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Víctor Mora, espíritu de Capitán Trueno

El creador del legendario cruzado regresará esta semana al Salón del Cómic de Barcelona para apadrinar las nuevas aventuras del personaje

ANNA ABELLA / Barcelona

Defensor de los oprimidos, el legendario Capitán Trueno se ha pasado más de medio siglo luchando, viñeta a viñeta, contra la injusticia y los tiranos. Lanzando su famoso grito de guerra, "¡Santiago y cierra, España!", inspirado en la Reconquista, ¿se enfrentaría hoy a los corruptos, los banqueros, los políticos..., defendería a los desahuciados, a los parados...? "Probablemente, seguimos necesitados de héroes.

Él hacía cosas buenas que lo seguirían siendo hoy, en el siglo XXI, pero son épocas distintas. Más bien creo que, como otros personajes del pasado, como Espartaco con su rebelión, podría inspirar a otros a hacer cosas buenas, a hacerlas mejor o intentar cambiarlas". A sus 81 años, sigue Víctor Mora (Barcelona, 1931) creyendo en la filosofía de su personaje, un cruzado que siempre prefirió desarmar al enemigo antes que matarlo, al que alumbró el 14 de mayo de 1956, en el seno de la mítica editorial Bruguera, con los "fantásticos" dibujos de Ambrós.

Desde su casa de Premià de Dalt, cerca de Barcelona, por cuyo jardín pasea una hogareña gata parda, rodeado de fotos, libros y de una antigua Olivetti (una de las muchas máquinas de escribir en las que tecleó durante años sus guiones), sentado en una pequeña habitación que le sirve de estudio, la entrañable mirada de un azul intenso de Mora no ha perdido la ilusión y la sonrisa, tan jovial como la de su héroe de ficción. Con esas armas, sin abandonar el buen humor, y gracias a su siempre atenta y vigilante mujer, Armonía Rodríguez, exsecretaria de redacción de Bruguera, donde se conocieron, el escritor sigue afrontando las serias secuelas del derrame cerebral que sufrió en 1996, una dura experiencia que narró en 'Diari de bord' (2000).

A pesar de su precaria salud, el creador de 'El Jabato' (con dibujos de Darnís) está «contento e ilusionado» ante la perspectiva de abandonar por un día su refugio para saludar a fans de varias generaciones en el Salón del Cómic de Barcelona que empieza este jueves. Allí, además de apadrinar a Ricard Ferrándiz, que en el 2010 tomó el relevo de las aventuras del Capitán Trueno y que presentará el tercer álbum de las nuevas entregas de la serie, 'La espada invencible' (Ediciones B), Mora también verá la exposición que rendirá homenaje a Ambrós, el dibujante con quien también formó tándem artístico en el 'El Corsario de Hierro'. 

La muestra, con originales de Bruguera y objetos de coleccionista, conmemorará el centenario del nacimiento del artista valenciano. «Siento mucho que ya no viva para verla –lamenta el autor–. Ambrós y yo empezamos trabajando siendo unos desconocidos y acabamos siendo amigos. Era una buena persona, discreta, modesta y sencilla. Nunca tuvimos ningún problema, nos entendíamos muy bien, sabía interpretar lo que yo quería. Yo estaba ansioso por ver sus dibujos y era el primero en correr a ver cómo había dibujado mis guiones, era fantástico». 

Fue Mora quien propuso a Ambrós –nombre artístico de Miguel Ambrosio Zaragoza– cuando en 1956 Bruguera le encargó crear un nuevo personaje, que sería el Capitán Trueno. No habían trabajado juntos pero su obra le había impactado por su frescura y dinamismo, así que dio su nombre a la editorial junto a cuatro cuartillas mecanografiadas con una breve sinopsis y unos bocetos a lápiz. Al escritor, influenciado por los tebeos de grandes autores estadounidenses, como Milton Caniff y Alex Raymond, y por 'El príncipe Valiente', del canadiense Harold Foster, que descubrió de niño en el exilio familiar en Francia tras la guerra civil, le atraía la edad media. «Me gustaba esa época de castillos y caballeros. Al principio yo pensé que serían unos pocos episodios, pero la serie gustó enseguida y se fue alargando y alargando, y a los días siguieron meses y años. Creo que gustó hasta a los censores». 

