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El 'boom' de la novela negra sueca

El Larsson más amargo

En 'Stieg et moi', la viuda del autor de 'Millennium' no escatima críticas hacia la familia y detalla la batalla legal por la herencia

La editorial francesa aplaza la publicación al día 19

ANNA ABELLA
BARCELONA

«No me olvides, pero continúa viviendo». Son palabras de una carta que un joven Stieg Larsson escribió en 1977 cuando estaba en África y pensaba que iba a morir. Iban destinadas a Eva Gabrielsson, hoy su viuda y con la que vivió 32 años aunque no llegaron a casarse. Y es el consejo que parece haber seguido la propia Gabrielsson, a quien iba destinada la misiva, según se desprende de su libro Millenium. Stieg et moi, del que ayer este diario avanzó diversos detalles y cuya publicación estaba prevista en Francia para el pasado 5 de enero.

Sin embargo, a día de hoy el libro está aún inencontrable en las librerías parisinas, según informa Elianne Ros, y tras varios días evitando precisar la fecha, la editorial Actes Sud, la misma que edita Millennium, anuncia en su web que aplaza la publicación hasta el día 19.

El libro, que Gabrielsson firma con la periodista Marie-Françoise Colombani, y que llegará a España el 5 de abril (Destino / Columna), está escrito en primera persona. En él, la viuda recuerda a su compañero

-«el hombre tierno, entusiasta, divertido, comprometido, generoso... El periodista, el feminista, el militante, el amor de mi vida»-; su infancia -fue criado por sus abuelos, que le inculcaron esa afán por combatir la extrema derecha y el nazismo-; o sus convicciones trotskistas y su viaje de juventud en misión política a Etiopía, donde la malaria estuvo a punto de terminar con él.

No evita hablar de la violación que Larsson presenció de joven y que no supo evitar ni tampoco la conmoción que para ella supuso, en noviembre del 2004, su muerte prematura a los 50 años, de un infarto. Escribir un diario y un terapeuta, afirma, la ayudaron a salir adelante -«Avanzaba como un zombie. Cada mañana me levantaba llorando»-.

Ahí empieza la parte más agria del libro, que termina dando alguna clave sobre la cuarta entrega de Millennium, que Larsson dejó inacabada y que supuestamente obra en su poder -el título provisional es La vengeance de Dieux (La venganza de Dios), referido a la venganza del personaje de Lisbeth Salander-.

Gabrielsson vuelca toda la amargura generada por la injusticia que supone que, al no haberse casado, la ley sueca reconozca solo como herederos al padre y al hermano de Larsson, con quienes este, explica, apenas mantenía contacto.

La viuda detalla ofertas y contraofertas cruzadas entre ambas partes desde hace siete años en una dura y triste batalla familiar. Los Larsson, que salen muy mal parados, le cedían, según ella, la mitad del piso compartido que no le pertenecía por ley a cambio del cuarto libro. Sintió «cólera, indignación, desesperación y pánico». Era «un insulto contra Stieg», afirma.

Gabrielsson, que dice tener claro que el hermano «juega a un doble juego», solo quiere la gestión de la herencia literaria a cambio de terminar la novela ella misma y rechaza el dinero, generado por los 40 millones de ejemplares vendidos amén de los derechos televisivos y cinematográficos.

Gabrielsson también habla de los personajes reales, la mayoría amigos, a los que Larsson regaló un papel en Millennium, como el boxeador Paolo Roberto o los doctores Svante Branden y Anders Jakobsson. Pero hay una clamorosa ausencia, la de Kurdo Baksi. Hace un año este publicó Mi amigo Stieg Larsson (Destino / Columna) y Gabrielsson le acusó, en palabras a este diario, de difamarle y calumniarle. En Stieg et moi, ella opina que los verdaderos amigos son los que «no recorren los platós televisivos, que no cuentan en la prensa o en libros recuerdos apócrifos y anécdotas extrañas sobre Stieg».

La boda que no fue

Por dos veces estuvieron a punto de casarse. La primera en 1983. Compraron dos alianzas, grabaron sus nombres y fueron a ver a un párroco, pero ninguno de los dos tuvo tiempo para los trámites. «La vida profesional se interpuso en nuestra vida privada». La segunda la truncaría la muerte. Larsson se lo propuso en agosto del 2004, «Millennium saldría pronto y sabíamos que nuestra situación económica mejoraría». Para la ocasión guardaban una botella de porto, (Quinta do Noval 1976), traída de Lisboa y que aparece en el piso de Salander en Millennium II. «Está hoy en mi cocina. No lo abriré nunca».