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Jueves 20 septiembre 2018

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CIUDAD ON

Sal de noche a pillarte un buen 'paddle surf'

Se te quedará la misma cara que si hubieras estudiado para aprobar un máster de la Rey Juan Carlos. Hace meses que se ven en la Nova Mar Bella objetos brillantes no identificados. En Blue Salt School, salen de noche sobre tablas con luces

Sal de noche a pillarte un buen 'paddle surf'

Cuatro iluminados durante una salida nocturna de Blue Salt School. Sábado noche sobre tablas de paddle surf con luces, frente a la playa de la Nova Mar Bella. ALBERT BERTRAN

Es noche cerrada. No te distinguiría ni Albert Rivera aunque llevaras encima diez lazos amarillos. Sábado noche, playa de la Nova Mar Bella. Si pasara Iker Jiménez por aquí, abría un expediente X fijo. ¿Pero qué…? Se te queda la misma cara que si hubieras estudiado para aprobar un máster de la Rey Juan Carlos. Se ven en el mar seis luces con aura de ovni.

«Es otra forma de salir de noche», decía Cintia poco antes de convertirse en un objeto brillante no identificado. «¿Dónde fuiste?», hace como que le preguntan. «Al agua y con luces», se responde entre risitas. «Fiesta no tiene por qué ser sinónimo de alcohol», se encoge de hombros. Y, encima, aquí se puede comprobar in situ tras una hecatombe amorosa que hay muchos peces en el mar. Hace meses que salen de noche sobre una tabla de 'paddle surf' luminosa. «Las salidas nocturnas han tenido un montón de éxito», asegura Eva Villazala, una de los cuatro socios de la única escuela que las organiza en Barcelona. Las noches de luna llena las tienen que gestionar con dos meses de antelación.

Blue Salt School (Provençals, 3). Según entras por la puerta, te encuentras a un tipo sonriente tocando la guitarra tras una mesa-mostrador. «Rock y bicis», suelta en plan mantra. Es Barcelona Beach Bikes. La escuela de surf está en el piso de arriba. Pequeña, envolvente. Clima de confianza instantánea. Como si acabaras de entrar en el piso de 'Friends'. «Es una escuela, pero desde una vertiente más artística», resume Eva. De hecho, ella es también directora de lamono, veterana revista de 'skate' y surf. Entre las hileras de tablas, hay una mini exposición con ilustraciones surferas de Matthew Wigglesworth.

Aún es de día. 20.30 horas. «Entramos siempre un poquito antes para ver atardecer», justifica Eva. Te dan camiseta, tabla, remo, y a la playa. «Vamos a pasarlo bien», dicen ya a pie de orilla Ginés Pedrero y Albert Sanz, otros dos socios de Blue Salt, los instructores de 'paddle'. «Se acercan pececitos a veces», adelanta Cintia, la única noctámbula veterana del grupo. Han llegado a cruzarse con rayas, asegura Ginés. ¿Lo más raro que han visto? «La gente de la orilla», se ríe.

LO+

Las vistas. La calma. El silencio. Se te quitaría el estrés de golpe aunque estuvieras en varios grupos de padres de Whatsapp.

LO-

Rezarás para no perder el equilibrio. Con las luces ves nítidamente hileras de medusas tamaño trolebús..

«Estas luces no se encuentran en Europa –Albert muestra la parte de abajo de la tabla con orgullo de padre–. Vienen de California». Duran dos horas, informa al grupo. «Si alguien se pierde –bromea–, que sepa que tiene dos horas de luz».

Entras en el agua con la misma desconfianza que una rubia en una peli de miedo. Enciendes las luces y –¡¡oooooh!!–, pero si parece un yacusi móvil. Te quedarías embobado si no te estuvieras moviendo en plan Chiquito para no caerte de la tabla. Por algo recomiendan haber hecho alguna sesión diurna de 'paddle' antes. Hoy el mar está «movidito».

Albert te va dando instrucciones con efecto Trankimazin. «Pies en paralelo», «piernas semiflexionadas», «mira hacia delante», «no dejes de remar». «Respira». Tono de 'coaching' para equilibrarse.

«¡GUAU!, ¡VIENEN DE LA LUNA!»

Vamos a «la piscina», dice. Está justo detrás del espigón del Fòrum. Ah, esto es otra cosa. El agua está plana. Ya te puedes regodear: te cruzas con pececitos que saltan sobre el agua e hileras de medusas que se ven hasta bonitas con distancia de seguridad. El grupo se mueve en formación a lo invasión extraterrestre. «Los niños alucinan –asegura Albert–. Dicen: ‘¡Guau!, ¡vienen de la Luna!’».

¿Lo que más gusta? «La tranquilidad», dice Guillem, uno de los paddle-noctámbulos novatos. «Las vistas». El silencio. Se te quitaría el estrés de golpe aunque estuvieras en varios grupos de padres de Whatsapp. Y, tras hora y media sobre la tabla, unas cervezas en la escuela. «Es sábado noche», sonríe Eva.

  Las salidas nocturnas cuestan 25 €. Este domingo, 16, irán a ver sobre el mar los fuegos artificiales del Poblenou. De día, practican sobre la tabla yoga y hasta entrenamientos funcionales. Una vez al mes, colaboran con SUPerando, asociación que facilita la práctica de surf y SUP (Stand Up Paddle) a personas con diversidad funcional. «Acaban con una cara de felicidad –asegura Eva– que es impagable».