El Periódico de Catalunya

Lunes 21 mayo 2018

Inicia sesión

Inicia sesión con tu cuenta de El Periódico

Olvidé la contraseña Política de privacidad

Si todavía no eres usuario, Regístrate

TURISMO CONTRARRELOJ

Descubre cómo llegar siempre a tiempo

Te proponemos una ruta para cruzar los 10 distritos de Barcelona sin mirar la hora en el móvil. Estos son los relojes callejeros más curiosos

Descubre cómo llegar siempre a tiempo

Campanarios, relojes de sol, de aguja, con carillón; con historia, emblemáticos, reivindicativos, de diseño e incluso alguna obra de arte… Nadie se acuerda de ellos ni del papel que durante siglos han jugado en la organización de la vida social. Pero siguen ahí, marcando el ritmo frenético de esta ciudad. Hay tantos a la vista que podríamos recorrer con puntualidad los 10 distritos sin mirar el móvil. ¿Que no? Ahí va una ruta contra reloj. 'Tempus fugit'. Así que tic… tac.

— 1 —

Ciutat Vella

LA HORA OFICIAL

El reloj de la "Hora oficial", fundado en 1891, en la Reial Acadèmia de Ciències i Arts (Rambla, 115). FABRIZIO CORTESI

Barcelona tiene hora pública desde 1410 gracias al campanario de la catedral (plaza Nova), donde a más de 53 metros de altura Eulàlia marca las horas y Honorata, los cuartos. Sin embargo, desde finales del siglo XIX el reloj de la Academia de Ciencias y Artes (Rambla, 115), con el cartel de "Hora oficial" tomó el relevo como referente horario. Su artífice, el meteorólogo y sismólogo Carles Fontserè, creó este reloj en 1891 con una aproximación de un minuto. Hasta 1926, la Academia determinaba la hora mediante observaciones astronómicas realizadas desde las cúpulas del edificio. En 1971 sustituyó todos sus relojes mecánicos por una instalación de cuarzo que sigue funcionando con una precisión de una décima de segundo. Desde aquí, si el tiempo no apremia, merece la pena caminar Rambla abajo hasta el Moll dels Pescadors y mirar la hora en la Torre del Rellotge, construida en 1772 como faro y reconvertida, tras las remodelaciones del puerto del siglo XIX, en un peculiar reloj de cuatro caras.


— 2 —

Eixample

TIEMPO CON SIFÓN

El reloj del sifón, un reclamo publicitario de la desaparecida fábrica de sifones Púertolas, instalado en 1960 (avenida de Roma, 105). FABRIZIO CORTESI

En la plaza de Catalunya no pasa desapercibido el reloj esférico giratorio en lo alto del antiguo edificio del BBVA, reconvertido en un Zara (esquina Bergara), obra del arquitecto Pedro Candonya e inaugurado en 1952, aunque el reloj no se instaló hasta los 70. Las manecillas que marcan las horas, en números romanos, miden dos metros y el conjunto pesa casi dos toneladas. Cerca, el reloj de la torre del edificio de la Universitat de Barcelona domina la plaza con sus campanas de 1877 montadas en una estructura de hierro, hoy uno de los emblemas de la institución. Pero, para curioso, el reloj del sifón empotrado en una fachada (avenida de Roma, 105), construido en 1960 como reclamo publicitario de la fábrica Puértolas, conocida por su marca Geiser, con licencia para comercializar la Orange-Crusch de EEUU desde 1929 y que elaboró a partir de 1945 horchatas y jarabes.

El reloj de sol más grande

SEl reloj de sol más grande de Barcelona está en Montjuïc. Mide 136 metros de altura, está realizado en acero y recubierta en su base por trencadís, un evidente guiño al arquitecto modernista Antonio Gudí. Su enorme silueta blanca y curva, dicen los entendidos, recuerda a un atleta sosteniendo la antorcha olímpica. Y se puede ver desde muchos puntos de la ciudad. Sí, la torre de telecomunicaciones de Montjuïc, construida por el arquitecto valenciano Santiago Calatrava, es uno de los elementos más conocidos de la Anilla Olímpica, pero también fue diseñada para actuar como reloj de sol, al proyectarse la sombra de su aguja central sobre la plaza de Europa, ubicada justo al lado.


