28 nov 2020

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Un icono del cómic 'underground' español

La Barcelona de Makoki

Un libro integral celebra los 35 años de la creación del personaje de Gallardo y Mediavilla

Anna Abella

Juan Mediavilla y Miguel Gallardo (derecha), ayer en el barrio de la Mercè, que como el de la Ribera inspiraron las correrías de Makoki.

Juan Mediavilla y Miguel Gallardo (derecha), ayer en el barrio de la Mercè, que como el de la Ribera inspiraron las correrías de Makoki. / JOAN CORTADELLAS

Hacer de Makoki, un tipo en bata y con un casco con cables en la cabeza, un personaje famoso, «era jodido», bromeaba ayer uno de sus padres, Miguel Gallardo (Lleida, 1955). Pero el autor de María y yo formó tándem con Juan Mediavilla (Burgos, 1961) y juntos lograron que desde su primera historieta, publicada en la revista Disco Exprés el 24 de junio de 1977, hace ya 35 años, aquel quinqui canalla se convirtiera en referente del cómic underground patrio y en un fresco de la Barcelona más lumpen, bañada en delincuencia, sexo, drogas y rock 'n roll, en la orgía transgresora de la incipiente transición.

Era la época dorada de Zeleste y el Magic, de las revistas Disco Exprés y Ajoblanco, y en la radio sonaba Son tus perjúmenes, mujer, de Mejía Godoy y los de Palacagüina, mientras los Sex Pistols abrían la veda del punk con God save the queen. El volumen integral Todo Makoki (Debolsillo) reúne ahora todas las irreverentes correrías de Makoki, con su inseparable Basca -Emo, Morgan, Cuco y el Niñato- y personajes como el comisario Loperena, el inspector Pectol y el doctor Otto, muchos inspirados en el entorno de entonces de Gallardo, Mediavilla y sus colegas de El Víbora.

SALIDO DEL FRENOPÁTICO / Makoki se presentó a su generación escapando del manicomio aún con los cables del electroshock en la cabeza mientras los locos montaban una orgía en la farmacia. Esa primera historieta, Revuelta en el Frenopático, se la inspiró a Gallardo el relato homónimo de Felipe Borrayo en el fancín Claraboya. A partir de ella nació una escalada de viñetas políticamente incorrectas que conectaron con la juventud. «Ahí está la gracia, si lo hiciéramos ahora las demandas nos caerían de feministas, argentinos, jubilados, discapacitados... de todas partes. Hasta hubo una interpelación en el Congreso acusándonos de apología de la droga», recuerda Gallardo.

«Retratamos la realidad, por eso conectábamos con la gente -añade el autor de Un largo silencio-. Las generaciones de entonces no tenían ningún medio de expresión ni altavoz de lo que ocurría en la calle y estaban deseando que se lo contaran. Y nosotros, sin saber dibujar ni saber nada de técnica de cómic, lo expresamos en El Víbora y con Makoki». «Hacíamos lo que nos gustaba, que era dibujar», apunta Mediavilla. Makoki nació al poco de la muerte de Franco. «Se abrieron puertas hasta entonces cerradas -añade Gallardo-. Y el cómic refleja la vida de esos jóvenes: fumar canutos, escuchar música, ligar y disfrutar de esa nueva libertad».

«QUÉ PACHA CHONIS» / Mediavilla era el genio de los guiones, con un lenguaje canalla y mestizo que se ha grabado en el cerebro de varias generaciones. Valgan de ejemplo perlas como «¡Qué pacha chonis!», «¡Caguendios!», «Oyessstío, vete a cagar», «¡Mecaguentú! Me esta subiendo la mala leche a los sobacos» o «¡Ven p'acá Emanuel que te voy a comé la llaga!». «Juanito tenía buen oído para captar el slang. Siempre llevaba papelitos en los bolsillos para apuntar lo que le llamaba la atención -se chiva Gallardo-. La juventud bajaba al Born a buscar chocolate y allí se mezclaba el lenguaje de la droga, con el gitano, el carcelario, el de barrio y con palabras inglesas que llegaban. Era la barrera de la juventud, que quería divertirse y experimentar con todo, con la generación adulta, que pasó la guerra y era un poco triste».

Gallardo quiso darle «un final digno» a su personaje en La muerte de Makoki (1995). «Ahí pude mostrar cómo había cambiado el barrio con los Juegos Olímpicos. Se pasó del mestizaje a un parque temático para turistas donde ya no había sitio para nuestros personajes». Pero aún hoy le piden que dibuje al marginal y entrañable quinqui punk. Cuidado, todavía puede emerger en cualquier contáiner de basura.

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