31 oct 2020

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LA MUJER QUE GANÓ A LOS HOMBRES

Ana Carrasco: "Lo que no te mata, te hace más fuerte"

La campeona del mundo de Supersport 300 (2018) se recupera, con una amplia sonrisa, de una delicadísima operación en la columna vertebral

"Yo no pretendo ser un ejemplo, no soy una heroína, soy una chica que ha cumplido su sueño: ser piloto", señala la piloto murciana, de 23 años

Emilio Pérez de Rozas

Ana Carrasco, de 23 años, muestra la cicatriz en su columna vertebral.

Ana Carrasco, de 23 años, muestra la cicatriz en su columna vertebral.

Puede que no fueran tres días. “Sí, sí, fueron tres días con sus tres noches”. Serían menos de tres días y menos de tres noches. Uno no se imagina a una niña de cuatro años llorando, pataleando, suplicando, durante tres días y sus tres noches, una moto. Pero, sí, los papás dicen que sí, que sí, que fueron tres días insoportables pidiendo que le comprasen una moto y que hasta tenían la sensación de que estaban siendo muy crueles al soportar no solo una hora de llanto, ni dos, ni tres, sino tres días.

“Cuando todos los niños y niñas iban en bicicleta, ella iba correteando, a la máxima velocidad que podía, con una ‘motucho’ de broma, de risa, que ni era moto ni era bici”, explica mamá Mavi. “Y, la verdad, jamás en aquel momento podíamos pensar que nuestra hija había descubierto, tan temprano y, sobre todo, de forma tan apasionada y certera, su profesión: quería ser piloto y punto”, añade papá Alfonso, que ni quiere ni le apetece explicar todo el viacrucis que supusieron aquellos berrinches de tres días.

Campeona del mundo en el 2018

Llantos, insistencias, ‘motucho’ o no ‘motucho’, sacrificios económicos infinitos, pasión de madre, de padre, de hija, de lo que fuese, acabó convirtiendo, en el 2018, a Ana Carrasco, una chica murciana, de 23 años, en la primera mujer que conquistaba un título mundial (de hombres) como es el prestigioso campeonato del mundo de Supersport 300. No es que fuese su sueño. Ella no lo soñó. Ella lo hizo realidad, lo construyó montándose en todas las motos habidas y por haber. Los sueños se perpetran en la cama, durmiendo, a veces (muchas), ni te acuerdas de ellos. Por eso Ana lo fue construyendo en la realidad, en el día a día, aunque muchos no se lo creyesen o no pensasen que acabaría en lo más alto del podio.

La murciana Ana Carrasco, piloto de Kawasaki, en el Mundial Supersport 300. / GRAEME BROWY

“Los ingleses”, cuenta Jonathan Rea, compañero de Ana al compartir la misma marca, Kawasaki, y el más grande campeón de Superbikes, “solemos decir que cuando sonríes, el mundo sonríe contigo. Y eso es, precisamente, lo que tiene Ana, esa es la característica de esta chica campeona. Yo la veo sonreír y sé que lo logrará. Cierto, muchas, muchas veces, no sonríe, pero sé que lo está intentando y que, por dentro, sí sonríe, sí”.

Rea y todo el equipo Kawasaki está ahora pendiente de Ana. Bueno, el mundo de las carreras está pendiente de esta chica valiente, determinante, profesional, sacrificada, cumplidora, ambiciosa (en el mejor sentido de la palabra) y, sobre todo, viva, pícara, activa. Y ella, que es así de natural, que quiere que todos los que la siguen vivan su día a día “lo bueno y lo malo que me ocurre, como debe ser”, no se reprimió ni un pelo y publicó una impresionante foto de su espalda, perdón, de su columna vertebral, ¡llamativa cremallera de grapas!, que la doctora Teresa Ubierna, del Hospital Universitari Dexeus, de Barcelona, le reconstruyó (o casi), cuando se dañó (y mucho, demasiado) tres importantes vértebras.

"Los ingleses decimos que cuando sonries, el mundo sonríe contigo y yo veo que Ana siempre sonríe"

Jonathan Rea

Campeón del mundo de Suberbikes con Kawasaki

El accidente (“ya sabes, estas cosas siempre pasan cuando menos te las esperas, el día que menos te lo esperas, en la pista más sorprendente y de la manera más absurda”) se produjo, en Estoril, el pasado 11 de septiembre, cuando estaba entrenándose con su Supersport 300. “Fue una caída tonta, más que fea. Entré muy rápida en una curva y me quedé sin pista. Entré en la escapatoria, en la gravilla y, tal vez, porque el mantenimiento no estaba bien hecho, me dañé la espalda en el revolcón”, cuenta Ana, ya mucho más animada, más suelta, más libre de temores, más sana, tan viva como siempre.

