Crisis climática

Alerta ante el posible colapso de la gran corriente oceánica del Atlántico: qué significa y qué implicaciones podría tener

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Nubes tropicales sobre el Océano Atlántico.

Nubes tropicales sobre el Océano Atlántico. / MARUM, Universität Bremen/L. Jonkers.

Valentina Raffio

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Imaginen durante un instante al planeta como un ser vivo. Más concretamente, un ser vivo acechado por una enfermedad que es el cambio climático. Hace años que la comunidad científica está estudiando cada uno de los síntomas causado por esta patología. En los últimos meses, varios estudios han apuntado a una afección poco visible pero extremadamente preocupante: el debilitamiento del sistema circulatorio del globo. Es decir, de las grandes corrientes oceánicas que regulan el clima terrestre. Cada vez son más los estudios que sugieren que la circulación del Océano Atlántico (AMOC) podría estar camino de colapsar. ¿Pero qué significa este fenómeno? Y sobre todo, ¿qué implicaciones tendría para el resto del planeta?

La hipótesis del "colapso" polariza a los expertos, algunos de los cuales apuntan que los modelos predictivos no son aún lo suficientemente sólidos

A continuación, las claves para entender el posible colapso de la gran corriente oceánica del Atlántico, cuándo podría ocurrir y, sobre todo, sus implicaciones para el resto del planeta.

¿Qué son las corrientes oceánicas?

Empecemos por el principio. Por entender qué es y cómo funciona el sistema circulatorio de los océanos del globo. Las corrientes marinas son, esencialmente, como arterias que conectan las aguas de todo el mundo y que, a su vez, juegan un papel clave en la regulación del clima global. Una de las más importantes es la corriente de la Circulación Meridional del Atlántico (AMOC por sus siglas en inglés), una de las arterias que transporta el agua caliente de los trópicos hacia el Atlántico Norte y que influye de forma directa en el clima de regiones como Europa Occidental.

¿Qué efectos tienen en el planeta?

Dado que las corrientes oceánicas transportan grandes flujos de agua caliente y fría de una punta a otra del mundo, estos sistemas se consideran como uno de los grandes 'reguladores' del clima terrestre. Sus vaivenes inciden, por ejemplo, en la formación del hielo marino en el Ártico, la cantidad de humedad en la atmósfera y la formación de sistemas atmosféricos en varias regiones del planeta. Todo esto, a su vez, también juega un papel clave en la frecuencia y la intensidad de las precipitaciones en zonas como España y los territorios del Mediterráneo. 

¿Qué está alterando estas corrientes?

El funcionamiento de estas arterias oceánicas está alterándose, cada vez más, a raíz de los diferentes impactos de la crisis climática. Por ejemplo, debido al calentamiento global, el deshielo de los polos está inyectando agua dulce en la corriente del Atlántico Norte y esto, a su vez, está diluyendo los niveles de salinidad normal de las aguas, altera la densidad del agua superficial y afecta al normal funcionamiento de esta corriente. También se han observado alteraciones derivadas, por ejemplo, de los cambios en los patrones de viento, el inusual calor de las aguas y el impacto de eventos climático como El Niño y La Niña. En el origen de todos estos fenómenos está la crisis climática, la emisión desbocada de gases de efecto invernadero y el calentamiento global. 

¿Qué dicen los estudios al respecto?

Hace años que la comunidad científica advierte del mal estado de salud de la gran corriente del Átlántico. Ya en 2018 se dijo que este sistema se estaba debilitando. En 2020, la revisión realizada por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) afirmó que este sistema se había ralentizado en las últimas décadas. A mediados de 2023, un estudio afirmó que, de seguir así, esta corriente podría colapsar en las próximas décadas. Y el pasado domingo, otra investigación apuntó, en esta misma línea, que podríamos estar ante un "inminente" colapso de esta arteria oceánica. Esta hipótesis, sin embargo, polariza a los expertos ya que, por un lado, algunos respaldan el mensaje de alerta y, por otro, hay quien considera que los modelos climáticos sobre este fenómeno todavía no son lo suficientemente sólidos como para lanzar una predicción tan contundente. 

¿Cuándo podría colapsar?

Un estudio de la Universidad de Dinamarca liderado por Susanne Ditlevsen afirma que, de seguir así, la corriente oceánica del Atlántico podría colapsar en 2057. Es decir, en poco más de treinta años. Un modelo climático elaborado por científicos de la Universidad de Utrecht y publicado hace unos días en 'Science Advances', por su parte, estima que el punto de colapso podría alcanzarse en los próximos cien años. La última gran revisión del panel de expertos de Naciones Unidas (IPCC), por su parte, afirma que, por el momento, tenemos señales claras que apuntan al debilitamiento de esta corriente. Pero, al menos por ahora, parece "muy improbable" que colapse a lo largo del siglo XXI. En esta misma línea también se han posicionado otros organismos como la Oficina Metereológica de Reino Unido.

¿Qué efectos tendría un colapso?

Volviendo a la metáfora del principio, el colapso de una arteria de un paciente provocaría graves consecuencias no solo en su sistema circulatorio sino, además, en todos los demás órganos. En el caso concreto de las corrientes oceánicas, según argumentan los expertos, un eventual colapso de la corriente del Atlánticopodría alterar aún más las temperaturas del planeta, así como el patrón de precipitaciones y la incidencia de fenómenos meteorológicos extremos en Europa. Este fenómeno también podría alterar los ecosistemas marinos y afectar a las especies que dependen de las corrientes marinas.