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interferencias

Entre lo artístico y lo político

Nando Salvà

Al frente de la Academia, Álex de la Iglesia le ha lavado la cara al cine español. Organizó la mejor gala de los Goya que se recuerda y orquestó la esperada reconciliación de Almodóvar con el órgano que preside, y durante su mandato nuestro cine ha vivido un año glorioso –más de 100 millones en taquilla–.

Pero también ha sido un periodo enormemente convulso. La orden ministerial redactada por Cultura para regular cómo se reparte el dinero del cine provocó una guerra. El colectivo Cineastas contra la Orden se quejó ante Bruselas de que el texto vulneraba la legislación europea, así que las ayudas fueron bloqueadas, provisionalmente. Durante el proceso, De la Iglesia apoyó al ministerio y culpó a sus colegas. Ahora el ministerio lo galardona. ¿Es un favor devuelto, un pago?

Tal vez, pero, ante todo, es reconocer a quien ha dignificado nuestro cine de género y ha modernizado nuestra industria. Pregunten a Amenábar, a Balagueró, a Bayona… Todos citan a De la Iglesia como influencia. Merece este premio.

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