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Ganadora del Premio Josep Pla

Llucia Ramis: «Barcelona es muy 'egosurfing'»

ERNEST ALÓS
BARCELONA

La periodista Llucia Ramis ha construido la novela ganadora del Josep Pla, Egosurfing, a partir de una práctica en internet (llamada también Vanity searching o Egosearching): buscar información sobre uno mismo. Pero los comportamientos narcisistas en la red son muchos más, y en su segunda novela los transforma en una trama que relaciona a una redactora de un reality, una escritora de autoayuda y un acusado de violencia doméstica a quien le cae encima una bolsa de basura.

–Convertir la experiencia de internet en un género literario parece que se va a convertir en una moda.

–Por eso no he escrito una novela sobre cómo se busca la gente en internet. Facebook, o Twitter, son efímeros. Lo lo que es definitivo es cómo ha cambiado la relación entre la gente. Necesitamos llamar la atención, convertirnos en el centro de referencia para entender lo que pasa. Buscamos la confirmación de que somos importantes, somos unos niños diciendo mira lo que he hecho.

–Se dio de alta en Facebook para escribir la novela. ¿No le da miedo cómo la gente se exhibe ante desconocidos?

–Lo primero que hice fue advertir a todo el mundo que fuera con cuidado porque lo que escribieran era susceptible de salir en la novela. Lo que veo en Facebook es exhibicionismo puro. La intimidad ya no es posible. Engancha, pero cualquiera se te cuela en casa. Tenemos la vida de todo el mundo en nuestra casa y estamos en casa de todo el mundo.

–¿Hace que sus personajes se relacionen en internet, o que se comporten como lo hace la gente en internet?

–Normalmente se dice que la vida virtual imita a la real. Quería hacer una metáfora a la inversa: enseñar cómo la vida real reproduce la virtual. Me gustaba ver cuáles son las posturas de la gente que participa en Facebook y llevarlas a la vida real: el egocentrismo, la vanidad, la necesidad absoluta de que todo lo que digas provoque una reacción y que todo el mundo esté pendiente de ti. Los personajes, como en internet, explican a gente que no conocen muchas más cosas de las que explicarían a su propia familia. Impostan un yo que no es el suyo, se vinculan entre sí de una forma muy extraña como sucede en las redes sociales de internet. Y todas estas relaciones tienen un objetivo en el que el yo es lo más importante: ligar, encontrar trabajo... Se muestran como no son para conseguir lo que quieren.

–Dice que en su novela, la red social es Barcelona.

–Barcelona es una ciudad muy egosurfing. No te puedes perder, en la calle está todo etiquetado, sabes que estás en el Raval, en la Ciutadella, en un punto Gaudí... No es como un parque temático, pero un poco sí. Barcelona se exhibe como mi fuese Nueva York, París o Londres. Y no lo es. Esto de ir explicándo qué guay que eres es muy egosurfing. Y es una ciudad que evoluciona pero que no respeta lo que fue: ya no puedes volver al Poblenou de hace 10 años.

–En la novela aparece también la televisión. Entre la exhibición en internet y la televisiva no va tanto...

–Entre capítulo y capítulo hay cuentos sobre la televisión: sobre El Diario de Patricia, Gran Hermano, los programas de madrugada que reparten dinero... La televisión también ha creado esta necesidad de ser famoso.

–¿Teme que la encasillen como cronista generacional?

–Yo soy periodista, no tengo imaginación y solo sé hablar de lo que conozco.