19 feb 2020

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Katia Buniatishvili: Predestinada para la música

MARTA CERVERA
BARCELONA

Katia Buniatishvili lleva la música en la sangre. Aunque ninguno de sus progenitores es profesional de instrumento alguno, la pasión melómana de su madre entró en sus venas cuando escuchaba la música de Mozart y Brahms desde el vientre materno. «Mi madre nos ha inculcado a mí y a mi hermana, que también toca el piano, el amor por la música», dice esta joven georgiana (Batumi, 1987) de pelo negro y mirada profunda.

Tiene 22 años, pero, hablando con ella, se la nota madura. Sumergirse en las grandes obras del clasicismo y el romanticismo le ha aportado otra manera de entender el mundo. Nunca se sintió extraña junto a un piano, ni cuando a los 6 años dio su primer concierto con la Orquesta de Cámara de Tiblisi. Le gusta acariciar las teclas del piano como si el instrumento fuera un medio capaz de traslararla a otra dimensión. «La técnica es imprescindible para poder sacar a relucir tu alma cuando tocas, sin duda. Pero lo más importante para mí es tener una personalidad propia y hallar eso no es fácil, requiere mucho esfuerzo», explica en un inglés con fuerte acento extranjero que intenta pulir desde que vive en Viena.

«Viajo poco a mi país. Ahora me resulta más fácil llevar a mi familia conmigo», confiesa esta alumna de Oleg Maisenberg, a la que Gidon Kremer ha elogiado. Con él hará su próximo proyecto, una gira con la Camerata Báltica por Italia. «Me hace mucha ilusión volver a tocar con él. En el pasado me invitó al Festival Internacional de Música de Cámara de Lockenhaus. También la aclamada Martha Argerich quiso contar con ella en su festival, algo que la enorgullece. Contar con el apoyo de músicos relevantes es la mejor tarjeta de visita y llegar a la final de reputados concursos, como el de Arthur Rubinstein, también. «Aquel concurso fue especial porque supuso una experiencia nueva. Haber tenido tanta trascendencia en los medios y que se retransmitiera por televisión me hizo llegar a mucha más gente», recuerda. «A raíz de aquello me contrataron en varios lugares».

MOZART, BACH Y BRAHMS / Nunca sintió presión para convertirse en profesional. «Jamás me planteé qué sería de mayor. Convertirme en pianista ha sido algo natural», asegura esta joven curiosa y alegre que pone en lo alto de su top 10 particular el célebre Réquiem de Mozart. Entre las piezas para piano que la pierden destaca las de Shostakovich, Bach, Brahms, Schuman y muchos más. «Es imposible quedarme solo con una».

De entre las obras contemporáneas le encantan las de Penderecki. «No toco demasiada música contemporánea porque muchas veces no entiendo las piezas, hay demasiado conflicto en ellas y no me siento a gusto interpretándolas», señala, consciente de que una gran parte del público opina igual. Pero no descarta seguir buscando por si halla algo que se ajuste a su sensibilidad.