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GREC

Joan Ollé recoge en 'Nô' cuatro historias de amor de Mishima

El director adapta textos cargados de lirismo y concebidos «al gusto occidental»

Montserrat Carulla Enric Majó y Joan Anguera, entre otros, conforman el reparto

IMMA FERNÁNDEZ / Barcelona

«Son cuatro historias que visitan los lugares más oscuros del corazón y hablan de la complejidad del amor». Así define el director Joan Ollé los cuentos del escritor, dramaturgo y cineasta japonés Yukio Mishima (1925-1970) que lleva a escena en Nô, montaje que inaugura hoy (y hasta el 11 de julio) una nueva sala en el Mercat de les Flors, dentro de la programación del Grec. Dafnis Balduz, Enric Majó, Victòria Pagès, Joan Anguera, Marta Marco y Montserrat Carulla conforman el reparto de esta aproximación al renovado teatro Nô del maestro nipón que Ollé define como «un cóctel entre orientalismo y occidentalismo».

El director recordó durante la presentación de su espectáculo la poliédrica figura de Mishima (1925-1970) –«escritor, actor, director de cine y teatro, modelo publicitario, homosexual y padre de familia ejemplar»– y su suicidio según el ritual seppuku (decapitado). «Deconstruyó los antiguos argumentos del teatro Nô, combatiendo con la contemporaneidad el peso del milenario Japón; lo despojó de su carácter arcaico, y convirtió un género de drama musical en algo moderno», explicó Ollé, que abordó este montaje por encargo de Ricardo Szwarcer, director del festival Grec, que este año ha abierto sus puertas, como país invitado, a la cultura del sol naciente.

CONFLUENCIA CON LORCA / El creador de El jardí dels cinc arbres adapta unos textos cargados de lirismo que el autor concibió al «gusto occidental e incluso confluyen con el García Lorca más surrealista». El primer cuento, Yoroboshi, relata el desesperado amor de unos padres por su hijo, que, ciego por el bombardeo de Hiroshima, no les corresponde en sus afectos. Hanjo trata sobre la pasión de una mujer por otra, que a su vez está enamorada de un hombre; Aoi, sobre la desgracia de un hombre que no se atrevió a querer y es visitado por el fantasma de la mujer que no estimó y, en Sotoba Komachi, se narra el romance entre un poeta veinteañero y una anciana de 99 años.

Sobre un tatami, con el público a dos bandas, los actores se imbuyen de la escritura «sin dramatismos y poética» de Mishima, respetando la pausada y ritual gestualidad japonesa. «Es un espectáculo perfectamente comprensible que aborda, fusionando comedia y tragedia y con un estilo formal distinto al nuestro, los temas eternos: el amor, el paso destructivo del tiempo, la muerte...».

Parecen escritos hace 15 días, agrega Ollé, que percibe asimismo en los conflictos que se apuntan una mirada freudiana, pasada por el tamiz del humor. «Cuando acaba la guerra del día, llega la de la líbido, la cama, los abrazos, la sangre, la pasión... Otra guerra», apostilla.

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