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Las citas musicales del verano

Las Migas, punto y seguido

El Grec acoge hoy el último concierto del grupo con Sílvia Pérez Cruz como cantante en Barcelona

Rafaela Carrasco bailará como invitada del singular cuarteto flamenco

LUIS TROQUEL
BARCELONA

En el anfiteatro del Grec no hay telón ni dónde ponerlo. Y casi mejor así, porque si no su caída hubiese parecido una metáfora. Pero no anunciaría el final de la función. Más bien el del segundo acto de una de las carreras más singulares que se recuerde. La historia de Las Migas poco tiene que ver con ninguna otra: desde su cosmopolita y casual formación hasta el dulce momento que hoy viven. O agridulce, porque las despedidas siempre tienen su lado triste.

No hace ni dos meses anunciaban que Sílvia Pérez Cruz dejaba el grupo para centrarse en su proyecto en solitario y esta noche será la última vez que cante con ellas en Barcelona. Contarán con la participación estelar de la bailaora Rafaela Carrasco y hace ya varios días que no queda ni una sola entrada a la venta. La ocasión se promete inolvidable. Será como apurar una copa hasta la última gota antes del próximo brindis. Porque Las Migas seguirán. Estrenarán nueva etapa dentro de pocos meses.

Primer acto

En los primeros meses del 2004, con 21 años recién cumplidos, Sílvia Pérez Cruz era ya la prodigiosa cantante que hoy todos reconocen. Pero apenas nadie la conocía. Nacida en el corazón de la Costa Brava, en Palafrugell, llevaba poco más de dos años instalada en Barcelona como estudiante de la Escuela Superior de Música de Catalunya (ESMUC). Allí también estudiaban la sevillana Marta Robles y la francesa Isabelle Laudenbach. Ambas tocaban la guitarra flamenca; algo que, incomprensiblemente, sigue viéndose como una anomalía cuando lo hace una mujer. Conocieron casualmente a Lisa Bause, una violinista alemana instalada en la vida bohemia, y formaron un grupo de intención ocasional y nombre de plato típico. Ellas precisamente, cuya característica más vistosa es la de no responder a ningún arquetipo. Habrá quien niegue a Las Migas el pan y la sal, pero es absolutamente indiscutible que lo suyo es único. De tan plural apariencia como singular naturaleza. Todavía no tenían repertorio propio y ya recorrieron media Europa meridional. Con el flamenco clásico como base fueron empapando su sonido de fado, tango, copla, bolero, música mediterránea y oriental.... Siempre a medio camino entre lo culto y lo popular. Grabaron una maqueta que se vendía como rosquillas en los conciertos. Incluso se la pedían en las tiendas, pero su único disco hasta ahora tardaría en llegar. Y con él, el segundo acto de esta historia.

El idílico jardín que su estampa evoca fue casi desde el primer día un camino de rosas y espinas. Como una pasional relación de amor a cuatro bandas. El disco no se publicaría hasta hace poco más de un año, con transgresora producción de Raül Fernández Refree y colaboraciones de lujo; entre ellas Javier Colina (con cuyo trío de jazz Sílvia actualmente arrasa con el proyecto En la imaginación) y el gaditano Antonio Romera Chipi, celebrado compositor revelación que les confeccionó a medida la pieza con que titularon el trabajo: Reinas del Matute. Tanto ha crecido la proyección de Las Migas desde entonces que al final se ha hecho incompatible con la versátil carrera de Sílvia Pérez Cruz, cuyo primer disco en solitario está por fin ya grabando.

Al Alba

El final de esta gira ha sido pues la crónica de una despedida anunciada, con dos fechas más todavía tras la de esta noche en el Grec. El 24 de julio en Canovelles y el 29 en la ciudad alemana de Núremberg. ¿El futuro de Las Migas visto para sentencia? No tendría porqué, dado el carácter de grupo que siempre han tenido. Su concepto femenino y plural ha sido una realidad interna y la elección de la nueva cantante no podía ser mejor. Con la premisa de que Sílvia era insustituible han optado por dejar fuera de lugar cualquier comparación al escoger una voz radicalmente diferente, la de la joven cantaora catalana Alba Carmona.

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