Ir a contenido

LA AUTORA MALLORQUINA PUBLICA 'TOT ALLÒ QUE UNA TARDA MORÍ AMB LES BICICLETES'

Desencanto generacional

Llucia Ramis desnuda sus recuerdos en una evocadora crónica familiar

Anna Abella

Pitusa, así llamaban en casa, y aún lo hacen, a Llucia Ramis (Palma, 1977). De niña, esta periodista y escritora no quería ser princesa, quería ser arqueóloga o restauradora, y algo de vocación le habrá quedado para embarcarse en la caleidoscópica y evocadora «aventura», a ratos gamberra, a ratos tierna y entrañable, de Tot allò que una tarda morí amb les bicicletes (Columna), que «no es una autobiografía», alerta, pero poco le falta. «He ido a mi pasado y he metido las manos en la tierra para buscar las cosas de mi familia, para restaurarlas y arreglarlas, sin embellecerlas, y poder luego mostrarlas al lector».

Y con luminosos retazos de memoria, de imágenes y momentos, propios y de sus padres, abuelos, bisabuelos..., recorre la exótica historia familiar, desde los ricos antepasados belgas, pasando por París, Asturias, donde fundaron en 1833 una empresa minera, y Madrid, hasta  Mallorca. «He buscado la respuesta a la eterna pregunta '¿de dónde vienes?' para hacerme una idea de cómo he llegado hasta donde he llegado y a la vez cómo hemos llegado todos. Es una obra multigeneracional», explica Ramis sobre esta crónica con pinceladas de ficción que significa su maduro regreso tras Coses que et passen a Barcelona quan tens 30 anys y Egosurfing, Premi Pla 2010.

FRACASO / La narradora tiene 35 años, está en paro y sin pareja y tras años de independencia se ve abocada a volver a Palma, a la casa familiar, viendo que lo único que tiene es un currículo. «Es una involución y un reflejo de la frustración, el desengaño y la sensación de fracaso» con que la crisis golpea a su generación. «Mi tía abuela le dice a sus nietos: 'hay una generación para crear riqueza, otra para guardarla y otra para dilapidarla'. Y un nieto dice: 'y nosotros somos la generación de los idiotas».

Ramis cita una frase del libro: «A la generación de nuestros padres les hicieron creer que eran capaces de tocar la Luna, la mía ha comprobado que los sueños se estrellaban en directo». «Ellos eran los creyentes y nosotros los crédulos -añade-.

Ves su frustración al ver que todo por lo que habían luchado durante el franquismo ha acabado así. Ellos, progres y socialistas con fe ciega en la transición, que te educaron para que encontraras trabajo, y te ven en paro. Y para nosotros es descorazonador haberte esforzado y preparado como te decían y ver que no tienes futuro. Creías que si te portabas bien los Reyes te traerían regalos...».

«Hemos llegado hasta aquí porque no hemos cuidado bien lo construido -opina-. En la transición se toleraron cosas que no deberían haberse tolerado por el buenrollismo de evitar el conflicto, porque se venía de una guerra civil y una dictadura. Y ahora hay una ultraderecha dentro de la derecha y corrupción en todos los partidos. Pero en momentos de crisis no puedes seguir lloriqueando, es necesario hacer algo».

Sin embargo, no ha escrito una narración pesimista, puntualiza. «Cuando todo va mal sé que me queda la familia, que me queda Mallorca como refugio y, sobre todo, me quedan los recuerdos, la nostalgia, esa felicidad que hay que preservar y que nunca te podrán quitar».

«Pero la familia, además de un refugio es un lastre. En la mía ¡te exigen ser inteligente y que tu novio también lo sea!», suelta Ramis con su chispeante risa -su forma «de combatir la timidez», confiesa esta fan de «una canción de Sr. Chinarro que decía: 'tímidos del mundo uníos'»-.

Para premisas, una de su abuela

-«Es muy sabia, tiene 92 años y fuma un paquete de tabaco al día»-: «Todos los hombres del mundo no valen una lágrima tuya».

Temas: Libros