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LA FERIA DEL ARTE DE MADRID

El significado de una obra

201 galerías de 27 países muestran el empuje de la creación contemporánea en la actual edición de Arco

Los artistas defienden que sus piezas sirven para plantear preguntas al espectador

OLGA PEREDA
MADRID

Si uno no sabe de arte es mejor pisar Arco (la feria de arte contemporáneo que reúne en Madrid a 201 galerías de 27 países y que este año a la crisis del sector suma el escollo de la subida del IVA) con cuidado. Uno nunca sabe si unas sillas apiladas en un rincón pueden ser una obra de arte o simple mobiliario de la feria. Hay que pasar unas cuantas horas en sus abrumadores e interminables pabellones para darse cuenta de qué es arte y qué no lo es. Habrá quien vea muchas de las piezas exhibidas y le entren ganas de hacer lo que se cuenta en una de ellas: decenas de tomates explotados contra una pared. Pero el personal que circula estos días por Arco (ayer y hoy solo está abierto a profesionales y será el fin de semana cuando pueda entrar público en general) entiende de arte. Por eso, sabe que los tomates estrellados son una pieza única. Lleva la firma de Los Carpinteros (dos artistas cubanos) y no son tomates reales sino que están hechos de porcelana, acero y carbono esmaltado.

Tomates -la obra se llama así- está expuesta en la galería Ivorypress, que también alberga otra innovadora pieza: la de Dionisio González, artista que ha creado una realidad virtual para mostrar cómo serían varios edificios del arquitecto Le Corbusier si estos se hubieran llegado a levantar. Como nunca se ejecutaron, el resultado es la destrucción. Por eso, la obra -que remite a la utopía y se llama En algún lugar, ninguna parte- acaba con centenares de piezas rotas colgadas del techo. Todo está destruido.

Fotocopiadoras quemadas

También están destruidas unas fotocopiadoras en una obra llamada Lejos de expresiones completamente automáticas. Son nueve fotocopiadoras Canon que la artista Susy Gómez ha sometido a 250 grados de calor. Las piezas se exhiben junto a sillas antiguas y usadas (tanto que están rotas). ¿Qué lugar ocupa el arte en la sociedad? Es la pregunta que, según Susy Gómez, plantea su obra.

Si algo hace el arte es, precisamente, plantear interrogantes. Cuando uno ve el reloj de arena de la artista cubana Glenda León -con kilos de arena que sobresalen del cristal- no puede dejar de preguntarse su significado. La artista responde: «Toda esa arena es el tiempo que pasamos sin amor, haciendo cosas que no nos gustan, discutiendo». Y, efectivamente, uno se abruma cuando cae en la cuenta de la cantidad de kilos y kilos de tiempo que desperdicia a lo largo del día. Pero no todo es negativo en la obra de Glenda León, que muestra en Arco un conjunto de obras bajo el epígrafe Formas de salvar el mundo. ¿Cuáles? Ahí va: un espejo con una frase grabada con láser: Acéptate. Otra forma de salvar el mundo es mirarse a otro espejo en el que se lee: Acepta al otro.

Utensilios con alma

El abanico de precios de las obras de Glenda León abarca desde los 2.500 a los 20.000 euros. Y 20.000 euros es, precisamente, lo que vale otra obra ubicada a escasos metros de distancia. A priori el visitante lo único que ve son cientos de objetos partidos por la mitad. Hay que pararse a hablar con el responsable de la galería Die Ecke, donde está expuesta, para llegar a entender su significado. La artista firmante, la chilena Isidora Correa, compró utensilios de uso diario (tazas, cafeteras, envases de plástico...) en el centro histórico de Santiago de Chile y los cortó. Fue la manera de dejar los objetos al mínimo, pero con lo más imprescindible, su «alma».

Vea el vídeo del primer día de  Arco con el móvil o en e-periodico.es

Temas: ARCO

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