— 3—

Sants-Montjuïc

TORRES BAJO EL SOL

Montjuïc siempre ha sido un lugar estratégico desde donde defender la ciudad, y, por qué no, para marcar su ritmo. Ahí está la torre del castillo en la que en 1777 se grabaron sobre la piedra dos relojes de sol verticales, uno declinante a levante (marca de cinco de la mañana a dos y media de la tarde) y otro declinante a poniente (de once de la mañana a siete y media de la tarde). Detrás del MNAC, en la fachada del Mas del Jardí Botànic Històric, Eolo y Tifón protagonizan una escena mitológica sobre el polo desplazado a la derecha de un reloj de sol rectangular, bajo una leyenda en latín: Progredior ultra retro no referar.

Ya en el barrio de la Bordeta se dibuja la silueta de la torre de la estación de la Magòria (Gran Via, 247), construida en 1912 por Josep Domènech Estapà, punto de inicio de la línea Barcelona-Martorell (Baix Llobregat) y hoy reconvertida en casal cívico. Bajo la cubierta de tejas verde oscuro y rojo, el reloj que corona la torre nos recuerda que el tiempo pasa sin prisa pero sin pausa.


— 4—

Les Corts

ARTE, DISEÑO E INTERACTIVIDAD

El reloj de sol analemático de la plaza de Maria Cristina mide 10 metros de diámetro y necesita sol y una persona que haga de nomon para funcionar. FABRIZIO CORTESI

Cuando menos te lo esperas, el tiempo se te echa encima, se deforma, se estira, se acorta... Una representación fiel de esa sensación se halla en el portal de la calle de Numància, 168. El 3, el 6 y el 9 se han salido de su sitio en el extraño reloj cuadrado diseñado en 1994 por Javier Mariscal. Una obra de arte. Diseño, como el que destila el reloj de sol analemático de la plaza de Maria Cristina. Ideado en 1997 por Eduard Farré i Olivé y creado por Quim Deu, tiene 10 metros de diámetro y en él figuran las coordenadas de su localización (41º 23’ 18” N y 2º 07’ 38” E). Su principal característica es la interactividad: para funcionar necesita una persona que haga de nomon. Es sencillo: el reloj está formado por un analema, una elipse cerrada en forma de ocho en cuyo trazo figuran los meses del año. Solo hay que situarse sobre el mes correspondiente: la sombra que se proyecta marca la hora.


— 5 —

Sarrià-Sant Gervasi

JOYA MODERNISTA

Una farola-reloj modernista marca el tiempo en el interior del mercado Galvany. FABRIZIO CORTESI

Tanto correr de un sitio para otro bien merece una parada de avituallamiento con productos frescos. En la encrucijada entre las calles de Santaló, Calaf, Amigó y del rector Ubach, el tiempo se detiene ante la imponente silueta del mercado de Galvany (1868), una pequeña joya arquitectónica modernista. La nave, de obra vista, está dispuesta en forma de cruz griega, con una gran cúpula central octogonal con siete vidrieras modernistas en cada uno de sus lados. Y dentro, bajo ese foco natural, entre dos paradas que forman un anillo, la estrella del mercado: una farola modernista coronada por un reloj de la época que ha sobrevivido a dos restauraciones del edificio (1964 y 1994).


— 6 —

Gràcia

SOL Y RESISTENCIA

El Astrolabio, reloj escultórico de Joaquim Camps, en la plaza del Sol. FABRIZIO CORTESI

Un peculiar reloj de sol se alza en la plaza que lleva el nombre del astro rey, qué mejor homenaje. 'El Astrolabio' es una escultura de bronce de Joaquim Camps de 1987, un reloj de tipo ecuatorial en forma de semiesfera vacía, rodeada por los 12 signos del zodiaco, que representa el ecuador de la tierra. Una barra central representa el eje del planeta y, al mismo tiempo, gracias a la luz solar, indica la hora sobre las líneas grabadas en su interior (de seis de la manaña a seis de la tarde).

Otros dos relojes de sol destacables son el de la fachada de los Lluïsos de Gràcia (plaza del Nord) y el de Can Tusquets (Travessera de Dalt, 61), una casa de payés del siglo XVIII. Pero el top ten de los relojes de Gràcia es el campanario de la plaza de Rius i Taulet (1862-1864), del arquitecto Antoni Rovira i Trias. La torre, de 33 metros, está coronada por un reloj de esfera, obra de Albert Billeter. Todo un símbolo de resistencia: la campana que da las horas soportó el bombardeo de la revuelta popular de las Quintas de 1870.


