Polémica Copa del Mundo

Las principales ciudades francesas boicotean el Mundial de Catar

  • París, Marsella, Burdeos o Estrasburgo anuncian que no instalarán pantallas gigantes ni zonas para aficionados

  • Justifican su decisión por el impacto ecológico y los accidentes laborales que salpican la competición

Las principales ciudades francesas boicotean el Mundial de Catar

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Enric Bonet

Las principales ciudades francesas boicotearán el Mundial de Catar. Los ayuntamientos de París, Marsella, Estrasburgo o Lille no instalarán pantallas gigantes ni zonas para aficionados durante la cita mundialista, que se celebrará entre el 20 de noviembre y el 18 de diciembre. Estas localidades, con gobiernos municipales de izquierdas, han tomado esta decisión para expresar su rechazo a una competición salpicada por los accidentes laborales y por el dispendio energético y medioambiental que supondrán los estadios con aire acondicionado. Sin duda, este anuncio no resulta anodino en un país como Francia, actual campeona del mundo y que vive con fervor los partidos de los bleus.

“No nos hemos planteado instalar zonas de difusión de partidos por varios motivos: el primero de ellos son las condiciones de organización de esta Copa del Mundo, tanto respecto al medio ambiente como a nivel social”, dijo el lunes por la noche Pierre Rabadan, concejal de Deportes en la capital francesa, que organizará en 2024 los Juegos Olímpicos. Este edil reconoció que otra de las razones que había contribuido a esta decisión había sido que el torneo tenga lugar entre finales de noviembre y diciembre, unas fechas en que el frío no invita a ver los partidos en pantallas gigantes. 

“Tengo la impresión que si Burdeos acogiera estas áreas para aficionados sería cómplice de este acontecimiento deportivo que representa todas las aberraciones humanas, ecológicas y deportivas”, declaró el alcalde de Burdeos, el ecologista Pierre Hurmic, quien precisó que hubiera tomado la misma medida si el torneo se hubiera celebrado en verano. “Esta competición se ha convertido progresivamente en una catástrofe humana y medioambiental, incompatible con nuestros valores”, añadió el Ayuntamiento de una localidad tan futbolera como Marsella. Desde las elecciones municipales de 2020, casi todas las grandes localidades francesas están dirigidas por coaliciones rojiverdes, con alcaldes socialistas o ecologistas. Y ahora actúan en el mismo sentido respecto a esta cuestión.

El Gobierno y la Federación, contrarios al boicot

En cambio, el Gobierno de Emmanuel Macron y la Federación Francesa de Fútbol (FFF) se muestran contrarios al boicot. “No creo que el hecho de boicotear la Copa del Mundo cambie gran cosa respecto a las emisiones de dióxido de carbono”, aseguró en septiembre la ministra de la Transición Energética, Agnès Pannier-Runacher, quien criticó con dureza al PSG por sus viajes en avión privado a localidades cercanas a París. “No somos hipócritas, sino que pensamos que este Mundial puede ser una buena opción para el progreso”, defendió este martes el vicepresidente de la FFF, Philippe Diallo.

Pese a su reivindicación de la competición, los responsables del fútbol galo apoyan la campaña de Amnistía Internacional que exige a la FIFA la creación de un fondo para indemnizar a los trabajadores migrantes, la mayoría de ellos oriundos del Sudeste Asiático, que construyeron los estadios e infraestructuras del Mundial. Lo hicieron con unas pésimas condiciones laborales, cercanas a la esclavitud. Según los opacos datos oficiales de Catar, solo tres obreros murieron durante la construcción. Pero otros órganos independientes apuntan a cifras bastante más elevada. Según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), 50 perdieron la vida y 500 resultaron heridos en 2020. El diario británico The Guardian denunció más de 6.500 trabajadores migrantes muertos desde que se concedió el Mundial al emirato a finales de 2010. 

Controversia social, ecológica y moral

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Con un modelo que mezcla el capitalismo salvaje con el tradicionalismo y el conservadurismo, los obreros que construyeron los estadios no solo sufrieron la explotación de los bajos salarios y jornadas interminables, sino también las habituales privaciones de libertad de los migrantes en Catar, donde solían quitarles el pasaporte cuando firmaban un contrato. A eso se le suma el impacto medioambiental de una competición con sus estadios con aire acondicionado o los 160 vuelos diarios que llevarán aficionados a Doha.

Esta controversia social, ecológica y moral —véase el reciente affaire sobre presuntas torturas que salpica a Nasser Al-Khelaïfi— ha favorecido que cada vez más voces pidan el boicot del Mundial o “devolver la Copa a la razón” con medidas de compensación. En Francia, un país especialmente vinculado al entramado de la geopolítica deportiva de Catar, el futbolista comprometido Eric Cantona dijo que verá la serie Columbo en lugar de futbolistas correr detrás de un balón encima de montañas de cadáveres. Lo mismo hará el famoso actor Vincent Lindon. El diario local Le Quotidien de la Réunion anunció que no informará sobre la competición. Una campaña a la que ahora se suman las principales ciudades.

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