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Estreno: 21 de junio

Apología de la destrucción El hombre de acero Zack Snyder

POR QUIM CASAS

Esta nueva vuelta de tuerca cinematográfica sobre Superman tiene diversas y acusadas paternidades, todas ellas experta en materia de superhéroes. El guion de David S. Goyer (Blade: trinity), a partir de un argumento propio y de Christopher Nolan (la trilogía de El caballero oscuro), resta todo el sentido del humor y colorido, a veces ciertamente ingenuo, que Superman tuvo en las películas protagonizadas por Christopher Reeve. También elimina los rasgos algo más naturalistas que quiso imprimir Bryan Singer en su versión del 2006. Por su parte, Zack Snyder, responsable de la adaptación-calco de los Watchmen de Alan Moore, o el crepúsculo corrosivo de los superhéroes, es también un cineasta proteínico y musculoso (300, Sucker punch), así que la oscuridad que otorgan Nolan y Goyer se mezcla con el sentido del espectáculo blockbuster.

El resultado es apabullante, excesivo, alargado: hacía muchos años que una película no contenía tanta destrucción de edificios y mobiliario urbano, ni en los gloriosos tiempos de Terremoto y otras delicias del cine de catástrofes se había destrozado tanto. Superman, cómo no, salva la Tierra, pero deja a su paso un verdadero reguero de destrucción masiva: rascacielos, locales, camiones, automóviles y calles enteras sufren los envites del duelo entre el nuevo hombre de acero, Henry Cavill, y su némesis, Michael Shannon.

El filme tiene más de relato de ciencia ficción beligerante (alienígenas invadiendo la Tierra) y de parafernalia espectacular de Transformers, que de historia de superhéroe con dudas y dilemas. Impresiona por momentos, pero aturde en muchos más.

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