— 7—

Horta-Guinardó

CAMPANAS PARA EL PUEBLO

El popular reloj de sol, en la fachada de Can Mariner (a la derecha). A pocos metros, el del campanario civil de Horta. FABRIZIO CORTESI

"Mentre el sol em tocarà, sabràs l’hora que serà", reza el lema en la parte inferior de un colorido reloj de sol situado en la fachada principal de una de las masías históricamente más importantes de Barcelona, la de Can Mariner (Vent, 1), hoy convertida en biblioteca.

Un reclamo que sin duda invita a detenerse en ella, aunque solo el tiempo justo, hasta que la mirada tropieza con la silueta del campanario de Horta (Horta, 65), con su reloj de cuatro esferas. Remata la construcción una torre metálica a base de cuatro palos redondeados entre los que cuelga una enorme campana y, más arriba, otra más pequeña. La iglesia parroquial del antiguo pueblo de Horta era muy humilde, así que la autoridad civil levantó esta torre hacia 1845, pensada para que sus campanas pudieran oírse desde Sant Genís dels Agudells, el núcleo del que dependía, y marcaran así el ritmo de su población trabajadora. Y siguen sonando.


— 8—

Nou Barris

JUEGOS Y LUCHA VECINAL

Can Verdaguer (Piferrer, 94), convertida en centro cívico en el 2013, es la masía mejor conservada del distrito. Su origen se remonta a la época medieval y entre los elementos que han sobrevivido al paso del tiempo destacan sus dos relojes de sol: uno orientado a levante –los números y el marco con filigranas conservan el trazado original– y otro, a poniente, rediseñado. Recuerdos de un pasado lejano y rural, pero también de otro más reciente y reivindicativo, como el del reloj que preside la torre del ascensor del metro de Canyelles, símbolo de la lucha vecinal que logró llevar el metro al barrio.

El lado más lúdico del tiempo habita en el parque central de Nou Barris (plaza Major), en el sarastro diseñado por los arquitectos Andreu Arriola y Carme Fiol y Escofet en 1995. Se trata de una fuente de chapa de acero inoxidable cilíndrica rematada por una cubeta plana y un disco grabado con las horas de un reloj solar. El surtidor, que hace la función de nomon, se prolonga en el arco de agua que nace de la fuente. La sombra sobre el disco indica la hora. Beber para creer.


— 9—

Sant Andreu

MADERA MACIZA

El centro histórico de Sant Andreu tiene como epicentro la plaza del Comerç, conocida como la plaza del reloj por el que cuelga en una de las fachadas desde 1929. En el 2005, su carcasa fue sustituida por otra hecha de madera de pino macizo por dentro y de iroko barnizado por fuera. El reloj –de 1,5 metros de altura, 2,125 de ancho y 0,45 de fondo– no ha conservado las columnas ni el tendal antiguo.

Aunque "La hora solar del poble de Sant Andreu de Palomar", así reza en su inscripción, la marca el reloj de sol vertical radial, con las horas en números romanos, que puede verse en la fachada de rectoría de la parroquia de Sant Andreu (Pont, 3).


—10—

Sant Martí

PRESENTE Y PASADO

El atípico reloj de sol bifilar diseñado por Rafael Soler Gavà, instalado tras los JJOO en el espigón del Bogatell. FABRIZIO CORTESI

El reloj de sol bifilar de la explanada del espigón de la playa del Bogatell es uno de los más atípicos de Barcelona. Diseñado por Rafael Soler Gayà, fue instalado en el año 1993. La fecha y la hora vienen dadas por la intersección de las sombras de las dos láminas de acero de la estructura, sobre una plataforma circular de 6,8 metros de diámetro con el zodiaco y las horas. Longitudinalmente se leen las horas y transversalmente, la fecha.

Nada que ver con la esencia martinenca  que destila el edificio neoclásico de Pere Falqués, que acoge la sede del distrito (plaza de Valentí Almirall, 1), rematado por una torre de pizarra rectangular rojiza coronada por su reloj de aguja de cuatro caras, testigo de la anexión del municipio en 1897.