy».

De com un pagès de Moià esdevingué tenor wagnerià, se titula el espectáculo, en el que participan el actor Xavier Vila (Viñas), la mezzo Roberta Minnucci (su mujer), Quico Palomar (presentador) y estudiantes de música. Buenas noticias para los más viejos del lugar: «Los yayos, y el acompañante, entran gratis», anuncia un Padrissa rendido a la peripecia vital de Viñas: «A los 9 años abandonó su familia y su pueblo para buscarse la vida. Fue pastor y payés, y acabó actuando ante la reina de Inglaterra, en la Scala, en Nueva York...». 

También Padrissa, a solas o en compañía de algún otro furero, salió un buen día de Moià para triunfar en todo el mundo. Fue en la pequeña localidad del Bages donde cuatro almas inquietas y callejeras -Padrissa. Marcel.lí Antúnez, Quico Palomar y Pere Tantinyà- se lanzaron a animar plazas y espacios. Corría 1979 y nacía La Fura dels Baus. «Baus es un torrente de Moià donde íbamos a jugar y donde muchos, yo no, tenían sus primeras aventuras sexuales». Barranco y estercolero, alguna huella debió dejar aquel rincón de la infancia y juventud en su imaginario creativo.

Vuelve de Nueva York Padrissa con el ego por las nubes. Como ese Michael -el trompetista Marco Blaauw- al que colgó de una grúa para que orbitara por la Tierra en el ovacionado estreno del 18 de julio. «La búsqueda global aterriza en Nueva York», tituló el crítico de The New York Times, en un elogioso artículo sobre el «deslumbrante» montaje. «En el fondo, el trabajo de Nueva York y el de Moià es el mismo: que los músicos vibren y actúen libres, que no estén como piezas de ajedrez inmóviles en el foso de la orquesta». Padrissa valora aún más la acogida de los medios y el público neoyorquino -«es muy vanguardista; allí los yayos son modernos, hay gais de 80 años»- al recordar las críticas en su anterior visita. «Fuimos en el 98 con Faust 3.0 y dijeron que parecía un trabajo de fin de curso». Ahora ya se han doctorado.

La Fura dels Baus prepara su regreso a lo grande a Barcelona, donde no han podido verse las superproducciones operísticas estrenadas por todo el mundo. Será un trabajo en coproducción con el Festival Grec de Barcelona.

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