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CRÓNICA

Comediants vuelve a seducir al Liceu

El teatro acoge 'La flauta mágica' de Joan Font 10 años después de su estreno

CÉSAR LÓPEZ ROSELL
BARCELONA

El incombustible montaje de Comediants de La flauta mágica de Mozart ha vuelto a conquistar al Liceu 10 años después. Y ha sido así tanto para los que conocían está versión presidida por la mirada lúdica, colorista y próxima del personaje de Papageno como para los que la veían por primera vez. Un renovado reparto y la presencia de la OBC en el foso han sido los alicientes añadidos.

El escéptico pajarero aparece como un elemento diferenciador en el mundo fantástico de este cautivador singspiel. Esta visión, frente a la más tradicional centrada en la Reina de la Noche y Sarastro, funciona con la ayuda de todos los artificios fáunicos y la aureola mágica y naíf creada por Joan Font y Joan Guillén.

Joan Martín-Royo supera el reto de dar con ese terrenal Papageno alejado de lo metafísico que vive solo para comer, beber y dormir. Desde su primera entrada entre trinos de pájaros su personaje no para de crecer. Vocalmente defiende bien el papel aunque sin llegar a la excelencia. Susanna Philips, debutante en el Liceu, fue una de las triunfadoras con su candorosa Pamina. Sobrada de recursos, exhibió un bellísimo registro.

REFINADA PARTITURA / Pavol Breslik es un atractivo Tamino. Porte de príncipe y un buen color de voz le permiten defender su rol. Erika Miklósa, otra debutante, salió airosa de las endiabladas coloraturas aunque su nivel fue mejor en la segunda aria. Otro nuevo en la plaza, Georg Zeppenfeld, lidió con un aplaudido Sarastro. Vicenç Esteve Madrid (Monostatos) y Ruth Rosique (Papagena) mantuvieron el equilibrio dentro de un reparto con otras notables voces.

Pablo González mantuvo a raya la sonoridad de la OBC y logró que la orquesta estuviera a la altura del reto mozartiano. Su delicada lectura de la refinada partitura, llena de expresividad, mereció la aprobación general.