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Pequeños placeres

Albert Espinosa

Artículo 182. Creo que lo más extraordinario de la vida ocurre cuando la gente te cuenta esa pequeña manía que le produce placer. Normalmente son cosas que no llegas a comprender por qué las hacen, pero te das cuenta de que son las que más les definen. Es altamente complicado conseguir que te las expliquen. Han de juntarse casi 182 variables. Una gran amistad o amor, una noche especial, una temperatura, un lugar en el que te sientas cómodo, una música determinada o un silencio absoluto... Sea lo que sea, si existe, justo en ese instante te dirán: «¿Te puedo contar un secreto sobre mí? ¿Sabes qué hago a veces...?» Y tú replicarás que sí, que te lo cuente. Necesitarás saberlo.

Pues os he de decir que justamente el otro día me contaron uno de esos pequeños placeres y me permitieron reproducirlo en esta columna. Una amiga me relató que... Bueno, os lo cuento después de lo mejor de mi semana.

Tercer lugar. Pequeños invasores (DVD). Parece una película destinada al público infantil, pero cuando la ves descubres que habla sobre la esencia de todo lo que deseamos ser en el mundo. Altamente divertida.

Segunda posición. Delicades (Teatre Poliorama). Un precioso texto acompañado de unas deliciosas interpretaciones. Lo mejor es que todo tu esófago no para de soñar y volar a otros tiempos y otros deseos. Marta Pérez está inconmensurable.

Primer puesto. Norah Jones (Festival de Peralada). Su excelente música en ese increíble paraje al aire libre consiguió transportarme a momentos de mi infancia ya olvidados. Sensacionales los bises con todos los músicos juntos y peleándose por sonar.

Y volviendo a mi amiga y su pequeño placer. Es tan solo un detalle, algo casi insignificante pero que la define a la perfección. Aquella noche, en aquel lugar, con aquella temperatura y aquel silencio roto por truenos me dijo: «Sabes, me gusta ser la primera en aplaudir en cualquier espectáculo, conferencia o espacio... Me encanta ser la que rompe a aplaudir...» Y seguidamente aplaudió.

Y me sentí feliz... Por la felicidad de que alguien te cuente su pequeño placer y porque además por fin había conocido a una de esas personas que inician aplausos en este mundo.

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