04 ago 2020

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Un caso de modificación de una obra de un autor clásico

La sombra del Photoshop

La portada del último libro de Carlos Ruiz Zafón altera una foto de Francesc Català-Roca

ERNEST ALÓS
BARCELONA

El nuevo libro de Carlos Ruiz Zafón, El prisionero del cielo, tercera entrega de la serie del Cementerio de los libros olvidados, calienta motores. Llegará a las librerías el 17 de noviembre, la editorial Planeta empieza a difundir pequeños detalles de la trama y ha colgado en su web la cubierta, con una fotografía, de nuevo, de Francesc Català-Roca. Bueno, no exactamente: la autoría la comparten el maestro, Photoshop y un grafista. Porque la imagen original ha sido modificada para eliminar al personaje central, un guardia urbano, y sustituirlo por una mujer con abrigo, sombrero y tacones, más otras modificaciones menores.

Las prisas para editar el libro, previsto para el año próximo pero que está sometido a un proceso de producción contra reloj para que llegue a la campaña de Navidad, han jugado una mala pasada. «Facilitamos el material a la editorial para adelantar el trabajo, pero ni hemos firmado la cesión de derechos ni hemos recibido la cubierta definitiva para dar nuestra aprobación», explicaron ayer fuentes del Col·legi Oficial d'Arquitectes de Catalunya (COAC), que gestiona el archivo y los derechos de Català-Roca, cedidos por sus herederos, durante 15 años.

Aunque el COAC tendrá en cuenta la opinión de los hijos del fotógrafo, Martí y Andreu Català Pedersen, su postura de partida es de rechazo a la modificación efectuada sobre la imagen. «Estamos en desacuerdo con cualquier manipulación de la obra de Català-Roca, y de cualquier otro artista. No la hemos autorizado, y nuestro servicio jurídico se pondrá en contacto con Planeta para resolver el tema», afirmaron ayer desde el COAC.

HIJOS COMPRENSIVOS / Los hijos del fotógrafo expresaron su confianza en la decisión que tome el archivo del COAC, pero sin mostrar especial beligerancia. «En principio no me gusta, pero también entendemos que todo el mundo ha de hacer su trabajo y tenemos en cuenta que el uso de las fotografías en las portadas de Carlos Ruiz Zafón, que además hizo un magnífico prólogo de un libro de nuestro padre [La Barcelona de Català-Roca, RBA / La Magrana], han ayudado a popularizar su figura», opina Andreu Català. «He hablado hoy con Planeta: las prisas del lanzamiento han hecho que la editorial difundiese la portada antes de que la hayamos visto. Pero comprendemos cómo funciona el mundo editorial, tenemos confianza en Planeta y lo importante es que a Ruiz Zafón le guste la imagen. Tras la primera edición nos sentaremos y si no nos gusta cómo ha quedado, como de estos libros hay siempre reediciones, ya habrá tiempo de cambiarla. Pero de una fotografía pueden hacerse reinterpretaciones y esta, a primera vista, me parece correcta», añadía anoche Martí Català.

De hecho, ni los hijos de Català-Roca ni su propio padre han sido nunca unos fundamentalistas en cuanto al uso de su trabajo con propósitos editoriales (el fotógrafo mantuvo una larga relación con la revista y la editorial Destino), aceptando que las necesidades de compaginación pueden aconsejar distintos encuadres de una misma imagen. El mismo fotógrafo optaba por encuadres muy abiertos que permitiesen distintos cortes de la imagen, y su uso frecuente de grandes formatos cuadrados le facilitaba extraer de una sola imagen composiciones verticales u horizontales, en planos generales o de detalle. Pero una cosa es recortar y otra añadir.

LAS SEIS DIFERENCIAS / La fotografía utilizada se trata, precisamente, de una de las primeras que hizo Català-Roca tras independizarse de su padre, Pere Català Pic, archivada con el número 1 en el fondo que conserva el archivo del Col·legi d'Arquitectes de Catalunya. «Fueron las primeras que tomó, hacia 1949, con una cámara de 13x18 que su padre ya no utilizaba. Forma parte de las fotografías que le valieron el premio Ciutat de Barcelona», recuerda Andreu Català.

La imagen original muestra a un guardia urbano con salacot en la confluencia de la Via Laietana, la calle Argenteria, vista desde la plaza del Àngel, dominada por el edificio de los sindicatos y con la sombra de Santa Maria del Mar al fondo de la composición.

La principal modificación ha sido eliminar al policía y sustituirlo por una mujer. Eso ha obligado a otros retoques, además de reencuadrar la foto: rellenar el agujero en el adoquinado y la fachada del edificio que quedan al retirar al policía, reconstruir la mitad del coche que también ocultaba el agente, eliminar el edificio que asoma por la derecha de la imagen y completar la mitad de la silueta de un peatón que quedaba cortada.