Sin miedo al quirófano

Ana supo, enseguida (“esas sensaciones, los pilotos, las tenemos al instante, al segundo”), que se había hecho daño. No mucho. Bueno, ella creía que no se había hecho mucho daño, pues caminaba, se movía, pero en cuanto la pusieron en la camilla se dio cuenta de que, sí, de que algo no iba bien en la espalda. No era cosquilleo, era temor. “Pero me tranquilizó que tenía movilidad en pies, piernas, brazos y manos”. Allí mismo, en Portugal, le dijeron que tenía dos vértebras fracturadas. Y, tras el traslado en avión medicalizado a Barcelona, la doctora Ubierna le dijo que eran tres.

La cosa, como todos ustedes pueden suponer (y la fotografía confirma) no estaba fácil, ni era sencillo de solucionar. Ana, lo primero que le pidió a la doctora (lo primero que piden ellos y ella, todos los pilotos) es si podría volver a correr. La doctora no le contestó de sopetón, pero le prometió que harían todo lo posible. Eso sí, le preguntó si quería colocarse un corsé o ser operada. “¿Cómo quedaré mejor…para correr? ¿cuándo volveré antes a correr, con corsé o si me opero?” Y, sí, se operó, porque así, en enero o febrero, ya podrá volver a entrenarse en serio, con su moto de carreras, aquella ‘motucho’ (de verdad) por la que lloraba a los cuatro años.

Ana Carrasco, pilotando su Kawasaki en el Mundial Supersport 300. / JAMIE MORRIS

“Todos éramos conscientes de que se trataba de una intervención delicada, pero yo sabía que estaba en las mejores manos y, por tanto, entré en el quirófano serena y segura de que todo saldría bien”, cuenta Ana, que cada vez se encuentra mejor. “Lo importante era que pudiese empezar, cuanto antes, la rehabilitación y eso estaba más y mejor garantizado con la intervención que con el molesto y lento corsé”, añade quitando valor a lo que ha hecho. “Yo no quiero ser ejemplo de nada ni para nadie. Yo no soy ninguna heroína. Yo soy una chica que ha logrado ser piloto, que es lo que quería ser, de niña. Y punto. Yo antes era la chica, la única mujer de la parrilla, y, desde hace ya mucho tiempo, soy una rival más, un adversario para los demás”.

Como dice con enorme determinación y pasión (pasión porque a Ana le vaya todo bien, de maravilla) uno de sus jefes, Biel Roda, “cuando tú observas la parrilla, solo ves 35 motos, 35 pilotos, 35 monos, 35 cascos y, claro, pensando como pensamos todos, no solo los hombres, intuyes, te crees, estás convencido de que se trata de 35 intrépidos muchachos. Y, no, ahí está Ana, que quiere ganarles y que, a veces, les gana”.

"Ana no se conforma nunca. Sus rivales ya saben que es un hueso muy duro de roer, pero es que tiene aún mucho margen de mejora, mucho"

Ricky Cardús

Compañero de entrenamiento de Ana Carrasco en el 'Rocco's Ranch', de Montmeló

Ni que decir tiene, claro, que Ana (como ellos, como Marc Márquez, como Valentino Rossi, como Jonathan Rea) hubiese preferido sufrir menos lesiones de las que ha sufrido, “pero si te crees que vas a llegar aquí, vas a pelear por ganar a mas de 200 kms/h., por conquistar un título, sin asumir el riesgo de hacerte daño, es que no sabes dónde te has metido”. Esta chica valiente, que se merece todo lo que ha conquistado (y más, mucho más), asegura que “sobre el riesgo de tu deporte, te enteras muy pronto, enseguida, y, la verdad, yo creo que nos pasan muchas menos cosas de las que nos podrían pasar. Yo creo que siempre podía haber sido peor”.

Carrasco quiere mejorar

Ana, que está eternamente agradecida a los médicos que le atendieron en Estoril y al equipo de la Dexeus de la doctora Ubierna, ya está loca por volver a entrenarse, no tanto a subirse a la moto, que sabe que tardará dos o tres meses, pero si a empezar a meterse en el gimnasio, machacarse, correr con los amigos y volver a hacer vida de deportista camino de la próxima victoria (o intento).

“Yo solo puedo decir que me parece una mujer maravillosa, estupenda, trabajadora, constante, metódica, calculadora, que lo tiene todo, todo, muy claro y que sabe lo que quiere, ¡me encanta trabajar con ella!”, explica Ricky Cardús, desde su Rocco’s Ranch, en Montmeló, donde se entrenaba a diario con Ana. “Hace tiempo que lo rivales de Ana saben que es un hueso muy duro de roer y ¡aún lo será más, mucho más!, pues Ana tiene un potencial tremendo de mejora. Nunca se conforma con lo conseguido y sabe, perfectamente, en qué aspectos puede, debe y va a mejorar. Espero no equivocarme, pero Ana puede hacer grandes cosas con motos más potentes, no sé una 600 o, incluso, pelear por el podio en el Mundial de Moto3 con un buen equipo”.