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PREMIO MÉDICIS DE novela

La vida exagerada de Athanasius Kircher

El jesuita barroco protagoniza 'Donde viven los tigres'

ELENA HEVIA
BARCELONA

Jean-Marie Blas de Roblès es una rara avis en la literatura francesa. Este arqueólogo que ha residido en Perú, Tíbet, Libia, Indonesia, Italia o Brasil, nació en Argelia de familia de origen español y tardó 10 años en escribir Donde viven los tigres (Duomo), un novelón barroco y desmesurado de 700 páginas de apretada tipografía, que le deparó el prestigioso Premio Médicis y le valió en su día la admiración de Jorge Semprún. Blas de Roblès en realidad se llama Robles pero añadió el Blas cuando su editor le instó a buscar un seudónimo para diferenciarse de Emmanuel Roblès, el escritor amigo de Camus. Voilà. «Recordé que el primer editor de Cervantes se llamaba Juan María Blas de Robles e inventé ese bello antecedente», explica.

La novela entrecruza las existencias de una serie de personajes contemporáneos con la historia real del jesuita alemán del siglo XVII Athanasius Kircher. Este religioso, hoy olvidado, fue un erudito universal que sugirió medidas para evitar la propagación de enfermedades, intentó desvelar la escritura jeroglífica, inventó un aparato precursor del cine, diseñó el primer megáfono y algún autómata, entre otras muchas originalidades. El resultado es una obra que le debe mucho a Jorge Luis Borges y a Umberto Eco -de hecho, el italiano ya utilizó a Athanasius Kircher como personaje en su novela La isla del día de antes-.

«Kircher destacó en todos los campos científicos y culturales, se le consideraba un Leonardo da Vinci de la época. Fue capaz de escribir la obra más importante sobre China solo con la información que le traían los misioneros. Lo que me fascinó de él es la cantidad de genio que empleó en equivocarse, eso le convirtió en un personaje a medio camino entre el impostor y el charlatán», explica el autor. En el trasfondo de esas equivocaciones está su fidelidad a la Iglesia, que le llevó a reconocer en privado, por ejemplo, que Galileo tenía razón mientras en público se dedicaba a desacreditarlo. Para Blas de Roblès, Kircher es una especie de Quijote: «Alguien que intenta salvar el viejo e idealizado mundo de la caballería porque la realidad le resulta demasiado insoportable».

PROFUSIÓN DE TEMAS/ La novela del francés tiene algo de kircheriano por la barroca multiplicación de sus temas, de sus intereses y de sus variadas estrategias narrativas: «Amo las novelas sudamericanas que buscan la totalidad. Esta intenta seguir el camino abierto por Fuentes, Carpentier o Bolaño. Además, Borges y Flaubert son mis faros». El autor admite, aunque no fue consciente en su elaboración, que la estructura de la novela está relacionada con su trabajo de arqueólogo en el que es fácil percibir todos los estratos en una sola imagen. De ahí que este libro caleidoscópico sea la vez una novela de aventuras estilo Julio Verne, una novela de aprendizaje y una novela social, todo por el mismo precio.

Además, Blas de Roblès que comparte con Borges una especial obsesión por los espejos, asegura que el mundo de Kircher y el actual pueden relacionarse a modo de reflejo. «El religioso vivió en un mundo que empezaba a industrializarse y donde los dioses ya estaban muertos. Nosotros somos conscientes de que se acaba un paradigma pero no sabemos cuál lo va a suplantar».