Nueva visita del trovador canadiense a Barcelona

El magisterio de Cohen

El cantautor cautivó a sus fans con un majestuoso y maratoniano recital en el Sant Jordi

Leonard Cohen, acompañado por el guitarrista Javier Mas.

Leonard Cohen, acompañado por el guitarrista Javier Mas. / FERRAN SENDRA

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JORDI BIANCIOTTO / Barcelona

Los conciertos de Leonard Cohen imponen reglas de juego propias, más aún si hablamos de espectáculos de grandes recintos. Incluso esa palabra, espectáculo, chirría al hablar de un recital de canciones minuciosas, que invitan a paladear textos, voces, melodías y arreglos de laúd o violín, como el que anoche se desplegó en elPalau Sant Jordi, en el que Cohen trató a músicos y asistentes con complicidad y generosidad:tres horas y media de actuación. El Sant Jordi es un recinto aparatoso para tan sutiles intenciones, pero nada es suficientemente grande para deslucir lasartes del cantautor canadiense.

Cohen y su banda aparecieron con el mismo aspecto que hace tres años, la noche que el trovador cumplió entre nosotros los 75. Trajes oscuros, sombreros yartesanía instrumental acomodada en sillas dispuestas como en una media luna flamenca. A la derecha, Javier Mas y sus mástiles. Cohen apareció con paso decidido y abordó la primera canción,Dance me to the end of love, con su cadencia de vals melancólico.

Cargamento completo

Al terminar, Cohen tomó la palabra. «Gracias, amigos míos. No sé cuándo volveremos aquí, aCatalunya; no sé cuándo volveremos a vernos, pero esta noche os daremos todo lo que tenemos». Una declaración que ya hizo, casi palabra por palabra, en su anterior visita al Sant Jordi, en el 2009. Esetodo se manifestó en un repertorio panorámico que siguió su rumbo con The futurey sus estrofas apocalípticas, en la cual las Webb Sisters, juveniles coristas, hicieron su primera acrobacia completando sendas ruedas y poniéndose del revés.

El Sant Jordi, con sillas en la pista y un formato de menor capacidad, no se llenó y atrajo a unas12.000 personas según la promotoraDoctor Music. El público, tendente a la mediana edad y un poco más allá. Limitada presencia de juventud indiepese al influjo de Cohen en muchísimos artistas del ala alternativa.

La primera parte incluyó cuatro canciones delnuevo disco, Old ideas, que se entrelazaron conviajes al pasado remoto (Bird on the wire, Sisters of mercy) y a obras más maduras, comoEverybody knows e In my secret life. Entre las nuevas, labluesyDarkness, severa y profunda, y los versos espirituales deAmenyCome healing.

Primera parte

Javier Mas fue uno de los músicos con más cuota de pantalla y en la primera parte ofreció una larga introducción deWho by fire. «Desde Barcelona», saludó Cohen levantando una ovación. La primera parte culminó con dos largas piezas de The future:Waiting for the miracle, donde Cohen exhibió la flexibilidad de sus 78 años cantando arrodillado e incorporándose cual grácil pluma, y un majestuosoAnthem. El cantautor marchó del escenario dando dinámicos saltitos, como es su costumbre.

Una hora y media es lo que duran muchos conciertos, pero, para Cohen, se trata solo de la primera parte. Tras el intermedio, sacó del desván un sencillo teclado electrónico con el que reprodujo el sonido casero e irónico deTower of song. De ahí, a un cambio drástico con la totémicaSuzanne, de 1967, que interpretó acompañándose de la guitarra.

Clímax lorquiano

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Eltempo sereno siguió conNight comes on, y el sonido se decantó hacia el country enHeart with no companion. Cohen hizo vibrar un arpa de boca enDemocracyy se retiró para que lasWebb Sisters hicieran suyaComing back to youy Sharon Robinson,Alexandra leaving. Luego,crescendoconHallelujahyTake this waltz,con su texto inspirado enPoeta en Nueva York, de Lorca, con un «Te quiero, te quiero, te quiero» que Cohen cantó esta vez en castellano.

La emoción contenida se desbocó en los bises conSo long, Marianne, First we take Manhattan y Famous blue raincoat, con el público en pie y muestras mutuas de gratitud. El punto final llegó conSave the last dance for me(Pomus & Shuman) tras tres horas y media de recital y 30 canciones desde la atalaya de latorre de la canción.