«Soy muy feminista» 

Tanto gustó que, tras el primer episodio de El Capitán Trueno, ¡A sangre y fuego!, donde el cruzado se topa con Ricardo Corazón de León, en aquel clásico formato apaisado de la colección Dan, que costaba 1,25 céntimos, las aventuras llegaron a vender la friolera de 350.000 ejemplares semanales. «Fue muy fácil crear al personaje del Capitán Trueno», asegura. Y también a su amada Sigrid, la rubia reina vikinga, a su joven escudero Crispín y a su musculoso y tuerto amigo Goliath. «Ah, el bueno de Goliath. Él gustaba mucho, no era nada envarado, era genial y ¡daba unos garrotazos tremendos a los malvados!». 

Mora destaca a sus personajes femeninos. «Me empeñé en mostrar mujeres aventureras, valientes y audaces que a la vez tenían mucha ternura y eran cariñosas. Yo soy muy feminista». En pleno franquismo, ellas eran el reflejo de las mujeres fuertes y combativas que el autor frecuentaba en la lucha clandestina. Mujeres que, como su esposa, Armonía, sentada ahora a un par de metros y a quien dirige su cristalina mirada, pasó, como el escritor, temporadas en prisión, acusados de comunistas. En un aparte, ella puntualiza: «Yo no soy Sigrid», quizá algo cansada de que la identifiquen siempre con la pareja de Trueno. 

La risa de Mora regresa al recordar a la pareja de ficción y sus vicisitudes con la censura. «Los años que tuvieron que esperar Sigrid y Trueno ¡para poder darse un beso! Los tenías que poner en habitaciones separadas y tenían que decirse ‘hasta mañana’...». No fue hasta 1982, cuando, como anunció el Telediario, «consumaron su amor». Problemas que no ha tenido Ferrándiz, que los llevó al altar. «A ver si se gesta un héroe que algún día protagonice una nueva saga», aventura Mora, que cree firmemente que la estirpe está asegurada. «La censura franquista hizo verdaderas tonterías. Era muy desagradable y terrible para los autores trabajar así, siempre pensando ‘¿pasará esto la censura?’. Pedían cosas absurdas. ‘Aquí no queremos espadas’, decían. Imagínese, ¡veías caballeros medievales con el puño en alto! No veían que era peor eso que verlos empuñando un arma». Pero al final vencieron al lápiz rojo. «Por suerte, hoy las aventuras ya se pueden leer sin censura, tal como las pensamos», respira señalando 10 gruesos volúmenes de El Capitán Trueno en un estante. 

La ‘senyera’ en el pecho 

Lo que pasó por alto el censor fue el escudo del pecho del Capitán Trueno, que recuerda a una senyera. ¿Cómo vería hoy el caballero ampurdanés el derecho a decidir de Catalunya? «No quiero entrar en política, pero Catalunya ha hecho grandes cosas que nos pueden inspirar y empujar para seguir adelante y seguir haciéndo las cosas bien. Y lo mismo en el resto del mundo. En el panorama actual hay tantos muertos y cosas tan insoportables que los seres humanos deben cambiar. Deben dejar de moverse solo por intereses personales y mezquinos para hacerlo en interés de la humanidad. Si al final el mundo desaparece, al menos que nos quede la satisfacción de haber actuado bien. A fin de cuentas, cuando llega la muerte se te lleva el diablo», sentencia este profesional, que, como otros compañeros, supo luchar por los derechos de autor y la propiedad intelectual en una época en la que Bruguera no quería ni oír hablar de ello. Era la cruz de la editorial. La cara, que empleó a muchos represaliados por el régimen. Al propio guionista y a su mujer les conservó el trabajo tras salir de la cárcel. 

A Víctor Mora sí se le ensombrece la mirada cuando entre sus recuerdos infantiles se cuela la amargura de la guerra y la muerte del padre. «Murió muy joven, a los 42 años, estaba en un campo de concentración francés. Como muchos otros, tuvimos que ir al exilio cuando el fascismo se apoderó de España. Sufrimos mucho. Mi madre y yo luego volvimos a la España de Franco y ya de niño empecé a odiar el fascismo. Pasamos muchos años soportándolo, era repugnante, insoportable, tremendo». Palabra de capitán. 

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