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LA NUEVA NORAH JONES

Melody Gardot, la cantante accidental

Víctima de un grave siniestro a los 19 años, la música le fue prescrita como terapia. Hoy, con 25, es una diva del jazz

ELIANNE ROS / París

Su historia es de novela. Reúne también todos los ingredientes para una superproducción cinematográfica muy del gusto de Hollywood: el drama, la lucha por superar la adversidad y un final feliz con fuegos artificiales. A los 25 años, Melody Gardot ha vivido todo esto en su propia carne y en grado superlativo. La música, útil para rescatar a su cerebro del abismo en el que la sumió un fuerte traumatismo craneal, la ha llevado al estrellato.

Algunos hablan de ella como la nueva Norah Jones. Otros la comparan con Diana Krall o Madeleine Peyroux. Hay que verla en escena para darse cuenta de que la Gardot es otra cosa. Una mezcla de blues, folk electrónico, ritmos latinos y, por encima de todo, jazz, interpretados con una voz profunda, sensual, y un estilo único. La seguridad que exhibe bajo los focos pese a su aspecto frágil, subrayado por su inseparable bastón, no se corresponden con su edad. «Tengo dos millones de años», responde Melody con aire misterioso al aludir a su juventud durante la entrevista celebrada en la suite de un lujoso hotel de París. Su espíritu es el de alguien que ha atravesado varias vidas. No es porque sí.

La joven de Nueva Jersey circulaba en bicicleta cuando un todoterreno la atropelló. A los 19 años, se encontró postrada en la cama. Hizo falta más de un año de rehabilitación para que volviera a caminar, pero no es lo que más preocupaba a los médicos. «Mis neuronas no conectaban. Yo creía que decía muchas cosas y me expresaba bien, pero esto pasaba en mi cabeza. En realidad, en todo el día, solo salían de mi boca un par de palabras inconexas. Pasé un año así», cuenta la artista.

El enésimo especialista que la examinó preguntó por sus aficiones. Su madre (ella tenía amnesia) mencionó que tocaba el piano en un local, algo que empezó también por azar. Su coche se quedó sin gasolina y fue caminando hasta un bar para pedir ayuda. Le preguntaron si sabía tocar el piano y empezó a ganar sus primeros dólares con lo que Melody consideraba un simple hobby. Nunca soñó con dedicarse a la música y, sin embargo, fue lo que despertó a sus neuronas. «De alguna manera le debo la vida», comenta. Para combatir del dolor, Melody pasaba las horas tocando la guitarra en la cama y componiendo sus canciones. De esa dolorosa experiencia saldría, su primer álbum, Worrisome heart (2008). Un año después, le siguió My one and only thrill, del que vendió más de un millón de copias.

La gira la llevó el año pasado hasta Barcelona, con una memorable actuación en el Palau de la Música en abril. «Aquel día estaba enferma. La acumulación de horas de vuelo me había indispuesto y me dolía la barriga. Estaba triste, tenía miedo de no estar a la altura», desvela.

Sin embargo, cuando salió a escena, se sintió transportada. «¡Qué lugar tan magnífico! Me acuerdo mucho de Barcelona y de su público. Me brindó una de las ovaciones más bellas que recuerdo. Me emocionó», recuerda Melody mostrando, por encima de sus eternas gafas oscuras ¿a consecuencia del accidente sufre de hipersensibilidad a la luz y al ruido (el brillo de sus ojos de color miel). «Es una ciudad muy hermosa, tiene un alma particular. Solo en París y en Barcelona he tenido la sensación de caer en los brazos del público. Espero volver».

Esta semana ha regresado a París para presentar su primera campaña de publicidad: una nueva línea de berlinas insonorizadas de Renault. ¿No es irónico que promocione justamente una marca de coches? «Si se tratara de un jeep no habría aceptado. Hasta ahora he rechazado la publicidad, pero la idea (una actuación de Melody es interrumpida por las taladradoras de una brigada de obra pública) de un sistema de aislamiento me resultó muy atractiva».

Es el tipo de campaña reservada a las celebridades. ¿Siente que ha llegado a la cima? «No es un sitio para estar. Espero no llegar nunca. Cuando me miro al espejo no noto nada diferente». Y termina la reflexión en tono poético: «Mientras las estrellas estén por encima de nosotros en el cielo, yo no soy una de ellas».

En cualquier caso, no corre el riesgo de confundirse con las demás. Su imagen, en la antítesis de Lady Gaga, es puro glamur. El miércoles dio un concierto privado tocada con un espectacular turbante con plumas digno de Greta Garbo. Fan de Albert Elbaz, diseñador de Lanvin, su idea del estilo hace pensar en las películas de los años 30: «Donde hay mucha oscuridad hay mucha luz».