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Director electo de la RAE

José Manuel Blecua: «El catalán está en una posición más débil»

El nuevo director de la RAE mira hacia internet y considera que en Catalunya se puede vivir un bilingüismo sin conflicto

JUAN FERNÁNDEZ
MADRID

-Cinco días después de ser elegido director de la academia, ¿qué sensaciones tiene?

-La responsabilidad me agobia un poco, porque voy tomando conciencia del tamaño que tiene esta responsabilidad, pero es bonito, porque represento a una casa que está bien vista por todo el mundo, aunque su imagen a veces sea un poco acartonada.

-¿Por qué existe esa imagen?

-Hay quien piensa que los académicos vivimos en una burbuja, que nos resistimos a lo nuevo. La academia exige que las palabras tengan una pervivencia en el tiempo y una presencia en distintas zonas y obras para que entren en el diccionario. Puede que piensen que esto nos aleja de la realidad de nuestra lengua, pero mantener ese criterio es necesario. Nuestro trabajo consiste en ser notarios del uso de la lengua, no inventamos nada, solo registramos lo que la gente habla

-¿Se plantean ser más ágiles en el futuro?

-Debemos ser rigurosos. La lexicografía exige unos métodos científicos muy serios que no podemos saltarnos. Por otra parte, que una palabra no esté en el diccionario no significa que no pueda usarse. Los escritores y los periódicos utilizan continuamente términos que no aparecen en el diccionario y no pasa nada.

-Se anuncian grandes proyectos en internet. ¿La Academia piensa abrirse más al mundo en línea?

-El portal del español en internet estará funcionando el año próximo. Esto va a ser un recurso muy útil para acercarnos más a la sociedad.

-¿Qué encontraremos al hacer clic?

-Muchísima información. Por ejemplo, encontrarán todos los elementos que están usándose ahora mismo para construir el diccionario histórico, algo impensable en el pasado. Tenemos digitalizados 12 millones de fichas que son la base del diccionario normal. Eso es una hermosura. Encontrarán elementos del archivo y la biblioteca de la academia, que es monumental. Acercar eso a la gente de la calle y a los investigadores va a suponer un gran cambio. Internet es el futuro de la academia.

-La tecnología también transforma la lengua. ¿Le preocupa que en móviles y correos electrónicos se escriba de manera relajada?

-Sinceramente no, me parece algo anecdótico, no tiene importancia para el sistema lingüístico. Esa manera de escribir es útil y práctica, pero no es motivo de inquietud en esta casa.

-A veces cuesta entender un mensaje de móvil de un adolescente.

-Tengo una hija profesora de latín y griego que me escribe mensajes así, y le puedo asegurar que no le falta cultura. Se trata de meter la mayor información en 150 caracteres. Pero no hay más. Lo ideal sería poder escribir cuentos de 150 caracteres. Esto no entraña más peligro que las abreviaturas medievales. El correo electrónico ha favorecido la escritura entre jóvenes, porque les ha enfrentado al reto de construir párrafos, de argumentar, de sintetizar.

-Usted se presenta como un catalán de oposición.

-Yo estudiaba en Zaragoza, pero mi padre sacó una oposición en Barcelona y me mudé aquí para terminar la carrera. Luego hice oposiciones para ser catedrático de instituto y fui al Menéndez Pelayo, en la Via Augusta. Posteriormente fui fundador de la Universitat Autònoma, a la que pertenezco desde 1968.

-¿Y cómo lleva representar el castellano viviendo en una comunidad bilingüe como la catalana?

-Sin el menor problema. El bilingüismo es una riqueza. Al menos para mí, vivir en una comunidad bilingüe ha sido una de las mayores riquezas que he tenido como lingüista. Soy miembro electo de la Acadèmia de Bones Lletres de Barcelona y he llevado una vida universitaria bilingüe sin ningún conflicto. Y ahora será igual.

-Algunos sectores culturales catalanes han celebrado su nombramiento como un triunfo. Se le ve como 'uno de los nuestros'.

-Es un elogio que en Catalunya me vean así, aunque yo soy un hombre muy independiente.

-La lengua crea comunidades, pero a veces también resquemores.

-La lengua es un arma difícil de manejar cuando hay comunidades complejas, con una historia lingüística compleja. Yo llegué a Catalunya en un momento en el que la integración era muy fácil. Lo primero que hice fue estudiar catalán. Como estaba prohibido, el profesor Badia nos enseñaba en secreto. Yo me integré rapidísimo.

-¿Ahora la integración no es tan sencilla?

-Ahora la comunidad está más hecha y la integración en una lengua así es más complicada. Ahora hay que ir a clase. En aquellos años las clases de catalán las recibíamos en el metro.

-¿El castellano peligra en Catalunya como a veces se denuncia?

-En modo alguno está en una situación débil en Catalunya. Es el catalán el que está en una posición más débil frente a la potencia del castellano y que necesita ayuda, si vemos por ejemplo el número de medios de comunicación o de libros publicados en catalán. Eso explica por qué se utilizan procesos como la inmersión lingüística.

-¿Defiende usted la inmersión, o las cuotas de cine en catalán?

-No las puedo defender ni atacar, porque son decisiones políticas tomadas de acuerdo con los programas de los partidos que han ganado las elecciones y ajenas a las competencias de la Real Academia.

-¿Qué le gustaría que se dijera de su mandato?

-Que se ha reforzado el vínculo con América, que hemos avanzado en el uso de las nuevas tecnologías y que la academia ha respondido a las necesidades de la comunidad. El primer documento de esta casa decía que estamos «al servicio de la nación». También me gustaría dejar un recuerdo de diálogo.