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El futuro de nuestras orejas

Jordi Puntí

Sin hacer ruido, antes del fin de semana más musical en Barcelona, ha ocurrido algo que puede cambiar el futuro de nuestras orejas: ha empezado a morir la música ambiental. Esas melodías neutras, compuestas para llenar espacios sin personalidad como los ascensores, aeropuertos, teléfonos en espera o consultas de dentista, perdieron el otro día una batalla importante. El lugar escogido no puede ser más emblemático –el centro comercial L'Illa Diagonal de Barcelona– y el gesto de sus responsables puede verse como una eutanasia metafórica: se desconectó el hilo musical. Ahora, cuando vayamos a comprar a L'Illa, ya no oiremos de fondo esos ritmos monocordes de los que nadie se hace responsable. En su lugar escucharemos una serie de notas acústicas generadas por un ordenador. ¿Raro, verdad? Es que esto hay que contarlo bien...

Todo nace del proyecto Domus, que han elaborado la gente de Gràcia Territori Sonor y L'Illa Diagonal. Domus son las siglas de «Dispositiu Omnímode de Moviment i Ubicació Sonors» y quiere explorar las relaciones entre música y espacio.

Así, el arquitecto Ramon Faura, el ingeniero de sonido Albert Guitart y el ingeniero informático Ignacio Lois idearon un programa que, a partir de sonidos grabados (como los pájaros que viven en ese barrio, por ejemplo), combinaciones electrónicas y cálculos de azar entorno a la afluencia de visitantes, crea «un flujo de situaciones acústicas en constante modificación». El resultado es que los 233 altavoces del centro comercial emitirán un sonido que no quiere imponerse.

La iniciativa es original y demuestra que los gestores de L'Illa tienen una mentalidad abierta. La principal virtud de Domus es que torpedea la diferencia entre escuchar y oír. Es una distinción que está en casi todas las lenguas: uno escucha lo que quiere, pero oye lo que los otros quieren. La música de ambiente se deformó con el tiempo y pasó de un verbo al otro. En 1917, Erik Satie creó la música de mobiliario para ser escuchada como algo «industrial». Brian Eno grabó su Música para aeropuertos para relajar a las salas de espera. Como siempre pasa, la reducción comercial de estas ideas –el sistema muzak americano, por ejemplo– supuso la banalización. Ahora Domus puede dar vuelta atrás y empezar la reconquista de nuestras orejas.

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